Anuario 2015 I El fin del bipartidismo
El 15M lo mató y el 2015 lo remató

Los resultados del 24M y 20D sellan el fin del bipartidismo tal como lo conocíamos.

01/01/16 · 7:00
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Ocupación de una sede de Bankia por parte de la PAH / Irene Lingua / Diso Press

2014 fue el año del hundimiento, de la crisis de las principales columnas que soportaban el régimen del 78, del descrédito, el cuarto año de la indignación. 2015, el año en el que esa indignación llegó a las instituciones. Primero a las grandes ciudades y, seis meses después, al Con­greso de los Diputados. La era del bipartidismo ya es parte de la historia de la Tran­sición. Historia de una época que las elecciones del 20D han clausurado. 2015 será recordado como el año del recambio, no sólo de siglas sino de una generación –la de los nacidos después de la Consti­tución– y de una forma de hacer política en las instituciones.

Será recordado como el año en el que Esperanza Aguirre perdió la alcaldía y la ganó una candidatura ciudadana sin presupuesto, con algunas ideas distintas de lo que podía ser Madrid. Fue el año en el que una activista de la PAH se convertía en alcaldesa de Barcelona y aplicaba dentro de sus competencias el programa de la plataforma antidesahucios. Nunca antes un partido a la izquierda del PSOE se había hecho con el gobierno de una comunidad autónoma. Algo que tras el 24M ocurrió en el País Valenciano y en Navarra.

Cientos de políticos de los viejos partidos, en las grandes capitales y en muchas comunidades autónomas, tuvieron que buscar un nuevo trabajo, en el mayor ERE político de la historia de la democracia. Cientos y cientos de activistas y vecinos, sin experiencia previa en las instituciones, tuvieron que aprender de forma acelerada qué era una Junta de Distrito o acudir por primera vez a un pleno de un Ayun­tamiento. Lo mismo que le ocurrió a cientos de miles de españoles, que comenzaron a ver la política institucional como un terreno en disputa, y no necesariamente como una partida amañada.
 

Cientos de políticos de los viejos partidos tuvieron que buscar un nuevo trabajo, en el mayor ERE político de la democracia

No era la primera vez que partidos con vocación transformadora llegaban a una alcaldía –IU y Bildu llevaban años en decenas de ayuntamientos–, pero los seis meses de gestión en las “ciudades del cambio” han servido para recordar los límites de la política institucional y su escaso margen de actuación. También que las principales transformaciones vienen de abajo. “El cambio en tema de vivienda ya se estaba produciendo, lo estaban protagonizando la PAH y otros colectivos, que estaban haciendo que cosas que parecían imposibles fueran posibles”, decía Ada Colau en una entrevista para SiberiaTV. “De hecho, victorias como las nuestras [en los ayuntamientos] son producto también de eso. El hecho de tener en Catalunya una ley, inimaginable hasta hace poco, que nos permite exigir la cesión de viviendas en la Sareb, hubiera sido imposible sin la movilización ciudadana”. Las mociones impulsadas por la PAH, que recogen las famosas cinco exigencias, han sido aprobadas en más de 50 ciudades, muchas de ellas con gobiernos del PSOE, CiU e incluso del PP.

Sin embargo, a diferencia de los años anteriores, no ha sido la movilización lo que ha marcado 2015. Cientos y cientos de activistas abandonaron el trabajo de calle para formar parte de los nuevos partidos o de los gobiernos municipales y autonómicos. A la vez, gran parte de la actividad de las organizaciones sociales se centró en influir en los distintos partidos para que incluyeran sus reclamos en los programas e iniciativas de gobierno. Mención especial merece la gigantesca marcha contra la violencia de género del 7N, una movilización que sirvió, entre otras cosas, para incluir demandas feministas en los debates electorales. La falta de sensibilidad de Ciudadanos en esta cuestión ha sido interpretada como una de las causas de la remontada inversa del partido de Albert Rivera.

Pese a la desmovilización en la calle, la actividad de los colectivos sociales no ha disminuido: nunca antes se habían difundido ni se había debatido tanto sobre renta básica, sobre el derecho a la vivienda, sobre los criterios para la cesión de espacios sociales o sobre cómo debería ser una auditoría ciudadana de la deuda. Y aunque parezca poca cosa, también en el discurso se ha ganado: sólo hace falta ver cómo las formaciones que se disputaron el voto indignado reclamaban el lema del 15M: “Sí se puede”.

Después del 20D, la magia del bipartidismo –que perdió 110 escaños con respecto a 2008– parece haberse esfumado. El PP y el PSOE apenas suman el 50% del voto y la única posibilidad de un gobierno estable significaría su sentencia de muerte: la Gran Coalición, como la que hubo en Grecia antes de la victoria de Syriza. Un antecedente nada apetecible para los dos grandes partidos de la Transición.

2015 ha sido el año en el que la repolitización de la sociedad española iniciada tras el 15M ha llegado al ámbito electoral. El primer año, tras el fin mental del bipartidismo, de una nueva época –ahora también– en las instituciones.

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