Xavier Domènech | Diputado de En Comú Podem
"Ahora mismo, el debate de la hoja de ruta que se da en Catalunya tiene un punto despolitizador"

El encuentro del 11 de septiembre entre las izquierdas catalanas sirvió para desatascar las relaciones entre tres partidos que se encuentran en distintos momentos respecto al Proceso catalán. Hablamos con el representante en Madrid de uno de ellos, En Comú Podem, sobre el estado de ese proceso y las fases de la transformación que se está dando en la sociedad catalana y del Estado.

25/10/16 · 20:25
Xavier Domènech fue número uno por Barcelona de En Comú Podem en las elecciones del 26 de junio. / David Fernández

Xavier Domènech (Sabadell, 1974) es historiador y, desde diciembre, diputado en el Congreso por el grupo de En Comú Podem. En los primeros meses de 2017 está previsto que nazca, definitivamente, el proyecto político de los Comunes para Catalunya, toda vez que en el Parlament actual "faltan" parte de los espacios del cambio que dieron lugar a Barcelona en Comú y a la propia En Comú Podem. Hasta entonces, en el Parlament se discute una "hoja de ruta" que no convence a Domènech, que avanza hacia una nueva cita en forma de consulta en septiembre del año próximo. Para Domènech, la discusión sobre la hoja de ruta es presa del bloqueo. Terminada, aunque sea temporalmente, la larga fase de bloqueo en el Parlamento español, comenzamos la entrevista preguntándole sobre los acuerdos y desacuerdos con las izquierdas catalanas en la construcción de un proceso de país.

A pesar de las distancias entre unas y otras propuestas, en septiembre han tenido lugar algunos actos conjuntos entre las fuerzas de 'esquerres', En Comú Podem, Esquerra Republicana de Catalunya y las Candidaturas d'Unitat Popular. ¿Qué significado tiene ese encuentro?

El acto conjunto de los comunes fue el de Sant Boi del 11 de septiembre, donde reivindicamos la construcción nacional a partir del eje social y el eje democrático y reivindicamos la necesidad de recuperar de alguna manera esa voluntad de catalanismo popular, del catalanismo de mayorías, de construirnos como un solo pueblo a partir de amplias mayorías, que es la experiencia de Sant Boi del 76.

En Sant Boi en 1976 es la primera diada masiva que se celebra, aún vigente el franquismo, y es una diada que lleva, después de septiembre del 77 [cuya fecha clave es la masiva manifestación por el Estatut, n. del Ed], con todo lo que pasa en Catalunya, a la restauración de la Generalitat republicana, previamente a la aprobación de la constitución española.

Con lo cual, lo que estamos reivindicando es, por un lado, la construcción de la capacidad de soberanía de Catalunya, que se dio en ese momento, como un debate democrático previo a cualquier debate cerrado sólo en términos jurídicos, y también la necesidad de recuperar esa vocación de un catalanismo popular que fue fuerte y fue de mayorías en la medida en que puso las libertades políticas y sociales al lado de las nacionales. Ahora mismo, el debate de la hoja de ruta que se da en Catalunya es un debate, que a pesar de ser un debate de alta sofisticación política, tiene un punto muy despolitizador, porque lo circunscribe todo –el debate sobre el modelo social, el modelo económico, etc– a una fase posterior una vez que se produzca la independencia de Catalunya y eso acaba solapando todos los debates.

El hecho es que a partir de este encuentro se habla de un tripartito catalán. ¿Cuáles serían las líneas rojas para el entendimiento con ERC?

No es un problema de líneas rojas, es un problema de opciones estratégicas. ERC tiene una noción estratégica de hace años, no de ahora, de pacto con Convèrgencia. De hecho, ERC ha firmado dos pactos de Gobierno con CDC. Ha sido el sostén parlamentario de los gobiernos de CDC desde 2012 si no recuerdo mal. Ha ido aprobando todos los presupuestos de recortes y, finalmente, esto ha desembocado en esta apuesta estratégica en una coalición electoral que es Junts Pel Si, Que va más allá incluso de una alianza parlamentaria. Ahora mismo, incluso, ERC, comparte Gobierno con CDC con apoyo de la CUP, un apoyo complejo como hemos visto. 

