La crisis va por dentro
Un ciclo político vivo, una economía agotada

La crisis de la economía global afecta a España y al resto de la UE, en una fase larga de estancamiento y sin un ‘plan b’ definido.

12/02/16 · 8:00
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La amenaza de una nueva crisis financiera no se ha atajado desde la caída de Lehman Brothers en 2008. / Peter-Ashley Jackson

Alto nivel de paro, nivel medio-alto de shock energético provocado por la montaña rusa en torno a los precios del petróleo, el riesgo provocado por un nuevo golpe bursátil a la especulación inmobiliaria y el peligro de colapso del Gobierno nacional. Es el panorama que vaticinan para España los “sabios de Davos”, reunidos en el World Economic Forum, en su Informe sobre los riesgos globales para 2016.

Para conjurar los riesgos de ese diagnóstico, las instituciones europeas se agarran a una cifra: 10.000 millones de euros. Es la cantidad que deberá “recortar” el próximo Gobierno español para cumplir los objetivos de rigor fiscal impuestos por la Comisión Europea. Después de un 2015 tranquilo, marcado por el reblandecimiento europeo de las medidas de austeridad de cara a favorecer una campaña electoral tran­quila para los partidos del establishment, en 2016 se acaba el margen. Es la opinión del economista José D. Roselló, “tácitamente, aunque no se haya dicho a los cuatro vientos, se ha visto cómo se gestionaba esta vuelta al equilibrio. Por ejemplo, hay una partida que se llama Consumo Final de las Administraciones Públicas, que estaba teniendo cifras negativas por la contracción que obligaba a hacer Bruselas, con los famosos recortes de 2011 y 2012, y que en 2015 ha vuelto a tener un crecimiento cercano al 2%”.

El sector bancario sigue pendiendo como un plomo sobre la bóveda de la construcción europea

Pero las treguas están hechas para romperse. Isidro López, diputado de Podemos en la Comunidad de Madrid y autor de Fin de ciclo, libro sobre el crac inmobiliario español, recuerda que “la política de los re­cortes, en el caso de España, es una variable fundamentalmente política”. Si el partido morado entra en el Consejo de Ministros, López teme que “podemos estar bastante seguros de que los recortes van a ser fuertes”.

Como bien saben en Davos, la mejor forma de generar inestabilidad es provocarla. Y los mercados tienen una herramienta que ni pintada para hacerlo. Los informes de las agencias de calificación de riesgos son ese instrumento, y la posibilidad de que Podemos entre en una combinación de Gobierno, un momento propicio. Para Isidro López, las agencias de calificación no tardarán en vincular la más que posible subida de las primas de riesgo con la estabilidad política. “Dirán que esto tiene que ver con el riesgo de que Podemos entre en el Gobierno, y se va a meter por ahí todo el programa de recortes y privatizaciones”.

El agotamiento de las vías de obtención de beneficios por parte de los inversores financieros devolverá la mirada de estos agentes sobre la deuda de los Estados soberanos y eso puede desembocar en una subida de las primas de riesgo de estos Estados que, de hecho, ya se ha insinuado a raíz de la crisis de los precios del petróleo. “En la medida en que siga subiendo el dólar y que China se muestre más o menos inestable en los mercados financieros, se polarizará la demanda de petróleo y materias primas y se abrirá la crisis en los mercados emergentes. Eso supone el caos en los mercados y, de una manera u otra, la vuelta de la crisis al espacio de la zona euro”, pronostica López.

Porque el problema de fondo de la vieja Europa es su menguante porción en el reparto de la tarta económica global. Luis González Reyes, integrante de Ecologistas en Acción y coautor de La espiral de la energía, cree que debemos “tener en cuenta que España tiene un papel cada vez más subalterno en la UE, que a su vez tiene un papel más subalterno a nivel del marco internacional”. La sola excepción de Alemania, país que a su vez tiene un problema de sobreproducción, no sirve para enmascarar el problema latente en toda la unión monetaria: un nivel de capacidad productivo pequeño, con una dependencia energética mayúscula y una cantidad de recursos energéticos y minerales “paupérrima”, en palabras de González Reyes.

Débil crecimiento

Pese a las brutales cifras de desempleo, España entra en 2016 con la expectativa de ser el único país de la UE cuyo PIB crecerá junto a un Reino Unido a su vez en riesgo de vivir su propio estallido de la burbuja inmobiliaria. ¿Un espejismo? En cualquier caso, un aumento del PIB provocado –pocos lo dudan– por el aluvión de liquidez puesto en marcha por el Banco Central Europeo a través de los programas de Expansión Cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés). Dinero gratis para los bancos, que ha tenido pocos efectos en la economía “real”, y que en el caso de España ha recorrido el camino de vuelta hacia una reactivación tímida y especializada del mercado inmobiliario.

