Opinión
‘El Mudu’ cruza Pajares

El PSOE asturiano exporta a Madrid a un socialista conservador, partidario del pacto con el PP y obsesionado con Podemos y el nacionalismo catalán

04/10/16 · 21:28
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El ingenio popular bautizó a Javier Fernández al poco de su llegada al gobierno autonómico como el ‘mudu’ (el mudo), sobrenombre que hace referencia a su carácter un tanto huidizo de los medios de comunicación y, en general, a cierta ‘sosez’ que destila el hombre elegido para presidir la gestora socialista. Los hagiógrafos del presidente tratan de hacer de la necesidad virtud y tienden a presentarlo como un político serio y sosegado, alejado de la política espectáculo y del titular fácil. Sus críticos, en cambio, lo vemos como la perfecta encarnación de la variante asturiana del Régimen del 78.

Nacido en Mieres. en 1948, en el seno de una familia minera y roja, Fernández no tuvo, sin embargo, ningún tipo de compromiso militante hasta 1987, con un PSOE ya totalmente todopoderoso, controlado en Asturies con mano de hierro por el capo sindical José Ángel Fernández Villa, su padrino político, Javier Fernández, JF a partir de ahora, representa bien a los dirigentes de esa izquierda asturiana apoltronada en el poder sin apenas interrupción desde el inicio de la autonomía, pero que no duda en tirar de memoria histórica y del “¡No pasarán!” cuando la cosa se pone fea y hay que recurrir a los efectos especiales para movilizar al socialismo sentimental.

Una izquierda conservadora bien instalada a golpe de dieta en consejos de administración, prebendas a familiares colocados ‘digitalmente’ en organismos, empresas y chiringuitos dependientes del dinero público, y salpicada por abundantes escándalos de corrupción: el millón de euros ‘caído del cielo’ del sindicalista Villa, los astronómicos sobrecostes en la ampliación del puerto de Gijón, o el Caso Marea, en el que el gobierno de JF fue ‘modélico’ en su obstrucción a la investigación de esta trama corrupta liderada por un exconsejero socialista.

En julio de 2013, los autores de este artículo abríamos la portada del ya desaparecido Diagonal Asturies con un primer plano de JF y el título “Ola k ase?”, broma de mejor o peor gusto, que hacía referencia tanto a la parálisis económica como política de nuestra comunidad, sumida en eso que Gregorio Morán denominó la “gozosa decadencia asturiana”.

Resulta llamativo que, en una Asturies que sufre desde los años 80 una crisis económica estructural y en la que el envejecimiento de la población es ya un fenómeno visible, Fernández haya dedicado alguno de sus discursos a hablar de temas tan lejanos como el soberanismo catalán, una de sus obsesiones, junto con Podemos.

Ferraz ha escogido por lo tanto para culminar la larga marcha del PSOE a la gran coalición a un político acostumbrado a entenderse con el PP. Fernández pactó ya en 2014 los presupuestos con la derecha y se opuso a que el PSOE ovetense diese sus votos a Ana Taboada para desalojar al PP de la capital asturiana. La decisión de los ediles de Somos Oviedo/Uviéu de dar la alcaldía al socialista Wenceslao López, a pesar de tener un edil más que el PSOE, frustró el tradicional reparto de poder asturiano: el PP se queda la capital y a cambio hace una oposición de baja intensidad en el parlamento autonómico. Desde entonces, los desplantes de JF al gobierno ovetense (Somos, PSOE, IU) han sido la norma.

Aún desconocemos cómo recompensará Susana Díaz las labores de fontanería de JF en Madrid. En Asturies tenemos claro que el PP corresponderá con un pacto en las cuentas autonómicas que selle la sagrada alianza que se está fraguando estos días en la sala de máquinas del erosionado Régimen del 78.

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