Fin de la XI Legislatura
Así gana Rajoy

El arco de la fase electoral se tensa hasta el límite, acumulando una energía potencial devastadora.

, es miembro de la Fundación de los Comunes
27/04/16 · 7:28
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Mariano Rajoy en la convención nacional de Nuevas Generaciones. / Partido Popular

El más optimista de los pronósticos dice que para el próximo agosto podríamos tener un Gobierno salido de los resultados del próximo 26J. Un Gobierno, se entiende, sin Rajoy en la presidencia, fruto de la necesaria catarsis que, de una manera y otra, rompería el bloqueo de la formación de mayorías de gobierno que tanto Rajoy como Podemos, dicen, habrían impedido contra el interés general.

Se dice también que el asunto fundamental de la campaña electoral oficial será el del reparto de las culpas por la incapacidad de renunciar a los egoísmos de partido, olvidando el espíritu de la Transición postfranquista y, en definitiva, la esencia misma del método constitucional de nuestra monarquía parlamentaria. Cuando escribimos estas líneas, las cofradías más milagreras aún esperan la intervención providencial del jefe del Estado, que además vendría que ni pintada para adjudicar al nuevo monarca el rol de guardián de facto de la Constitución del 78.

Pero, como replicaba el molt honorable: diuen, diuen, diuen... Una de las plagas de esta campaña electoral permanente es que el análisis de la coyuntura agoniza, entre la anemia y el síndrome metabólico, entre los tertulianos de régimen en pugna con el síndrome de Tourette y los batidos hiperazucarados de las vulgatas errejonistas y/o ivanredondistas sobre la transversalidad, las jugadas maestras y los efectos mariposa. Pero esta especie de arreglos a lo Luis Cobos de las viejas zarzuelas parlamentarias tan sólo apunta, en vano, a silenciar el pedal continuo, el drone de la situación europea y sus armónicos hispanos.

Rajoy está demostrando ser a día de hoy la solución más estable para el bloque austeritario europeo. Es la solución de un Monti vencido por la pereza. Asegura el suelo fundamental de votos de la derecha y el fin lento y doloroso de Ciudadanos, que sin el españolismo a ultranza y con la corrupción progresiva de sus cargos no tardará en ser otro juguete roto. El grupo de apoyo de Rajoy es el menos corrupto dentro del PP. Su paradójico taoísmo desespera a los adversarios y confunde sus acciones. Rajoy es conservador en sentido estricto, sabe que, estando así las cosas, ningún significante vacío va a remover la constitución material de la sociedad española y sus inercias. Y que, ante el llamado empate catastrófico, sólo tiene que abrir la bolsa y recoger la casquería de sus rivales en la derecha española.
 

"Ante el llamado empate catastrófico, Rajoy sólo tiene que abrir la bolsa y recoger la casquería de sus rivales en la derecha española"

Pero estamos de confluencias. A todos nos ilusiona el sorpasso, claro. A los traspiés estratégicos y organizativos del errejonismo suceden los platos tradicionales de la unidad de la izquierda (también llamada “partido orgánico”) y la nueva cocina municipalista catalana y gallega. Igual hasta se acaba con la listas plancha y el salvamento de apparatchik en sus pecios endeudados. ¿Y tras el sorpasso, qué?

Habrá más de lo mismo. Las crisis internas en C’s y PSOE parecen inevitables, a beneficio de Rajoy. ¿Y Merkel, Schäuble, Cameron? Eligen Rajoy sin pensárselo dos veces. Y si, buscando una salida, alguien quiere seguir viendo vitalidad democrática en el Procès, que medite una acampada permanente en Montserrat. La fuerza centrípeta de la gobernabilidad volverá a aburrirnos o a amargarnos el verano. Anhelamos, sin saber por qué, la llegada de 2017.

El arco de la fase electoral se tensa hasta el límite, acumulando una energía potencial devastadora. Ni el más sublime tancredismo de Rajoy podrá evitar que la flecha le ensarte junto al resto del belén de la segunda restauración borbónica. El problema es: quién disparará el arco. Nuestra tiradora está ausente, presa de una cierta desesperanza, y busca como sea una salida en tierras galas. Hagamos lo imposible para que vuelva.

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