Opinión | Elecciones 26J
'Cataluña is different': las tareas pendientes de En Comú Podem tras el 26J

El mapa ha quedado repartido por provincias: ERC, primera fuerza en Lleida y Girona y ECP, en Barcelona y Tarragona

, Fundación de los Comunes, Barcelona. @nu_alabao
27/06/16 · 17:32
Acto final de campaña de En Comú Podem, en Barcelona. / Marc Lozano

En Comú Podem (ECP) repite victoria en Cataluña con el mismo número de escaños, aunque pierde 81.000 votos. La confluencia integrada por Barcelona En Comú/Podemos/ICV/EuiA es una particularidad del escenario político catalán que probablemente sólo se parezca vagamente a la propuesta de las Mareas gallegas, aunque éstas no hayan conseguido ni de lejos un peso político equivalente. El “En Comú”, más allá de Barcelona, no sería sino la constatación de un espacio político que existe simbólicamente pero que todavía está por construir.

Cuando la gente dice que Cataluña es otro país se refieren a cosas como éstas: unas consecuencias de la crisis y un mapa de partidos resultante totalmente diferente al del resto del Estado. Claro que está la cuestión nacional. A diferencia de la mayor parte del Estado, los partidos tradicionales del régimen catalán, Convergència y PSC, están de capa arrastrada. Aunque en el caso de CDC, consigue sostenerse en el Gobierno gracias a esa extraña gran coalición nacionalista de JxS que con toda probabilidad tenga los días contados después de los buenos resultados de ERC. Veremos. No es fácil matar al padre.

El “En Comú” más allá de Barcelona no sería sino la constatación de un espacio político que existe simbólicamente pero que todavía está por construir

Dos formaciones: una novísima y otra vieja pero con un nuevo papel clave, emergen en este escenario. Cataluña ha quedado repartida por provincias: ERC, primera fuerza en Lleida y Girona, y ECP, en Barcelona y Tarragona. Podría ser una buena metáfora del mapa político que nos queda después de este extenuante ciclo de elecciones. Dos bloques peleándose por los significantes del “cambio” y la radicalidad democrática en este paisaje milenarista tan fin de régimen.

Por un lado, el de la confluencia de ECP que se apoya en una base electoral fundamentalmente antiausteridad, crecida en el quiebre que ha producido el 15M y la doctrina del shock de los recortes, que exige más democracia y menos corrupción. Y por el otro, el bloque nacionalista –ahora parece que debería estar liderado por ERC–, que dice que sí a todo lo anterior, pero también que la única vía para conseguirlo es la independencia y que cuando gobierna en Cataluña –ahora– impide discutir ILP de educación, diseña presupuestos antisociales mientras renueva subvenciones millonarias a escuelas del Opus y le sirve de muleta a un partido que podría llamarse Corrupció Democràtica de Cataluña.

Primer reto, sortear el processisme, ¿resignificar el catalanismo?

ECP, no obstante, no lo tiene fácil para sortear la mejor “utopía de recambio” de la independencia. Existe toda una maquinaria mediática/estatal –sí, la Generalitat también es Estado– trabajando constantemente para modelar la opinión pública, al menos entre los que se identifican como clase media y consumen determinados medios. La cuestión está totalmente atravesada por la cuestión de clase: a menor renta disponible, menor apoyo al independentismo, cosa que se entremezcla con la espinosa cuestión de la lengua y el origen migratorio, lo que genera una especie de “efecto periferia”. Todos niegan la fractura social –“un sol poble”–, pero luego buscan esos votos como sea, por algo ERC ha puesto a Gabriel Rufián, castellanohablante e hijo de inmigrantes andaluces, de cabeza de lista.

Por su parte, la apuesta de ECP en la campaña ha sido por un discurso social que se proyecta sobre las cuestiones que pueden movilizar mejor a los más castigados por la crisis, al tiempo que recoge en la bandera del referéndum las aspiraciones de autogobierno de la clase media radicalizada que ve en la independencia una oportunidad constituyente.

Parece una buena apuesta a tenor de los resultados, y pese a que esté siendo difícil defenderse ante toda la metralla mediática que acusa a ECP de depender de un acuerdo con el Estado mientras el campo independentista defiende una “unilateralidad” que enuncia pero no practica. Pero más allá del referéndum como bandera, si ECP se consolida como partido o confluencia que participe en las catalanas va a tener que lidiar con la complejidad de ser el único partido del arco catalán que tiene votantes a favor y en contra de la independencia. Una buena parte de las bases de Podemos no quieren separarse de España –sobre todo sin un relato claro de lo que esto supondría– aunque muy pocos se muestren contrarios a la posibilidad de votar.

