Análisis
La izquierda en las instituciones: y después de las elecciones ¿qué hacemos?

Apuntes para responder a la pregunta de ¿qué hacer? después de las elecciones locales y autonómicas desde los movimientos sociales.

27/05/15 · 13:33
Festejo de Ahora Madrid el 24 de mayo. / Álvaro Minguito

Texto de Ferran Izquierdo Brichs, profesor de Relaciones Internacionales en la UAB i ex-concejal de Entesa per Sabadell.

Los resultados de Barcelona en Comú, Ahora Madrid y muchas otras candidaturas alternativas han sido un enorme éxito de la movilización popular. Pero, tras la celebración, se impone la reflexión sobre: y ahora ¿qué hacer? Tras unas campañas electorales intensas y aceleradas, estos grupos deben decidir como organizarse y como actuar. Además, cuentan con una gran cantidad de personas, muy ilusionadas y con deseo de participar. Estas personas son el poder de los grupos, y no se les puede desactivar. Se puede caer en la tentación de empezar la casa por el tejado y discutir sobre organización, democracia interna, elección de cargos, etc. Todo ello necesario, pero antes de crear una nueva estructura organizativa, para no caer en las inercias y errores de los grupos que nos han precedido, se debe tener clara la función de esta organización y qué se espera de la gente que participe en ella.

El debate sobre qué debe hacer la izquierda transformadora una vez llega a las instituciones debería haber sido central desde la transición, pero desgraciadamente no se produjo. El día a día de las instituciones y la lucha electoral se convirtieron en las actividades principales de partidos y sindicatos, lo que les llevó a perder la dimensión transformadora, si no en el discurso y las intenciones, sí en la práctica cotidiana. Por otra parte, la izquierda que no participaba en las elecciones centró el debate en la conveniencia de hacerlo, y durante mucho tiempo la posición ganadora fue la contraria.

Barcelona en Común, Ahora Madrid, Podemos, IU... deberían tener siempre una campaña en marcha con objetivos concretos y realistas

Hoy este debate parece resuelto a favor de intentar incidir directamente en la vida institucional, con Podemos, Ahora Madrid, Barcelona en Comú, las CUP y un largo etcétera de candidaturas populares y de confluencia que se han presentado con éxito a las elecciones. Pero si no queremos caer en los mismos errores que el PCE y el PSUC, y después IU e ICV, y también CCOO, se hace más necesario que nunca preguntarnos: ¿Y después de las elecciones, qué hacemos? ¿Y cuál tiene que ser la relación con los movimientos sociales?

La propuesta que hago en este artículo es una reflexión para este debate.

Dice el anecdotario que en una ocasión, el presidente Franklin D. Roosevelt contestó a un grupo de reformistas con quien se entrevistó: "Muy bien, ya me habéis convencido, ahora salid a la calle y presionadme". Como muy bien sabía Roosevelt, sólo la presión puede forzar o dar fuerza a un político para hacer cambios, y las élites tienen muchos más recursos para ejercer esta presión. En cambio, el poder de la gente de la calle es ella misma cuando se mueve. La izquierda sólo tiene la movilización social y por ello hay que mantener siempre el motor en marcha. Sindicatos y partidos de izquierda lo olvidaron después de la transición y, cuando llegó la crisis y el ataque más brutal de la derecha y el capital, ya no supieron o no quisieron ponerse al frente de las movilizaciones. Ahora no se puede repetir el error. Una vez hayamos votado, muchos esperarán o exigirán que Barcelona en Comú, Ahora Madrid y el resto de grupos y candidaturas de la izquierda se desmovilicen hasta las próximas elecciones. Y eso es justo lo que no podemos volver a hacer. Como defendía en otro artículo, Barcelona en Comú y los grupos de izquierda deben ser también movimientos sociales. Hay que recordar siempre que los votos son un medio, no el fin, y no son el medio más importante pues ganar elecciones un día si luego se es débil cuatro años no sirve de mucho.