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“No hay crecimiento en sectores que no sean los dependientes de la inversión financiera más inmediata”, apunta Isidro López, quien destaca la fragilidad de los soportes del crecimiento, no sólo por las previsiones “de ciencia ficción” del Gobierno y sus organismos afines, sino por las características que ha introducido la reforma laboral, creando mayor rotación en los puestos de trabajo, más fragilidad de las relaciones laborales y un descenso de la demanda que influye directamente en la crisis global.

González Reyes es muy escéptico en cuanto a que un hipotético Gobierno “de progreso” formado por PSOE y Podemos pueda superar estas limitaciones si se plantea una recuperación por medio de políticas expansivas “de tipo keynesiano”. Para él, si esto se produce “van a tener un sonoro batacazo, porque son medidas políticas del siglo XX, cuando era posible tener un crecimiento sostenido, porque había detrás una base energética que te lo permitía”. Hoy en día, en una larga crisis de sostenibilidad y déficit energético, hay necesidad de “políticas que se adapten a la realidad compleja en la que estamos, de crisis social, económica y también de crisis de recursos”, analiza.

Problemas en toda Europa

Pero los problemas alcanzan también a la superpotencia continental. El investigador Oriol Vallès Codina señala la ralentización de la economía china como un problema de calado para Alemania, que desde la crisis ha reorientado sus exportaciones desde el sur de Europa hasta el país asiático. Vallès Codina señala que la crisis financiera aún no se ha extendido a la economía real en China, pero que esto está teniendo efectos peligrosos: “Entre los países más afectados por el parón chino, claro está, está Alemania, las exportaciones chinas de la cual se han desplomado”.

Juan D. Roselló apunta entre otros problemas las posibilidades de que las políticas de Expansión Cuantitativa no hayan servido para que muchos bancos importantes de Europa “hayan llevado a cabo una limpieza profunda de sus activos, sino que hayan empezado a tapar cosas, ocultar riesgos que no habían reconocido”. En los últimos días, las dudas se han extendido sobre Deutsche Bank, el primer banco de Alemania. Las posibilidades de quiebra de este trasatlántico financiero, cuyo volumen de productos derivados es de 50 billones de euros, una suma que es casi 20 veces el PIB de Alemania.

La posible quiebra de este banco, que ya ha sido comparada con la de Lehman Brothers en 2008, muestra que el sector bancario sigue pendiendo como un plomo sobre la bóveda de la construcción europea. El empeño de Matteo Renzi por contener la gran crisis de los bancos italianos ha sido, de momento, escuchado por la canciller Angela Merkel, necesitada de aliados ante los cambios que se están produciendo en Europa, la crisis de los refugiados y el debate en Reino Unido sobre la permanencia en la UE.

Si Italia puede terminar de de­sequilibrar la balanza de una UE cogida con alambres desde 2008, el papel de Francia en los próximos años puede ser también decisivo. “Hay dos polos dentro de la UE”, explica López, “uno de ellos es el Eurogrupo, que está apretando y pidiendo recortes, el otro Juncker [presidente de la Comisión Europea], que está más por la modulación”. El amago de una política de expansión por medio de la industria militar, generado tras los atentados de Charlie Hebdo y Bataclan, en París, no ha fructificado, y Francia necesita –apunta López– “una relajación de las políticas fiscales, de las políticas de deuda y del pacto de estabilidad”, en sintonía con los deseos de Juncker.

Como en el caso de España, los “sabios de Davos”, representantes de las grandes fortunas a nivel mundial, apuntan al alto riesgo de “desestabilización social y política” del país vecino en el próximo año. Con el afán de presentarse como solución al problema, Manuel Valls, primer ministro francés, lanzó un mensaje clarificador en la reunión de mandarines de Suiza al asegurar que los problemas entre la izquierda, los negocios y Davos “son cosa del pasado”.

Valls, Renzi y el primer ministro portugués, Antonio Costa, encabezan la parte de la Unión Europea que apuesta por una nueva ronda de keynesianismo para sortear el estancamiento en que se encuentra la UE, frente a los Gobiernos del norte, que exigen el mantenimiento de las políticas de control fiscal. Está por ver dónde se encuadra el próximo Gobierno español y, más allá de qué bando elige, si cualquiera de las dos posibilidades no está condenada al fracaso.

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