Las elecciones catalanas o el principio de una ruptura constitucional

Respuesta de una candidata de las CUP al artículo de Emmanuel Rodríguez 'Las elecciones catalanas o el fin del ciclo electoral'.

, sociologa, militante de movimientos sociales y candidata CUP por Barcelona al Parlament de Catalunya
13/10/15 · 12:09
Celebración de las CUP en la diada de 2014. / Victor Serri / DISO Press

Escribía el compañero Emmanuel Rodríguez la semana pasada un artículo analizando las elecciones catalanas. Hacía una lectura del “procés” y de los comicios como una farsa electoral que sólo beneficia a las élites, señor Mas como principal ganador de la partida.

El artículo, a mi parecer, simplifica y reduce la complejidad del momento.

La política institucional como teatro y el “procés” como negociación entre élites

Sin entrar a defender la democracia representativa como modelo ideal de tejer proyectos políticos –no sería ni riguroso ni propio de las escuelas contra hegemónicas de hacer política del común y de la vida– cabe pararse en la concepción del “procés”.

La CUP está condicionando el gobierno sin miedo a perder nada, ni sillas, ni sueldos

En Catalunya el “procés” alimenta el relato de la ruptura constitucional como algo factible, necesario. De hecho, plantea la ruptura constitucional como la única vía de conseguir un proyecto político justo. Y, al margen de apostar o no por la independencia, es muy importante que la narrativa de ruptura se instale en los discursos mainstream y hasta en las cavernas comunicativas. Y la ruptura constitucional es, para la izquierda anticapitalista, una brecha valiosísima para plantear proyectos políticos de cambio estructural.

Asumir que el marco político del 78 ya no sirve, por arcaico, por heredero de pasados dictatoriales, por ser un mero traspaso de poderes es fundamental para proyectos políticos anticapitalistas. Y de esto se habla. Cotidianamente. A favor o en contra. Pero se habla, se concibe, se considera.

La perfecta campaña de Junts pel Sí se come a la CUP

Sobre Junts pel Sí (JxS) y la valoración de la campaña, es de cajón que han sabido aplicar mejor el concepto de “nueva política” que muchos movimientos y organizaciones que lo han creado. Actos multitudinarios, mensajes positivos, ilusión como común denominador, frescura y muchos otros mantras de la puesta en escena progre e innovadora.

No obstante, la mentira tiene patas cortas o, dicho con más rigurosidad, los proyectos políticos enganchados con cola y con un mensaje que descuadra con el programa electoral no tienen mucho recorrido. Y a medida que pasan los días y las horas estos detalles van saltando a la luz. Y la jugada de CDC para mantener Artur Mas como presidente empieza a temblar. Y ni el organizadísimo “Camamilla Party” consigue tener argumentación que parezca consistente al respecto.

Y aquí es donde ni se comen a la CUP, ni ésta se incorpora al teatro. Porque la CUP está haciendo un pulso honesto a CDC. La CUP está condicionando el gobierno sin miedo a perder nada, ni sillas, ni sueldos. La CUP lleva tres años levantando alfombras, poniendo luz y taquígrafos, acercando el Parlament a la calle.

Y es más, los votos de la CUP suponen mucho más que 10 diputadas que, según lecturas fatalistas, nada podrán hacer. Los votos a la CUP suponen la apuesta decidida de muchísimos ciudadanos por una izquierda anticapitalista y rupturista. Los votos a la CUP suponen un apoyo claro a plantar cara a la UE y a la deuda entre otros fantasmas poco amables a los cálculos electoralistas. Los votos a la CUP suponen un giro del “procés” hacia la izquierda y, si se tienen en cuenta los resultados en relación a las últimas elecciones, es fácil analizar como CDC y ERC pierden escaños y la CUP los triplica.

Anticapitalismo de chapa y camiseta

Sobre lecciones de anticapitalismo, es por lo menos atrevido acusar a la izquierda independentista de postureo poco ortodoxo. Y, acotando al caso que nos ocupa, no cabe entender el proyecto político de las CUP sólo en términos de política autonómica. Las Candidaturas de Unidad Popular son un proyecto con décadas de recorrido que traban, en los municipios catalanes, iniciativas municipalistas de carácter rupturista vinculados al tejido político de los territorios donde se encuentran. En este marco, la apuesta parlamentaria se remonta tres años atrás, y sólo se entiende vinculándola con el trabajo municipal y el tejido territorial de las CUP.

Analizar el papel que la CUP puede jugar en un Parlamento ignorando el tejido municipal y territorial del proyecto, es miopía política, pues no se entienden los diputados sin las concejalas.

Y hace muchos años que se camina, que se piensa, que se teje. Y el trabajo bien hecho se valora y prueba son los resultados electorales de las últimas municipales. Los ayuntamientos con proyectos políticos rupturistas que hay en Catalunya vinculados –total o en proyecto común– con las CUP.

Y el esquema es claro y complejo a la vez: los municipios como entes políticos de garantía de derechos por subsidariedad, como garantía de caminar hacia la conquista de las instituciones; y el Parlamento como garantía de generar una ruptura constitucional y un marco que permita a las municipalidades continuar caminando.

Y a veces también se venden chapas y camisetas, hasta bolsos y bocatas en fiestas populares, pero más como estrategias de financiar proyectos y colectivos, que como símbolos de moda.

Estrategias a seguir

Y ahora, en medio de la vorágine de pactos para constituir gobierno, es donde la honestidad y la integridad del proyecto relucen más. No hay pactos sin decisiones consensuadas asambleariamente, no hay pactos de investidura sin que se asuma un plan de choque, una práctica desobediente y empiece a caminar el proceso constituyente. Así, sin más.

Y ahora también, como siempre, es el momento de la inteligencia colectiva, de las estrategias tejidas entre todas, de pensar más allá de una cortina de humo nacionalista y abordar debates constituyentes, de ruptura, de cambio.

En Catalunya y en el resto de rincones de la Península, es la hora de las Repúblicas, es la hora de las calles, es la hora de las revoluciones compartidas desde las necesidades particulares. Es la hora de las independencias que garanticen la vida.

Y para ello necesitamos toda la inteligencia.

Y para ello necesitamos táctica y estrategia.

Y para ello necesitamos que el resto de pueblos del Estado hagan suyo el anhelo de la revuelta de los comunes.

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comentarios

2

  • |
    José Martínez Carmona
    |
    Mié, 10/14/2015 - 17:59
    ESTE ANÁLISIS ES CONVINCENTE.
  • |
    Clara
    |
    Mié, 10/14/2015 - 15:05
    Y para ello se necesita ser honesto, humilde, decente.