Es un gobierno que sigue subvencionando, a pesar de las peticiones parlamentarias, a las escuelas que separan por sexo. Es un gobierno que no permite con la ILP de educación [Iniciativa Legislativa Popular] de los movimientos sociales, no solo que sea aprobada sino ni siquiera sea discutida en el parlamento de Catalunya. Es un gobierno que no permite, por ejemplo, un debate sobre los impuestos de sucesiones o sobre una fiscalidad progresiva. Es un gobierno que cuando se tocan todas aquellas cosas que tienen que ver con la agenda social o fiscal más concretas se evade o se aparta.

Entonces, hay una cuestión estratégica de ERC de compartir un gobierno con la derecha catalana porque ellos consideran que hay un bien mayor, que es la consecución de la independencia de Catalunya. Y hay otra apuesta estratégica que es que vimos a partir de las segundas elecciones [generales] que el principal adversario para ellos no son las derechas catalanas, sino que somos nosotros.

Por tanto, creo que, en la medida en que esta apuesta estratégicas está vigente, por mucho que se haga un acto, nuestra construcción como espacio político nuevo en Catalunya pasa –más allá de lo electoral– por la construcción de alternativas. Y alternativas significa, alternativas sectoriales (ecología, economía, derechos) y alternativas territoriales.

¿No hay una posibilidad de sustitución de Convèrgencia por una alternativa de izquierda?

En el territorio estamos viviendo una sustitución en muchos sitios de ayuntamientos de Convergència por ayuntamientos de ERC, pero eso no está conllevando que se note en una construcción de acción política o políticas públicas radicalmente diferente ni mucho menos. Eso no quiere decir que Esquerra no sea de izquierdas, no digo esto, quiere decir que probablemente hay un debate que no se ha hecho en Catalunya que es qué tipo de alternativas tenemos que construir en concreto y en global, tanto en el tema nacional como en lo social, económico, ecológico, de género. y que lo que necesitamos en Catalunya es eso, que iniciemos ese debate. Eso es lo importante, después eso puede tener unos u otros resultados electorales, ya lo veremos.

¿En Catalunya hay una mayoría para construir una mayoría de izquierdas, un gobierno de izquierdas a nivel electoral? probablemente sí, porque se expresa, ahora bien, esa mayoría electoral está atravesada porque hay una apuesta estratégica en estos momentos. Otra cosa es que ERC juegue a la centralidad. Que piense que puede hablar de un tripartito porque eso le da centralidad hacia la izquierda. Es un juego. Gobiernan con quien gobiernan, con el partido que llegó a finales de 2010 con un discurso clarísimo, el de los recortes, el discurso neoliberal neto. Creo que nosotros tenemos la responsabilidad y tenemos que trabajar y de ese trabajo se verán los resultados electorales. Pero hablar de tripartitos en un momento en el que hay un gobierno de Convèrgencia con Esquerra me parece que tiene que ver con buscar centralidades que no existen.

¿La unilateralidad en el Procés es lo que separa al espacio político de los comunes de las CUP?

La CUP tiene un acuerdo parlamentario con los dos. Que se explica por la lógica de la construcción de la independencia de Catalunya, pero ahora mismo la CUP tiene ese acuerdo. Nosotros tenemos con la CUP buenas relaciones, se comparten muchas cosas pero nuestra estrategia de país ahora mismo no pasa por esa construcción de ese gran coalición, de ese gran espacio de unidad patriótico.

¿No estáis de acuerdo en la propuesta del referéndum unilateral de independencia (RUI) apuntado para septiembre de 2017?

El problema del RUI es que a nosotros aún no nos han contado por qué eso no sería un 9N. Es decir, si el RUI es el ejercicio efectivo del derecho de autodeterminación ahí nosotros no tendríamos objeción, porque creemos en el derecho efectivo de autodeterminación. Si el RUI es una escapada ante el hecho de que hay una hoja de ruta que dice que en 18 meses se conseguirá la independencia, en esa hoja de ruta no está el RUI. Por tanto, si ahora apostamos por ese referéndum, significa que esa hoja de ruta no nos vale. Si esa hoja de ruta no es válida, es difícil entender por qué hay un gobierno de gran coalición.