Si ECP se queda en lo que es ahora, una coalición de partidos tremendamente exitosa pero sostenida en lo electoral, no podrá cambiar Cataluña

Así, todos los partidos posicionados en uno y otro campo respecto a esta cuestión intentarán explotar con toda probabilidad las posibles contradicciones de ECP, que se verá haciendo equilibrios para seguir representando la pluralidad. Y se puede hacer. Se puede hacer si siguen aferrados al significante “democracia” y al proyecto social que le acompaña y consiguen defenderlo siempre por encima de cualquier otra consideración, enunciando que sin detener la pauperización generalizada, sin cuestionar las imposiciones de la Troika y sin reparto del poder por abajo no hay una Cataluña posible.

El líder de ECP, Xavier Domènech ha empezado ha hablar de recuperar un “catalanismo popular”. Un nuevo catalanismo al servicio de los intereses de los excluidos de la sociedad civil catalana que tendrá que ser uno que no sirva para suturar artificialmente lo que está separado por cuestiones de clase, uno que no sirva para acallar el conflicto social sino para impulsarlo desde una perspectiva emancipadora y democrática. Uno, en fin, cuyo proyecto no sea “catalanizar” a las clases populares en el sentido de usar la cultura y la idea de nación como pegamento de una sociedad que está quebrada por profundas desigualdades que deberían ser el motor del cambio. Algo quizás a la manera de lo nacional-popular latinoamericano, donde las élites –con intereses ajenos a la mayoría– quedan fuera de la construcción del pueblo.

Segundo reto: generar un espacio político más allá de lo electoral

Este posible nuevo relato de ECP amenazaría a los partidos del arco parlamentario catalán porque dinamita los famosos ejes –social, nacional– sobre los que pivota toda la atascada política catalana. Para poder hacer frente a la guerra que esto abrirá con el es-tablishment, ECP tendrá que situar el poder de la élite político/mediática en su verdadera dimensión –no todos desayunamos con La Vanguardia o vemos TV3 cada noche–. Ésa es una esfera pública muy concreta, pero hay otras. Para activarlas más allá de los medios, habrá que empezar a enunciar discurso sin intermediarios, producido o coproducido también desde abajo.

La hegemonía no se construye únicamente en los medios, esa es volátil. Se construye penetrando todas las esferas sociales y para ello se tiene que generar organización –por muy manido que suene– y que ésta sea porosa, expansiva, con capacidad de agregación y penetración. El poder político tiene que servir para construir eso, los recursos institucionales, para crear fundaciones, centro de estudios, medios, para formar, para dar espacio a los de abajo en esa construcción. Es un trabajo de años. Pero si ECP se queda en lo que es ahora: una coalición de partidos tremendamente exitosa pero sostenida en lo electoral, no podrá cambiar Cataluña ni empujar –como debería por peso simbólico– a que el espacio de Podemos en España sea como dice Monedero, esa nave nodriza del Frente Amplio y no un partido más incapaz de representar la pluralidad del Estado.

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comentarios

2

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    Eduard
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    29/06/2016 - 5:05pm
    "El poder político tiene que servir para construir eso, los recursos institucionales, para crear fundaciones, centro de estudios, medios, para formar, para dar espacio a los de abajo en esa construcción." Osea quereis converitr Catalunya en Andalucia generando una red clientelar cautiva, Bravo a la nueva y muy vieja izquierda.
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    Morientes
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    27/06/2016 - 10:25pm
    No todos desayunamos con El Periódico o vemos la Sexta. Y poner a la Vanguardia como diario de la esfera indepe es la risa. Desde el cambio de director se aleja mucho de esos postulados y vuelve al rancio autonomismo pujoliano de el peix al cobe. Solo hace falta ver como desde los comuns tenéis como referente intelectual a un reaccionario como Enric Juliana. Es cómico ver la comunión de intereses entre burguesía unionista (Godo, Faine, Oliu, Lara) y ese supuesto proyecto transformador de los comunes que pacta con un partido en Barcelona que bien podría llamarse Partido de los Saqueadores de Catalunya. Triste alianza interclasista basada en el eje nacional y en la voluntad de regenerar el reino de España contra el único proyecto que inquieta de verdad a las élites de este país como bien muestran las escuchas de Fernandez Diaz.