¿Cómo hacerlo? La izquierda, tanto si está en el gobierno como en la oposición, debe mantenerse en campaña permanente, pero de una forma realista, que se pueda hacer con la gente, la dedicación y la fuerza que se tienen, y que pueda ofrecer resultados. Esto quiere decir que no se puede hacer todo y mucho menos al mismo tiempo. Es necesario que cada campaña tenga objetivos concretos, que se puedan trasladar en políticas públicas a llevar a cabo desde la institución en la que se tiene representación o sobre la que se quiere incidir. Y también es necesario que las campañas sean sucesivas, relevándose una a la otra.

En primer lugar hay que distinguir entre Barcelona en Comú, Ahora Madrid, Podemos... y sus grupos de electos municipales o parlamentarios, ya que las dinámicas serán diferentes. La movilización y reivindicación debería ser la actividad más importante de las organizaciones tanto si están en la oposición como si están en el gobierno. Para los grupos municipales y parlamentarios la movilización social debería ser su primera prioridad si están en la oposición, y su segunda (después del gobierno de la ciudad o del país) si están en el gobierno. De otro modo no se tendrá fuerza para llevar a cabo el programa.

La estructura y agenda de las organizaciones y de los grupos de representantes municipales y parlamentarios lo deben incorporar. La estructura debe facilitar: 1) la difusión y concienciación de problemáticas y propuestas; 2) la integración de nuevas personas al movimiento; 3) la creación de red y de alianzas; 4) la movilización social; y finalmente 5) repercutir todo lo anterior en las políticas de los ayuntamientos y de los gobiernos.

Las políticas públicas son el último paso y sólo serán posibles si se producen los pasos anteriores. Confiar en los equilibrios de votos en el ayuntamiento o el parlamento, como se ha hecho durante demasiado tiempo, lleva a la debilidad y a negociar desde la impotencia, con más concesiones que ganancias. Habrá que negociar, somos realistas, pero la fuerza para hacerlo dependerá de los pasos 1 a 4.

Barcelona en Común, Ahora Madrid, Podemos, IU... deberían tener siempre una campaña en marcha con objetivos concretos y realistas para mantener el movimiento vivo. Evidentemente, las campañas se hacen con movimientos sociales y asociaciones que ya se están movilizando, pero ello no implica renunciar a la iniciativa cuando sea necesario.

Las campañas sucesivas tienen muchas funciones:

Focalizar la actividad de las organizaciones de izquierdas y de su gente en objetivos concretos. De otro modo nos iremos desmovilizando, las organizaciones perderán su fuerza y ​​la actividad pasará a ser reactiva y dependiendo de lo que vaya pasando en el ayuntamiento y en el parlamento o de lo que haga el gobierno.

Las grandes empresas y los grandes partidos son máquinas conducidas por profesionales que no se detienen nunca. La presión sobre las instituciones es constante y su objetivo es acumular poder e influencia. La única manera de hacerle frente es manteniendo el movimiento social vivo, y esto sólo se puede hacer con objetivos concretos y realizables.

Las campañas, la gente movilizada, son el espacio natural de máxima participación de la gente en las decisiones sobre la ciudad, sobre la comunidad o sobre el país. Consultas, referéndums y otros mecanismos similares están muy bien y son útiles, pero la máxima implicación se produce con la movilización. La movilización es pues la máxima expresión de la democracia participativa, por lo que hay fomentarla si se espera que el lema de “mandar obedeciendo” que inspiró a Barcelona en Comú sea una realidad.

Las campañas dan sentido a las organizaciones de la izquierda tanto si están en el gobierno como en la oposición. Si están en el gobierno para ganar capacidad para llevar a cabo sus objetivos y para acercar la ciudadanía a las decisiones que se toman. Si están en la oposición para hacer presión para que el gobierno responda a las necesidades de las personas.