El problema del RUI en concreto es que el 9N se explicó como un RUI y acabó siendo un proceso participativo. Y estuvo bien, como expresión de participación, pero no fue un momento determinante de un antes y un después sobre el futuro político de Catalunya. Con la gente de la CUP nosotros tenemos la mano tendida en todo, pero ahora mismo no es un problema tanto de alianzas. Es un problema, desde nuestra percepción, de qué necesita Catalunya y yo creo que Catalunya necesita la construcción de alternativas que sean a la vez territoriales, que sean globales, alternativas constituyentes. Ese es nuestro espacio de trabajo.

Hasta entrar en política has desarrollado tu carrera de historiador. En un escenario tan complicado, en el que la Unión Europea influye decisivamente, en una crisis enérgetica importante, una crisis económica fuerte y con problemas de índole territorial como los que son evidentes. ¿hacia dónde crees que nos dirigimos?

Estamos viviendo una gran mutación en todos los terrenos. Esa mutación –que probablemente ya venía de antes– se ha hecho muy evidente con el colapso financiero, pero tiene unos problemas de base que van más allá del colapso financiero, desde el modelo de desarrollo económico al modelo de base energética civilizatoria, al mismo concepto de Estado-nación, la propia construcción de la globalización, etc.

Hay grandes retos y sobre todo en aquello que afecta a la construcción de estrategias plausibles para que las clases populares consigan poder incidir en esta transformación a favor de las clases populares, de las clases medias precarizadas. Creo que estamos viviendo el principio de una fase que tiene muchos subciclos, Hay un subciclo muy potente que es el político-social, que es el que vivimos en torno al 15M, pero no solo el 15M, y después pasamos a un ciclo político-institucional que es lo que hemos vivido de forma muy intensa en estos últimos dos o tres años.

En cada ciclo hemos tendido a pensar que la solución provendría de las mismas lógicas del ciclo. En el ciclo político-social parecía que el 15M ya era la revolución y lo iba a transformar todo. Y el 15M fue absolutamente central, pero tuvo también sus limitaciones. Ahora estamos viviendo un ciclo político que creo que ya ha producido cambios, que las propias experiencias de los Ayuntamientos del cambio son potentes, que el mismo fin del bipartidismo es potente, pero que probablemente todo aquello que soñábamos no se ha podido producir de momento. Creo que vamos a vivir nuevos ciclos, pero como soy historiador y no futurólogo no sé muy bien qué forma van a tomar. 

Me recuerda mucho al gran momento de la crisis de 1873 a 1894, fueron 21 años de crisis, que produjeron una gran mutación también. Ahí se encuentran los grandes debates. Están los debates entre quienes apostaban por las vías cooperativistas, construir un nuevo mundo dentro de un mundo nuevo que vaya sustituyendo progresivamente al anterior, lo que era una forma de desconexión progresiva; estaban aquellos que apostaban más por el asalto a los cielos. [Louise Auguste] Blanqui, etc. O aquellos que apostaban por organizar grandes sindicatos de masas o grandes partidos. En ese momento, en que las polémicas eran muy fuertes entre los diferentes sectores, en realidad se estaba produciendo una gran fase de experimentación que dio unas combinaciones específicas en unos países y que fueron exitosas, no en términos absolutos pero sí en términos relativos. A principios de siglo XX, digamos que la gente común estaba mejor preparada para defenderse y para transformar la realidad que al inicio de este ciclo. Lo que veo es que hemos conseguido grandes cosas, que no hemos conseguido todo lo que nos proponíamos y probablemente el campo de acción se va a ampliar de nuevo.

¿Corremos el riesgo de que determinados conceptos e ideas como el de nacionalismo, en la misma concepción que se tuvo en los siglos XIX  y XX, se apoderen del debate público? ¿Cómo devolver el debate a los problemas que estallaron a raíz de la crisis de 2008?

