ANÁLISIS
La estrategia Sánchez: dificultades del partido del régimen

El autor analiza las consecuencias de la estrategia del secretario general del PSOE en los últimos cien días.

, politólogo
15/04/16 · 8:00
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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en 2014. / Álvaro Minguito

Hay que reconocerle a Pedro Sánchez habilidad, inteligencia y hasta un punto de audacia. Ganó de aquella manera y luego su partido tuvo los peores resultados de su historia reciente y, por si fuera poco, tiene la manifiesta enemistad de los barones y, sobre todo, de la virreina del sur.

Aún así, lleva protagonizando las portadas de los periódicos y los informativos desde hace dos meses. Vende humo de superior calidad y lo hace como un experto profesional, sonríe adecuadamente y dice lo necesario, según un guión que han escrito otras manos.

Ahora parece que la fiesta se acabó y empieza lo duro. Se puede decir que la estrategia de Pedro Sánchez ha sido muy coherente con la tradición del partido de Felipe González y con las posibilidades que brindaba una realidad nada fácil de gobernar.

La fortaleza del secretario general del PSOE ha sido no aceptar las propuestas de un gobierno de concentración y unidad con el Partido Popular y polarizarse con la derecha para impedir el triunfo de Podemos. Aquí aparece una contradicción que ha gobernado y gobernará este interregno que nos encamina hacia nuevas elecciones.

Tanto el PP como el PSOE se oponen, desde su autonomía relativa, a las directrices que vienen de los poderes económicos y que representa como nadie Ciudadanos, su partido. Su propuesta es clara: todos contra Podemos para asegurar la enésima restauración borbónica en nuestro país.

El PP sigue luchando, diríamos que muy duramente, para asegurar su preeminencia política y, hasta cierto punto, su unidad. Las embestidas han sido tremendas y, por momentos, hemos visto a los medios y a los poderes, casi unánimemente, pidiendo la cabeza de Rajoy en lo que sería la reedición de la destrucción de la vieja UCD.

Sánchez, a su manera, tampoco ha seguido el guión. Sabía y sabe, con toda precisión, que de su estrategia depende el futuro de su partido y, lo que es mucho más importante, del régimen político imperante. Se dice, con razón, que el bipartidismo está en crisis y que, más allá, lo está el sistema político. Es verdad, pero no toda la verdad.

La derecha, a pesar de la corrupción y de las políticas de austeridad, sigue manteniendo un suelo electoral firme y un techo que puede moverse hacia arriba, quizás más de lo que cabría esperar. Las encuestas así lo dicen a pesar de las manipulaciones en torno a Ciudadanos. Para decirlo de otra manera, lo que está en crisis es la izquierda del bipartidismo, es decir, el papel esencial que ha tenido en España el PSOE.

Se ha repetido mucho, pero conviene ahora no olvidarlo: el bipartidismo ha sido el instrumento, el medio para que los que mandan y no se presentan a las elecciones puedan perpetuar su dominio sobre la sociedad y su control sobre el Estado. El PSOE ha sido la clave del bipartidismo y, por tanto, del régimen.

Cuando el PSOE, en cada elecciones, machaconamente, se acordaba de que era de izquierdas y pedía que se concentrara en torno a él voto para impedir el triunfo de la derecha, no se equivocaba y le ha funcionado bien hasta ayer mismo. La clave era oponerse a la derecha para impedir el avance de las fuerzas y de las políticas verdaderamente de izquierda, todo ello, a mayor gloria y en beneficio de los poderes fácticos, económicos, financieros y mediáticos.

En el simulacro político-mediático de las negociaciones, Sánchez ha sido bastante hábil. Cuando hubo que ponerse de acuerdo lo hizo con quien debía, es decir, con el partido que representa a los grupos de poder económico, Ciudadanos.

Una vez sellado el pacto, se invitó a Podemos para suscribirlo en lo que era un puro y duro contrato de adhesión, bajo la fórmula de "o lo tomas o lo dejas", como así ha sido.

Mientras, han sometido a una operación de desgaste planificado y sistemático a la formación de Pablo Iglesias, convirtiéndola en una fuerza del "no" y creando la atmósfera virtual de un partido en retroceso electoral, en crisis interna y dividido entre una supuesta ala moderada y otra radical. Éste ha sido el verdadero objetivo estratégico de la "negociación".

