Adiós bipartito, hola cuatripartito

Para los humildes súbditos, es decir, aquellos a quienes nos toca sufrir las medidas de los gobernantes de turno, la situación de ingobernabilidad es positiva, porque implica que pasarán unos cuantos meses sin más destrozos políticos hasta la convocatoria de nuevas elecciones.

22/12/15 · 7:00

Después de que el bipartidismo se hubiese convertido en la machacona banda sonora de la campaña electoral, hasta el punto de fijarse en la opinión colectiva como uno de los grandes problemas de nuestro sistema –solapando problemas sociales y económicos más graves pero no tan oportunos–, puede concluirse que el desembarco de nuevas fuerzas en el Parlamento, con un importante número de diputados, constituye –remedando el ampuloso estilo de Antonio García Ferreras– todo un acontecimiento histórico. ¡Por cierto! Aunque no parece que el cuatripartito vaya a traer el maná tantas veces prometido.

Para empezar, los partidos tradicionales, PP y PSOE, gracias a las redes clientelares y a una ley electoral diseñada para forjar mayorías estables, prevalecen, constituyendo las dos únicas posibles para encabezar el nuevo gobierno. Ninguna de las dos ha obtenido la mayoría necesaria y lo tienen también difícil si añaden otros apoyos. PP y Ciudadanos no suman los votos necesarios para alcanzar una mayoría simple, mientras que el PSOE debería convencer a Podemos y otros tres partidos para lograrlo.

El fiasco del sorpasso delata la escasa consistencia del cambio que se prometía para después del 20D. Esto es especialmente doloroso para Podemos y para Pablo Iglesias, que había convertido al candidato socialista, el ninguneado Pedro Sánchez, en el objetivo a batir en los debates a cuatro para mostrar sus carencias y limitaciones. La estrategia, pensada para disminuir electoralmente al PSOE y arrojarlo a sus brazos, no fue un fracaso, pero tampoco se ha visto coronada por el éxito más completo. Aunque el PSOE de Pedro Sánchez está en la UVI, sigue vivo, y es precisamente ese estado moribundo el principal responsable de la etapa de ingobernabilidad que se abre tras las elecciones.
 

El cuatripartito 
supondrá una legislatura curiosa: imposible no imaginársela sin palomitas

El PSOE no quiere apoyar ningún gobierno encabezado por Mariano Rajoy, ni aún absteniéndose, porque el PP debe ser su principal antagonista si quiere seguir teniendo opciones presidenciales. Sólo Frau Merkel o quien quiera que tenga mando en plaza es capaz de impedirlo. No obstante, los socialistas tampoco pueden pactar con Podemos dado que eso supondría cruzar algunas de sus líneas rojas, como la posibilidad de convocar referéndums vinculantes. Aparte de que hay un considerable inconveniente técnico: el PP domina el Senado y para la aprobación de una reforma total o parcial de la Constitución se precisa la conformidad de la mayoría de los dos tercios de ambas Cámaras.

Para los humildes súbditos, es decir, aquellos a quienes nos toca sufrir las medidas de los gobernantes de turno, la situación de ingobernabilidad es positiva, porque implica que pasarán unos cuantos meses sin más destrozos políticos hasta la convocatoria de nuevas elecciones. Pero estas no eran las expectativas de la alternativa del cambio que presumía liderar Pablo Iglesias.

Es cierto que el cuatripartito supondrá una legislatura curiosa: imposible no imaginársela sin palomitas. Los líderes de los dos partidos mayoritarios, los mismos que se insultaron sin pudor en un debate electoral, parecen condenados a entenderse. Los dirigentes de los dos siguientes, aquellos que ya se veían cómodamente instalados en La Moncloa, intentarán perfeccionar sus perfiles presidenciables mostrando sentido de Estado hasta en las cuestiones más nimias. Los nacionalistas periféricos pueden volver a ser clave en la formación de gobierno. E Izquierda Unida, con dos diputados y sin grupo parlamentario propio, tal vez reflexione sobre su recientemente papel de guardiana de las esencias y proponga un acuerdo a Podemos con condiciones menos onerosas.

Ahora bien, dudo mucho que el cuatripartito vaya a abrir las puertas del Parlamento a las reivindicaciones de la calle y viceversa, que el Parlamento contribuya al dinamismo social empujando las transformaciones. El asalto a los cielos mediante las urnas y voto útil queda pospuesto sine die: quizás en la próxima cita o en la siguiente, o a saber.

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comentarios

2

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    monica
    |
    Dom, 12/27/2015 - 00:39
    Aguafiestas ;-) Ya no creemos en milagros.
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    monica
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    Dom, 12/27/2015 - 00:39
    Aguafiestas ;-) Ya no creemos en milagros.