Distinguiría, una cosa es el nacionalismo centralista, el nacionalismo de Estado, y es un nacionalismo que tiene una historia detrás no muy gloriosa en el caso español, de lo que son ciertamente expresiones de nacionalismo en el caso de Catalunya pero también de una gran reivindicación de soberanía que, en el fondo, es una reivindicación de democracia, de poder decidir sobre todos los aspectos.

La sensación que tengo es que por un lado tenemos que ver cómo se ha acabado un ciclo en el caso del Estado español, un ciclo que terminó el 26J, un ciclo en el que se ha llegado muy lejos. Es verdad que en la medida que hemos frustrado todas nuestras expectativas parece que la hostia ha sido grande, pero si lo miras hace dos tres años atrás, lo que se ha hecho es impensable.

Una vez acabado el ciclo, probablemente tiene que haber un gran debate que no es sobre los tonos, si son más amables o más duros, creo que ese debate no corresponde al que tiene que haber que es cuáles son las nuevas líneas estratégicas que tienen que darse en este nuevo periodo. Tendrá que verse en el caso del Estado.

En el caso de Catalunya es cierto que ahora mismo la hoja de ruta está en crisis, parece bastante evidente. También es cierto que el liderazgo de toda la reclamación soberanista ha pasado de la sociedad civil muy claramente al estado político-institucional, a diferencia de otros momentos, y que hay un doble peligro, que es que se pueda generar, por ese bloqueo político o por esa rediscusión constante de la hoja de ruta, una frustración en el marco del soberanismo y del catalanismo. Precisamente por eso debemos construir nosotros nuestra alternativa, una alternativa para las clases populares y las clases medias y una alternativa de construcción de país. En estas situaciones de crisis hay posibilidades pero también hay peligros claros de involución, en muchos sentidos y eso puede pasar. Los debates tienen que ser de calado.

¿Dónde te sitúas en la tradición del catalanismo? ¿Haces tuya la experiencia del PSUC?

Ha habido un cambio del catalanismo globalmente, en sus varias expresiones de izquierdas y de derechas. Era una pretensión de construcción de Catalunya, pero para que esa construcción ayudara o fuera acompañada de una construcción diferente de los pueblos del Estado. Eso pasa en diferentes campos. Los grandes liderazgos y las estrategias de la CNT se construyen en Catalunya pero se proyectan después hacia España. El republicanismo catalán, la ERC de los 30, es un republicanismo con clara vocación de transformación del Estado, y por la derecha pasaba lo mismo en otras formas totalmente distintas.

Hay un cambio en el sentido de que una parte muy importante de ese catalanismo ha pasado a ser un catalanismo independentista y eso es un cambio central en una tradición que tiene más de cien años de historia. Mi tradición sigue siendo el catalanismo popular de siempre, y lo he dicho varias veces. Entiendo la ruptura del catalanismo y creo que es buena en el sentido en que se concentra en la construcción de la soberanía de Catalunya, pero pertenezco a una tradición que es la de Pi i Maragall, de Salvador Seguí, también de Companys o de tantos otros y otras.

Es la del PSUC, pero esta tradición es la de un catalanismo popular que se gesta en el primer tercio del siglo XX, que en realidad se gesta en algo que en Catalunya era muy fuerte que tiene lugar en el siglo XIX que es esa primera construcción del estado liberal español de los 30 del siglo XIX, cuando ya surge la primera alternativa que son los primeros demócratas, que a la vez son los primeros republicanos, que a la vez son los primeros comunistas, que ya conceptúan la construcción de soberanías desde abajo, de un Estado diferente, que a la vez de una alternativa institucional sea una alternativa al sistema económico. Esa es mi tradición y es la tradición que ha sido mayoritaria en las clases populares catalanas... ahora no sabemos si lo es. Es una tradición que puede establecer muchos diálogos, evidentemente con la CUP, porque parte también del municipalismo y de las soberanías construidas desde abajo, también muchos diálogos con la base social del catalanismo republicano que existe en Catalunya.

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