La “pell de brau” ante un cisne negro

Una visión de la coyuntura general desde Galiza

, Es politólogo y máster en márketing y comunicación política.
20/01/16 · 7:59
Piel de toro. / Greg Gladman

“A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l’aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l’ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat”

Poema XLVI de “La Pell de Brau”, 1960. Salvador Espriu

Hay momentos en los que recuperar a los clásicos para entender nuestros días es una forma de distanciarse del ruido enloquecido para intentar interpretarlos racionalmente. Salvador Espriu, el autor más universal de las letras catalanas, comprendía la España geográfica como esa tierra ancha representada en la vieja piel de un toro curtida en una realidad dolorosamente viva y llena de sangre, con la llaga aún palpitante, de la que no podía (ni puede) curarse. La piel de toro sería el espacio físico que los hombres habitan, o donde les obligan a vivir; y el toro el protagonista que embiste la vieja piel en una arena imaginada, arrancándola con los cuernos y convirtiéndola en la bandera del incesante dolor bajo una realidad que detesta. Esa arena sería Sepharad, la tierra a donde había llegado el pueblo judío en su diáspora, en su Golah. Ahí viviría un pequeño pueblo, extranjero y enraizado. En una tierra amada y odiada que anhelaba glorias pasadas, consciente de su (in)justicia y sus pecados: el pueblo de Israel, el pueblo catalán. Era un paralelismo y una metáfora que Espriu empleaba para ahondar en la tragedia y en lo difícil de la convivencia entre los hombres, en la piel de toro y a nivel universal. Que servía para huir del chauvinismo y de la detestable realidad del, por aquel momento, presente régimen asesino y nacional-católico franquista: el pueblo catalán debía proyectarse en la exigencia de su futura libertad colectiva y en la recuperación de su dignidad nacional. La España oficial, encerrada en su laberinto multisecular como cárcel de pueblos, culturas y lenguas, hacía también oídos sordos a la realidad material del común de sus gentes. Más o menos visibles, más o menos vencidas con sus esfuerzos, mientras unos cuantos señores se paseaban por ella, satisfechos y alegres diseñando los límites de lo posible y lo imposible. A estos, la sumisión y negación de todas y todos les parecía lo natural. Y ante esto, un clamor de justicia y libertad, que más tarde comenzaría a popularizarse: un ideal republicano que servía para huir de esa realidad deshecha, y construir futuro.

Contextualizando, y en la ventajista distancia que permite adoptar la evolución histórica, parece desafortunada la elección de la parábola hebrea: trajo mucho mal a la Tierra considerarse un pueblo elegido por Dios. Pero es otra historia. Lo sustancial ahora es hacer hincapié en que el estado que recubre la "piel de toro" sufre una tormenta perfecta de problemas, ante los cuales analistas de la prensa internacional empiezan a hablar ya de la compleja realidad de esa realidad político-institucional, económica y social empleando otra metáfora explicativa: las expectativas y la situación general es descrita por algunos como la de un "cisne negro".

La "teoría del cisne negro", o teoría de los "Eventos de Cisne Negro" fue desarrollada por el matemático libanés Nassim Nicholas Taleb, encerrando el concepto de que cuando un evento es una sorpresa (para el observador) y tiene un gran impacto, después del hecho, este es racionalizado por retrospección. Sería un acontecimiento difícil de predecir, por la baja probabilidad de que ocurra, y que estaría fuera del curso esperado de la historia, la ciencia, las finanzas o la tecnología. Un suceso de gran magnitud, como la desintegración de un Estado o una catástrofe medioambiental. Un descubrimiento extraordinario contra toda lógica. O la implosión repentina de un sistema financiero. Pero serviría para cualquier otra eventualidad imprevista con un alto impacto en el devenir histórico. Nassim N. Taleb sostiene que los bancos y las empresas son especialmente vulnerables a este tipo de eventos, considerándolos muy peligrosos, ya que estarían expuestos a pérdidas mucho mayores a las pronosticadas por los modelos estadísticos e matemáticos. También que los científicos de toda disciplina (politólogos o economistas incluidos, por descontado) sobreestiman el valor de las explicaciones racionales sobre los datos actuales y cotidianos o los modelos del pasado, infravalorando su componente de aleatoriedad. El azar.

Una multiplicidad de factores exógenos y endógenos amenazan la “estabilidad” del sistema monárquico-parlamentario que conocimos

Podría parecer que la tónica general en la apertura de la etapa histórica que ahora se abre está repleta de una lista larga de imponderables, incertezas y encrucijadas de difícil, e incluso dudosa, resolución. Pura incógnita. Siempre habrá quien quiera restablecer “el Orden” en lo que considera “un Caos”. Como resultado de las elecciones generales de diciembre, en las que dejamos atrás para siempre el orden político de 1978 en lo que a la representatividad se refiere, aparecen una multiplicidad de escenarios ante los que habrá que considerar distintas respuestas. Será una guerra de posiciones en toda regla, en su sentido gramsciano: una lucha latente entre los sectores dominantes y las clases subalternas y más conscientes de la sociedad civil para convencer, mediante el relato, a las mayorías sociales de la necesidad de estirar y preservar los límites de este o conquistar determinado orden social. Algo que está en disputa durante la etapa contemporánea desde que el 15M alertara de la crisis orgánica y cultural de un sistema asentado en la corrupción estructural que producía (y produce) desempleo, precariedad, exilio económico y desigualdad: “la revuelta de las neveras vacías”, que decretó la defunción de la gramática consensual de la Transición así como la viabilidad de la aspiración omnímoda de la necropolítica neoliberal. Este sentido de época significó la vuelta a la vida de la Política en el conjunto del estado español. Contra esto hay tentativas inmanentes al Poder real, que pretenden reducirla hasta su anulación completa. Véase Grecia. Pero la Historia, como sabía Espriu, progresa en espiral sin solución de continuidad.

