La clave de la porosidad en lo local

El 24M infundirá dinamismo al ciclo electoral.

, activista y concejal de Ahora Ciempozuelos
31/05/15 · 8:00
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Celebración de los resultados electorales en la Cuesta de Moyano de Madrid. / Álvaro Minguito

Era mucho lo que había en juego en las elecciones locales y autonómicas para las fuerzas de ruptura. Mucho y en muchos sentidos. Un mal resultado en estas escalas de gobierno hubiera supuesto un drástico cierre de ciclo: el abierto por el 15M y más tarde profundizado institucionalmente por Podemos. Por suerte no ha sido así, y el ciclo continúa estirándose con vistas a las elecciones generales.

Ahora bien, la sorpresa no ha venido de la mano de Podemos, cuyo impacto en el plano autonómico ha sido bastante tibio, sino de las candidaturas municipalistas que concurrían en muchas ciudades y pueblos: Barcelona en Comú, Zaragoza en Común, Por Cádiz Sí Se Puede, Marea Atlántica, Compostela Aberta, Ahora Madrid, etc. Es significativo que, por ejemplo, la candidatura liderada por Manuela Carmena haya obtenido el 31,85% del voto en Madrid, mientras que la de Podemos para la comunidad madrileña no haya pasado del 18,59%. Si el municipalismo más potente consigue disputar primeras y segundas plazas, el nuevo partido sólo llega a terceros, cuartos y quintos puestos en el plano autonómico. La estrategia seguida en estos comicios por Podemos no ha servido bien al objetivo de ganar. Toda una lección por la vía de los hechos. Y los hechos, cuando no son bien afrontados, pueden acabar en sonoros fracasos a la larga –que se lo digan a IU–.

La ‘apuesta municipalista’, cercana a los repertorios políticos vinculados a la movilización, ha sabido construir un modelo y estilo propios. Más que de una suerte de ‘identidad’ o ‘marca’ –aunque rostros y denominaciones hayan sido muy importantes– hablaríamos de una estrategia de organización diferente. Las asambleas abiertas, los grupos de trabajo y los eventos públicos, siempre participados e inclusivos, han marcado la agenda de estas iniciativas. Guiadas por una lógica de la proximidad, las candidaturas han movilizado a los agentes sociopolíticos locales para hacerles parte del proceso. ¿Qué se ha conseguido con esto? Pluralidad, dinamización del tejido social y conocimiento. La capitalización política de una serie de experiencias que hubieran pasado desapercibidas a un modelo vertical, centralista y ‘vanguardista’ –como el de Podemos–. Si ha habido algo distintivo en el municipalismo que más fuerza ha adquirido, ha sido su porosidad al entorno y constitución a través de consensos amplios. Algo que ha permitido implantación territorial al tiempo que solidez orgánica más allá del corto plazo.

El 24M parece enseñarnos una sencilla regla política que permite relacionar lo local y lo autonómico: las sumas bien hechas siempre acaban por sumar, mientras que las restas –según está la coyuntura– no dejan de restar. Con todo, cabría poner entre paréntesis lo que se ha entendido en las candidaturas municipales por ‘unidad popular’. En los espacios locales en los que ésta ha cuajado, articulando procesos con las mayorías sociales del territorio, su rendimiento ha sido impresionante. En los que no –y aquí los factores que lo han impedido son múltiples–, los efectos han sido tímidos o moderados. En cualquier caso, nunca serán lo mismo las hostilidades partidistas –de diverso signo– que la inexperiencia o las dificultades impuestas por la agenda electoral. En cuanto a Podemos, queda claro que –si no quiere seguir caminando en retroceso– debería aprender de las sumas más virtuosas, aquellas que han conseguido mejores resultados en el ámbito municipal.

Con suerte, el terremoto municipalista infundirá dinamismo al ciclo electoral, dando aliento a un Podemos que tendrá que decidirse: o seguir por una línea que augura resultados mediocres –al menos si se quiere ganar– o convertirse en una herramienta política más aglutinadora y expansiva. El gatopardismo de Ciudadanos, por cierto, no lo pondrá fácil. Sólo un partido renovado, plural y participativo, capaz de construir unidad popular –una unidad que mire más allá de las clases medias, del bloque social que tan bien sirvió a la transición–, logrará romper con el Régimen del 78 y la austeridad.

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