El ‘business’ de la unidad popular

Ahora en Común y Podemos han dado ya sobradas muestras de inteligencia política, sin embargo ni una ni otra iniciativa han estado a la altura ni del desafío que plantea el momento histórico ni del espíritu quincemayista del que ambas iniciativas dicen provenir.

, Activista y analista | Vídeo: Alberto Moreno
27/07/15 · 6:34
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Primer acto por la confluencia de Ahora en Común en Madrid. / Alberto Moreno

Todo el mundo –el que me rodea– anda últimamente muy preocupado por las próximas elecciones generales. Los buenos amigos que tengo en Ahora en Común, Podemos, IU o Equo, pero también muchos otros que hacen política fuera de partidos e incluso buena parte de los más alejados de militancias y activismos de cualquier índole, todos parecen determinados a no dejar escapar la oportunidad histórica que supondrían estos comicios. Yo, que no soy ajeno a tales inquietudes, siempre he considerado que tanto el éxito electoral como la toma del poder político son deseables en tanto que condición necesaria –aunque insuficiente– para la consecución del objetivo realmente importante: la transformación social profunda de signo emancipatorio y radicalmente democrático.

A tenor de lo que venía diciéndonos la demoscopia desde hace ya varios meses, parecía que para que esa victoria electoral fuera posible sería necesario articular un proceso de confluencia popular desde abajo en el que participaran ciudadanos, movimientos sociales y organizaciones políticas. Por un lado, Podemos llegaba bastante justito de fuerzas a la recta final. Por otra parte, la gente normal –ésa a la que la formación no ha dejado de apelar desde su génesis– comenzaba a demandar a la dirección una apertura del partido que lo oxigenara por dentro. Pero es que, además, una opción electoral que se presentara como una confluencia popular –no como un frente de izquierdas– por una ruptura democrática frente a un bipartidismo caduco y corrupto parecía capaz de arrancarle muchos más votos al PSOE –la verdadera clave de las elecciones de noviembre– que este Podemos de hoy. Por último, el argumento podemita de “así es como se gana” servía en febrero, cuando los sondeos lo colocaban como primera fuerza en intención directa de voto, no ahora cuando esas mismas encuestas no le otorgan más de un 15% de las papeletas.

Cuestión aparte es si la plataforma Ahora en Común es el espacio adecuado para lograr una confluencia 

Cuestión aparte es si la plataforma Ahora en Común es el espacio adecuado para lograr una confluencia de las características mencionadas, y eso ya me despierta muchas más dudas. El escaso tiempo de antelación con respecto a la cita electoral con el que surge el proyecto no hace sino aumentar mi sospecha de que la iniciativa pretenda más una negociación de nombres por arriba que un proceso popular de confluencia por abajo. No cabe duda de que la lista de firmantes del manifiesto incorpora numerosos nombres de indudable valía política, profesional y moral. La gran mayoría de personas que conozco que apoyan la iniciativa lo hacen desde la buena fe, tratando de sumar adeptos a la cruzada por el cambio. Sin embargo, no hace falta afinar mucho la vista para distinguir entre los impulsores de Ahora en Común a quienes parecen haberse especializado en el bussiness de la unidad popular –utilizando la expresión del antropólogo, poeta y amigo Ernesto García López–, aquellos que durante los pasados comicios descubrieron el pelotazo de los procesos de confluencia para resucitar cadáveres políticos o para colocar a “los suyos” en las posiciones clave dentro del nuevo espacio generado. La lista de beneficiarios del boom confluyente no se limita a los partidos políticos; de igual modo que hay militantes de partidos que participan en Ahora en Común con la mejor de las intenciones, existen también actores de la sociedad civil y de los movimientos sociales que apelan a la unidad popular para hacerse con un hueco en la supuesta lista definitiva. Utilizar la ilusión de la gente con tales fines me parece francamente deplorable.

Bien es cierto que Podemos tampoco ha dejado otra opción. La constante negativa podemita ante cualquier propuesta confluyente cuando todavía se estaba a tiempo de poner en marcha el proceso no ha hecho sino precipitar una respuesta de este tipo. La razón esgrimida para negarse a la confluencia ha sido siempre la misma: no renunciar a la marca Podemos. Sin embargo, nadie ha pedido nunca tal cosa. No se antoja complicada la tarea de hallar la fórmula que preserve el nombre, incluso los principales candidatos de autoridad de la formación desde una candidatura unitaria. Otra cosa es que lo que se quiera conservar no sea la marca Podemos, sino el control sobre el aparato del partido. ¿Por qué Pablo Iglesias no vio banderas ni estrellas rojas detrás de Ahora Madrid, una iniciativa impulsada básicamente por los mismos actores que hoy conforman Ahora en Común? Quizá porque en las elecciones municipales Podemos tenía mucho más que perder y bastante menos que ganar que en las generales de noviembre. En aquel contexto, la aparición de un voluntario dispuesto a comerse el marrón fue acogida como agua de mayo –nunca mejor dicho–. Ahora deben de pensar que en pleno invierno les sobrará el agua.

Sin lujos posibles

Ahora en Común y Podemos han dado ya sobradas muestras de inteligencia política, sin embargo ni una ni otra iniciativa han estado a la altura ni del desafío que plantea el momento histórico ni del espíritu quincemayista del que ambas iniciativas dicen provenir.

La razón esgrimida para negarse a la confluencia ha sido siempre la misma: no renunciar a la marca Podemos. Sin embargo, nadie ha pedido nunca tal cosa

De cualquier modo, no podemos permitirnos el lujo del desánimo; la posibilidad obliga. Estos espacios son lo mejor que hemos sido capaces de construir y tienen que servir. Sigo pensando que Podemos es, a día de hoy, la única organización que aúna intención y capacidad para superar el régimen del 78 y generar una nueva institucionalidad al servicio de la mayoría social. De igual modo opino que, en este escenario, la formación ni puede ni debe renunciar al inmenso talento ni al capital simbólico y humano que atesora Ahora en Común.

En este aquí y este ahora, es preciso olvidarse de los procesos de confluencia ideales que habrían tenido lugar si unos y otros hubieran obrado de forma más responsable y aceptar, cuanto antes mejor, que una negociación –la correlación de fuerzas determinará en qué términos– es inevitable. Ahora bien, en cuanto salgamos de este insufrible ciclo electoral, es urgente que el pragmatismo tacticista instalado en el centro del discurso dominante deje paso a las utopías abandonadas en el camino, que son las realmente imprescindibles para el cambio.

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