Una multiplicidad de factores exógenos y endógenos amenazan la “estabilidad” del sistema monárquico-parlamentario que conocimos. El status quo, el establishment, se aferra a la ilusión de que nada ha cambiado. Y hará lo indecible por dar apariencia de normalidad bajo la excepcionalidad allí donde la voluntad popular emergente el 20D, y anteriormente en las municipales de mayo, dijera que había que empezar a dar salida en clave democrática y de justicia social a tres elementos. Uno de ellos sobrevenido como consecuencia de la grave crisis-estafa económica que arrastramos desde 2008, supeditada a las férreas reglas de la dictadura austeritaria y deudocrática: la consolidación de la precariedad en un contexto de suspensión del “estado de bienestar” y regresión de derechos y libertades. Otra relacionada con la impunidad de la corrupción estructural, que afecta el corazón de las instituciones, incluso de las consideradas capitales y clave de bóveda del sistema. Y otra relacionada con el “encaje territorial” de las naciones “periféricas”, en donde el epicentro del principal conflicto se sitúa hoy, por el momento, en Catalunya.

Sin una lectura seria y rigurosa del fenómeno que, como poco, viene manifestándose en los Països Catalans desde hace una década será inviable una resolución no-traumática del contencioso jurídico-político que enfrenta a la mayoría del pueblo e instituciones catalanas con el Estado español: alrededor de un 80% de los ciudadanos catalanes entienden que tienen derecho, como mínimo, a decidir establecer una nueva relación ante la centralización y pérdida efectiva de soberanía, que es algo compartido en esta UE. Consideran que la soberanía reside en el pueblo y que esta pre-existe a cualquier formulación estatal. Se constituyen, por voluntad propia, en una nación con unas instituciones autónomas que datan del siglo XIII, con episodios de imposición y negación por la fuerza, recobradas con la pre-autonomía de 1977 y el regreso simbólico de Tarradellas posteriormente continuadas con la aprobación y desarrollo de los Estatutos de Autonomía, hasta que se agotaron por la vía de los hechos. Hay una revolución democrática y autodeterminista en marcha en cada pueblo, en cada villa y en cada barrio que cuestiona la legalidad y el diseño institucional vigente. Desde Arenys de Munt y las consultas independentistas. Transversal, que incorpora segmentos muy amplios y plurales de la sociedad civil. Todo lo que sea negar o cerrar los ojos ante ello, y reducirlo a una u otra persona o partido, es simplemente una falacia y un reduccionismo. Además de una irresponsabilidad política de enorme magnitud, más allá de lo interesante que sería debatir sobre la oportunidad de recomposición del post-pujolismo, u otras consideraciones en clave interna catalana.

Estos tres elementos del apartado endógeno (social, confianza institucional y crisis territorial) configuran un panorama potencialmente desestabilizador que únicamente puede gestionarse en dos direcciones: mediante una apertura democrática que incorpore reformas radicales, o a través de un cierre oligárquico por arriba que tutele mínimas reformas dilatando sine die las distintas situaciones a la espera de que la variable económica mejore, ejerciendo de sedante social; unas en cumplimiento de obligaciones contraídas con poderes ajenos (UE, mercados, acreedores…) a los que incomodaría perder el control y la intervención de facto sobre la política española. Otras porque son constitutivas de un sistema político con una (i)legitimidad de origen: la sacralización y mitificación secular de determinada concepción unívoca y patrimonial (excluyente) de la españolidad. Más allá de lo identitario existen relaciones ambivalentes de dominio en el eje centro-periferias que históricamente fundamentaron una lista interminable de desequilibrios, rencores y agravios.

Del escenario del 20-D, sumado a la cuestión catalana, no se adivina nada más que una Gran Coalición tácita o explícita en alguna de sus modalidades (p. ej. gobierno de “salvación nacional” entre PP, C's con abstención del PSOE), o la convocatoria de nuevas elecciones generales que podrían desembocar en otra situación de bloqueo. El último tiene menor verosimilitud, sobre todo como resultado de la apuesta del Parlament y el nuevo Govern de la Generalitat de Catalunya de continuar el “procés” y la hoja de ruta que culminaría con una declaración unilateral de independencia en 18 meses (posición matizada en últimas fechas) después de ir consolidando “estructuras de Estado” durante el trayecto.

Dentro del bloque independentista catalán hay distintas concepciones de ruptura. En una parte domina la hipótesis de la construcción de un nuevo estado europeo (secesión) con las complejidades legales y de reconocimiento internacional que se derivan, y en otra se entiende en una línea más acorde al espíritu que impulsó otros precedentes históricos y apuntaba Oriol Junqueras en un artículo datado el 24 de setiembre de 2015, publicado en el diario Huffington Post: proceso/s constituyente/s como detonante/s de hondas mudanzas estructurales para el conjunto de los pueblos de la “pell de brau”; “la futura República catalana puede ser la mejor aliada de la futura República española”. Cabrían interpretaciones diferentes para esa nueva relación afectiva, jurídica y política: desde un estado federal o confederal real hasta una fraterna y constructiva buena vecindad, pasando por un estatus de libre asociación. De la reacción (dialogada, o de confrontación directa y negación mutua) que mantengan en los meses venideros las élites y centros de decisión en Madrid y Barcelona depende en buena medida que todo este cóctel de tensiones, oportunidades y amenazas desemboque en una agitación política desconocida de consecuencias difíciles de predecir hoy, ante las cuales la comunidad internacional está interesada especialmente.

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