ANÁLISIS: CÓMO MEJORAR LA SEGURIDAD SOCIAL
Hacia un modelo de reparto más justo y solidario

La autora explica qué fallos tiene el sistema actual y cómo una privatización del mismo empeoraría las condiciones de vida de las personas trabajadoras.

, Profesora en la Universidad de Castilla-La Mancha
18/11/10 · 19:43
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Soy profesora de Derecho de
la Seguridad Social y, cada
año, explico a mis estudiantes
que el sistema de Seguridad
Social –a pesar de los mensajes
apocalípticos– tiene una salud
de hierro, que no tiene deudas pasadas
ni futuras y que se sostiene con
el esfuerzo constante de todos los
trabajadores y las trabajadoras y de
las empresas (en 2009 la Seguridad
Social tuvo un superávit de 8.000 millones
de euros). Aunque es mejorable
y mucho.

Los sistemas de seguridad social
tal y como los conocemos en gran
parte de los países de la UE, son la
ganancia –no buscada– de la clase
trabajadora después de las dos guerras
mundiales. Durante la Segunda,
el Gobierno inglés empezó a trazar
planes de reconstrucción y se
dio cuenta de que la única manera
de que el sistema capitalista saliera
adelante –y la clase obrera no abrazara
el comunismo– era diseñar un
sistema de protección social para
una población civil y militar que sólo
se recompondría y volvería a la
actividad productiva y económica si
había un Estado que le ofreciera sustento,
protección y seguridad en caso
de necesidad.

Así, nuestra Seguridad Social
–que nació en una suerte de postguerra
mundial aplazada– no es otra
cosa que un sistema de previsión
que nos cubre económica y sanitariamente
y nos da prestaciones de
distinto tipo (en especie o económicas)
para protegernos en los momentos
de necesidad.

Las prestaciones económicas actúan
cuando el modo ordinario de
obtener rentas (para la inmensa mayoría,
el trabajo) falla. Como no puede
ser de otra manera, el principio
esencial que lo inspira es el de solidaridad,
y esto se expresa a través
de la técnica de reparto, es decir, pagamos
todos y todas y lo disfruta
quien lo necesita. Los actuales activos
sufragan las prestaciones de los
actuales pasivos y, de ese modo, se
pone en práctica una solidaridad intergeneracional.

Hay prestaciones
que no disfrutaremos nunca; o quizá
sí, durante algún período de la vida.
La de jubilación es una prestación
económica vitalicia (una pensión,
por tanto) que se alcanza tras
una larga vida de trabajo. Hay muchas
pensiones que son de miseria y
que sólo permiten sobrevivir a una
generación de trabajadores criados
en la austeridad. Son muchas las
mujeres que viven sin pensión de jubilación
por no haber cotizado, o no
haberlo hecho lo suficiente; y otras
muchas cobran una pensión de viudedad
mísera.

Ahí estaría el debate: en tener mejores
pensiones que cubrieran realmente
a todo el mundo, en saber cómo
superar la caduca distinción que
separa el trabajo productivo del reproductivo, que no es reconocido
como trabajo efectivo por el sistema
de Seguridad Social.

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Eneko

Trabajos que no cuentan

En la actualidad, trabajar y tener
protección social no van siempre de
la mano, ya que hay mucha gente
que trabaja (trabajo reproductivo,
informal, en negro…) y que, sin embargo,
no puede beneficiarse del sistema
de Seguridad Social. Muchos
dirán que si no han contribuido a
sostener el sistema, no tienen derecho
a disfrutar de él. En mi opinión,
el razonamiento es otro: el trabajo
de cuidado o el de un sin papeles
también genera riqueza, aunque no
quede contabilizado en el PIB. Es
una riqueza real, tangible, imprescindible
para la subsistencia del sistema
y se puede localizar en el mismo
–no como los castillos en el aire
financieros–, por lo que hay que arbitrar
cauces políticos para reconocerlos
social e institucionalmente y,
en conclusión, para que esas personas
obtengan la protección social
que también merecen.

Sin embargo, en vez de enfrentar
la contradicción entre trabajo
productivo y reproductivo, o entre
trabajo formal o informal, nuestros
gobernantes se entretienen en
empeorar lo que hay. ¿Habría progreso
en un Estado donde las personas
mayores no pudieran retirarse
dejando sus puestos a quienes
vengan detrás? Es impensable
en términos de civilización, pero
eso es lo que está sobre la mesa en
las socialdemocracias neoliberales
cuando sus gobernantes planean
reformar las pensiones bajo argumentos
tramposos, y pretenden retrasar
la edad de jubilación y/o aumentar
el periodo efectivo de cotización
de toda una vida laboral para
tener derecho a la totalidad de
una modesta pensión. Llegado este
punto hay que recordar que en
España hay un desempleo juvenil
del 40%, un desempleo general del
20% y un índice de temporalidad
contractual de un tercio de la población
activa. ¿Hasta qué edad
tendría que trabajar, por ejemplo,
una joven de hoy para poder cotizar
el mínimo que anuncian?

Finalmente, si nuestro sistema
se financia a través de las cotizaciones
sociales de la clase trabajadora
y de la empresarial (casi en
un 90% en 2010), ¿por qué no va a
haber recursos para mantener las
pensiones dentro de 40 años? Si se
augura un Estado con cuya riqueza
no se puedan pagar las pensiones
(aunque está demostrado que
la productividad –depredadora de
gentes y recursos– crece incluso en
tiempos de crisis), entonces, ¿de
qué están hablando? Presentan
desde hace demasiado tiempo un
destino irremediable, sin embargo
lo que realmente nos están anunciando
los usureros derrochadores
de hoy es su voluntad política de
emplear la riqueza que creamos los
trabajadores y las trabajadoras en
otras cosas, en no redistribuirla, en
caminar hacia la privatización de
la Seguridad Social, hacia “el sálvese
quien pueda”, hacia el “hágase
un fondo privado de pensiones
porque nunca se sabe”. ¿Por qué
tengo que tener más confianza en
un banco que en la capacidad del
Estado de redistribuir la riqueza?
¿No ha sido el Estado el que ha tenido
que inyectar nuestros dineros
a los bancos en esta crisis? ¿Se
imaginan la situación de los bancos
dentro de unos años si la población
activa no creara la suficiente
riqueza ni para poder mantener
a sus mayores? Reforcemos y mejoremos
el Estado social y luchemos
para que cada vez reparta más
y sea más justo y solidario. Seamos
nosotros y nosotras, la clase trabajadora,
quien de una vuelta de tuerca
al Estado social.

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