Postales partidistas II: PSOE, el mantra de la igualdad de oportunidades

Tengo una amiga, Sara, que siempre dice que Pedro Sánchez es como ese chico al que te imaginabas detrás del teléfono rosa de ese juego de mesa, no sé si lo recuerdan, Línea Directa, muy parecido al Quién es Quién pero en el que tenías que adivinar qué buenorro del instituto quería una cita contigo. Bromas aparte, Pedro Sánchez es de esa izquierda con pasta y sonriente que ha ido copando en los últimos años el Partido Socialista –y que desmanteló la industria española sin recualificar a nadie mientras ahora habla de ‘reindustrializar’–.

27/12/15 · 8:00
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Tengo una amiga, Sara, que siempre dice que Pedro Sánchez es como ese chico al que te imaginabas detrás del teléfono rosa de ese juego de mesa, no sé si lo recuerdan, Línea Directa, muy parecido al Quién es Quién pero en el que tenías que adivinar qué buenorro del instituto quería una cita contigo. Bromas aparte, Pedro Sánchez es de esa izquierda con pasta y sonriente que ha ido copando en los últimos años el Partido Socialista –y que desmanteló la industria española sin recualificar a nadie mientras ahora habla de ‘reindustrializar’–.

Llaman poderosamente la atención los malabares que tiene que hacer para ajustar el hecho de ser herederos de luchas anteriores (porque siguen llamándose Partido Socialista, a pesar de todo) con los obvios patinazos en el gobierno porque el país había que “modernizarlo”™ para acabar convertido en una formación amantísima de toda clase de protocolos, transparencias, normativas… y de la igualdad de oportunidades. Una trayectoria tan retorcida que casi acaba por afirmar que las Trece Rosas murieron para defender que se abriera el comercio ocho festivos al año.

Ya conocemos gracias a la tercera vía blairista que es posible eso de vivir en el mercado preocupándose más de lo que denota el consumo que de lo que denota la producción. Y nos hemos acostumbrado a que ese nuevo modo de enfocar las relaciones haga apetecible algo aberrante como la igualdad ‘de oportunidades’: es el problema de poner apellidos a ciertos términos para que no parezca que estamos desbarrando, que estamos exigiendo de más a los que mandan, no sea que se inquieten. Igualdad sin igualdaje, vaya.

Cuando el Partido Socialista nos dice que igualdad sí, pero de oportunidades, no aclara la parte central, que es lo de explicarnos qué demonios es una oportunidad ni quiénes son las personas que dan esas oportunidades. Si usted anda buscando trabajo habrá tenido que sufrir el bochorno de ver algunos anuncios en los que se dice que trabajar sin cobrar, siempre que sea de lo tuyo, pues bueno, pues que eso, una oportunidad. Una oportunidad de forrarse el riñón para el que te da esa oportunidad, en concreto. Esto en cuanto a los sujetos, luego están los objetos. Igualdad de oportunidades, ¿pero para qué? ¿Para romper el ‘techo de cristal’™ y tener la posibilidad de modular el grado de tiranía que quiero ejercer desde allí? ¿Y en esta mierda consiste que gane el bien? Antes se hablaba en términos bárbaros, de igualdad real, de igualdad efectiva incluso. Con igualdad, a secas, ya sabíamos lo que queríamos decir. Poner apellidos a lo antes irrenunciable ya nos dice que vamos perdiendo.

Lanzada desde arriba, quienes esgrimen la ‘igualdad de oportunidades’, gente que se cree que siempre vamos a estar todos escuchándoles con la boca abierta y tomando notas, realmente piensan que queremos ser igual que ellos, iguales que ese PDRO depositando la papeleta ante los fotógrafos mientras dice “tranquilos, que hay para todos”. Directamente no, no quiero ser igual que tú. Lo que quiero es que dejes de condicionar mi vida. Y mientras haya quien esté en posición de disponer mientras el resto se adapta a lo Juegos del Hambre y el Partido Socialista siga sin ver ningún problema, sino un síntoma de modernidad, seguiremos en el mismo escenario en el que llevamos 30 años: la venta de sus votantes.

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