La iniciativa y participación de las organizaciones de izquierdas en las campañas ayuda a dar coherencia y enmarcar la actividad de los movimientos sociales y asociaciones en una misma visión estratégica de la sociedad.

El espacio natural de las organizaciones de izquierdas para hacer red con movimientos sociales y asociaciones es la campaña. Es donde habrá menos desconfianza y miedos a instrumentalizaciones electoralistas. Los movimientos sociales verán a las organizaciones políticas de izquierdas y los concejales y parlamentarios más cercanos y como aliados si actúan coordinados en campañas por los mismos objetivos.

Las campañas ligan la actividad de los grupos municipales y parlamentarios con la de los movimientos sociales: dan fuerza a las alcaldesas, concejales y parlamentarios al presionar sobre las instituciones, y los movimientos sociales ven cómo los representantes electos hacen repercutir las demandas en las instituciones. Al mismo tiempo, los concejales y parlamentarios también pueden ser un activo muy importante para la campaña, ya que sus actos tienen más resonancia pública, sobre todo en las acciones individuales o de pocas personas.

Como todos tenemos el tiempo limitado, y mucha gente de las organizaciones políticas de izquierdas forma parte también de movimientos y asociaciones, las campañas permiten a las personas que participan en los grupos políticos y movimientos sociales no tener que abandonar la actividad en un grupo por otro. No queremos desnudar un santo para vestir otro. La forma más natural de hacer coincidir la actividad en la organización política con la actividad en otros movimientos es el trabajo que se hace día a día en una campaña conjunta.

Hacer campañas sobre ámbitos diferentes activa a una gran diversidad de personas, que contactan con los grupos políticos y con los movimientos sociales, facilitando la incorporación de más activistas y fortaleciendo a todos.

Las campañas sucesivas permiten focalizar el esfuerzo en cada momento, según las circunstancias y la agenda tanto institucional como de la organización y los movimientos sociales.

Las campañas sucesivas facilitan el aprendizaje para ir mejorando. Es necesario que el comité de campaña de cada organización las analice para identificar aciertos y errores. Es importante encontrar el tiempo para hacerlo sistemáticamente, ya que es la manera de ahorrar más tiempo y energía, y de mejorar la efectividad de la acción. Hay que encontrar tiempo para la formación y para compartir experiencias.

Las campañas sucesivas permiten evitar el peligro y la tentación de querer hacerlo todo de golpe. El sistema no se puede cambiar en un día, y la gente saldrá a la calle por los grandes cambios cuando se haya acostumbrado a movilizarse y haya tomado conciencia de sus necesidades.

Las campañas son básicas para hacer redes y ampliarlas a niveles más altos, incluso estatal, europeo o global. Las redes de movimientos sociales se estructuran sobre todo a partir de campañas.

Finalmente, las campañas al ser diferentes la una de la otra, permiten racionalizar el esfuerzo permitiendo relevos de las personas activistas, del tipo de actividades y de los recursos, de forma que la energía se distribuya sin agotar a los participantes para que no se quemen.

Como decía al principio, esta es una propuesta para abrir un debate necesario, ya que la forma de hacer las cosas desde la Transición hasta ahora ha llevado a la impotencia y la frustración. La incapacidad de sindicatos y organizaciones políticas de la izquierda transformadora institucionalizada para hacer frente a la ofensiva de la derecha en los últimos años, y el distanciamiento de la gente, obligan a hacer las cosas de una manera diferente. Hace demasiado tiempo que sindicatos y partidos de izquierdas perdieron la iniciativa movilizadora, y era su única arma más allá de los votos. Al mismo tiempo, cada cuatro años ponen en marcha la maquinaria de las campañas electorales, con gente y medios que se pierden el resto del tiempo. Es necesario que esta gente, energía y organizaciones recuperen su espacio natural: la movilización y la red con el resto de movimientos sociales.

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