¿Se ha conseguido? ¿Había otras alternativas posibles? Que Podemos ha sido erosionado, parece evidente. Lo dudoso es su magnitud y, sobre todo, si esto es reversible o no. En cierto sentido, el escenario actual es muy parecido al anterior, a la etapa previa a las elecciones del 20D, es decir, psicosociales permanentes contra Podemos, críticas casi unánimes de los medios que, curiosamente, las encuestas recogían para señalar la "irreversible decadencia electoral" de Podemos.

Lo que viene ahora es bastante previsible. Pedro Sánchez hará el paripé de reunirse con Mariano Rajoy y constatará, una y mil veces, que la derecha sigue en el gobierno por culpa de Pablo Iglesias.

La campaña ya está iniciada y vamos a un escenario inédito y complejo. A mi juicio, Ciudadanos y el PSOE parten de un supuesto que no comparto, que la sociedad, las transformaciones habidas en la estructura social y el cambio generacional, así como en la cultura política, no serán transcendentes en el futuro. Podemos ha venido para quedarse y, en las próximas elecciones, lo que estará en juego será la hegemonía del bipartidismo y, específicamente, del PSOE.

Pronto sabremos si la épica victoriosa de Pedro Sánchez, su manejo de los tiempos y del espectáculo político, desde el apoyo unánime de los medios —hay que subrayarlo—, va, no sólo a salvar al PSOE, sino su papel como secretario y candidato del partido.

Es típico de las épocas de crisis que lo mediático no tenga la influencia que en tiempos de normalidad. Se producen desajustes pro­fundos y cambios en la opinión pública que los grandes medios de comunicación no aciertan a interpretar y, mucho menos, a manipular o dirigir. Pronto lo sabremos.

Tags relacionados: número 268 Pedro Sánchez PSOE
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comentarios

3

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    Nash
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    23/04/2016 - 4:35pm
    Yo creo que una vez más es una guerra de posicionar discursos, o como le gusta decir a Pablo Iglesias es una lucha de relatos. Está clara la estrategia de ambos partidos (PSOE y Podemos), y el devenir de ambos dependerá de como haya calado su versión de los hechos en la sociedad. Personalmente me hubiese gustado a un PSOE más progresista y a un Podemos más transversal, en definitiva menos confrontación y más trabajo de campo. Tristemente creo que estas elecciones han sido una oportunidad perdida que al final sólo perjudicará a la izquierda española. Como indica Monereo, el PP parece que ya ha tocado fondo y que actualmente está en mejores condiciones ante unas nuevas elecciones. En general es la izquierda la que se está jugando el tipo, es la que tiene que aprovechar una situación histórica para poder cambiar la dinámica de los próximos años y la que si no lo consigue, quedará retratada durante un buen tiempo. Paradójicamente parece que estamos más cerca de unas elecciones que Rajoy ganará desde su casa a través del famoso plasma. Me pregunto que cara se le quedará al PSOE, Podemos, compromis, IU... si el PP termina gobernando con el apoyo de Ciudadanos.
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    PJ
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    18/04/2016 - 6:13pm
    Yo opino que Pablo Iglesias lo ha hecho muy bien, ha hecho lo que pedíamos las bases, no dar ningún cheque en blanco al Psoe, y menos con un pacto con Cs de por medio.
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    Paco Muñoz
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    17/04/2016 - 12:12am
    Voté en las pasadas elecciones a Podemos.Y lamento mucho su análisis platónico de la situación manifiestamente sesgada por cuanto un factor condicionante de la misma ha sido, y es, –en mi opinión– la actuación errática del líder de un movimiento colectivo y perfil de acaparamiento unipersonal del poder colectivo que además habla en los rancios términos de "la verdad" desarrollando una supuesta moralidad superior no demostrada. Lamento que su análisis no reproduzca más que la pesadilla distópica del viejo autismo de la izquierda salvadora. Creo que lo mejor despues de haber visto una derecha cavernícola y una izquierda celestial es que se repitan las elecciones y que la gente elija al menos el medio del desastre.