Ada Colau
Candidata de Barcelona en Comú
“Un gobierno debe reforzar los contrapoderes”

Abrir las instituciones y democratizarlas es una apuesta central de esta candidatura.

18/05/15 · 8:00
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Ada Colau durante la entrevista en Madrid. / Álvaro Minguito

Se mueve en un maratón de mítines, entrevistas y sesiones de fotos, aunque confiesa que lo que de verdad le gusta son los encuentro en los barrios, “hablar con los vecinos y vecinas, es lo más potente”. El barómetro del CIS le da una victoria casi rotunda, pero si tuviera que pactar descarta hacerlo con partidos que “representan el modelo de ciudad que queremos revertir, como CiU o el PP”. Con el resto, pondrán el modelo de ciudad sobre la mesa para ver qué se puede construir. Repasamos la coyuntura electoral y las apuestas de Barcelona en Comú, una candidatura que Ada Colau define como “abierta, plural, transparente e independiente” y con un objetivo muy claro: “llegar a las instituciones de gobierno para abrirlas y democratizarlas”.

En el programa de Barcelona en Comú habláis de una política con las personas, ¿cómo vais a mantener el vínculo con los distintos movimientos y la calle?

Hay que repensar qué significa eso de mandar obedeciendo y cómo podemos hacerlo. Los partidos políticos, tal y como los conocíamos, han caducado. No es sólo un problema de bipartidismo, de corrupción o de connivencia entre poder público y privado, sino que hay una forma misma de partido como lugar privilegiado para la participación política que viene de la Transición, que no ha cambiado en 40 años. Necesitamos pensar en cómo hacemos política más allá de la corrupción. La ciudadanía ha asumido que votar cada cuatro años no es suficiente para que la democracia funcione. Se ha despertado una conciencia crítica muy fuerte y delegar la democracia como si fuera sólo un tema de gestión ha fracasado. Cada persona debe corresponsabilizarse de su realidad en la medida de sus posibilidades. Esto no significa que todo el mundo se ponga a hacer política todo el rato, pero la gente se tiene que ocupar de los asuntos públicos desde su ámbito laboral, desde su barrio, desde su escalera de vecinos y vecinas... Afortunadamente no partimos de la nada. Existen los movimientos sociales y hay un gran trabajo hecho por mucha gente que, incluso antes de las grandes movilizaciones sociales, ya llevaba bastantes años trabajando y pensando en torno a la participación y la horizontalidad. Todo eso ahora es muy útil.

¿Qué mecanismos vais a desarrollar para garantizar una participación real?

La participación no debe verse como una concesión de arriba a abajo, sino como una forma de gobernar, que es diferente. Necesitamos incorporar la participación desde el principio hasta el final de la política pública detectando las necesidades, y en ese proceso, quién mejor que el propio barrio para saber cuáles son sus urgencias y sus prioridades, al igual que en sanidad o educación las personas usuarias o profesionales. Se trata de ir haciendo esas experiencias que permitan gobernar de otra manera. Cuando tú haces espacios abiertos como el 15M, las Mareas o la PAH, donde todo el mundo puede participar, se detectan mejor los problemas. Con los desahucios no hubo ningún partido ni institución que previera lo que estaba pasando. La ciudadanía no sólo detectó el problema, fue capaz de anticiparse y de dar respuesta, de parar desahucios o forzar a los bancos a negociar. Fue capaz de hacer eso que las instituciones decían que no se podía hacer. Todo esto son demostraciones de que no es simplemente una cuestión de democracia o de justicia en abstracto, sino que si queremos tener una mejor democracia para que los recursos estén al servicio de la gente y se hagan políticas que respondan al bien común, hay que hacer espacios políticos abiertos y participativos. Todo eso hará que podamos anticiparnos a los retos y corregir los errores, porque nadie es infalible.

"Este momento pasa por feminizar la política en un sentido amplio. Hay gente deseosa de otras maneras de hacer"

 

Cuando se llega a una institución de gobierno no se parte de cero, hay unas herencias muy claras. Muchas administraciones locales, además, están blindadas a cualquier transformación, ¿de qué manera pensáis en esos límites?

Hay que evitar el maximalismo o la ingenuidad, pensar que si tú ganas unas elecciones vas a poder hacer cualquier cosa. Eso sería irreal, pero también hay que saber ver que se pueden hacer muchas cosas que no se están haciendo y que si tú empiezas a hacerlas, seguramente vas a cambiar dinámicas y formas de hacer que van a posibilitar que cada vez más cosas sean posibles. Por ejemplo, en economía, si creemos que hay que generar ocupación porque tenemos un problema de desempleo y precariedad, ¿cómo le hace frente un Ayuntamiento a algo tan estructural si la mayoría de legislaciones, como la reforma laboral, son estatales? Nosotras llevamos una propuesta con Barcelona en Comú que es el sello de calidad contractual que implica que el Ayuntamiento predique con el ejemplo con sus más de 12.000 trabajadores y trabajadoras e implemente los derechos laborales básicos como salarios dignos, horarios para conciliar o revertir externalizaciones que están generando precariedad y que están poniendo en peligro servicios públicos. Hay problemas estructurales que van a ser batallas de largo plazo pero como Ayuntamiento tienes una capacidad de incidencia brutal.

¿Cómo se concilian estas propuestas yendo de la mano de un partido como Iniciativa per Catalunya, promotor de políticas que han llevado a Barcelona a ser una ciudad marca al servicio del turismo?

Desde Barcelona en Comú creemos que hay que cambiar las formas de hacer política y eso lo concretamos en códigos éticos, compromisos concretos y en poner los objetivos por delante de las siglas y quien sea, que se apunte a eso. ¿Cuál es la mejor receta para que este proceso tenga éxito? Que sea lo más colectivo posible, que haya transparencia. A partir de ahí se pueden tomar muchas medidas como las que ya hemos comentado.

Hay que aprender de la lección de la Transición, todo lo que se luchó por la democracia, una lucha real en la que se consiguieron cosas. Sería un relato histórico muy infantil y vacío decir que la Transición fue un engaño, es una ofensa a toda la gente que se dejó la vida y fue torturada. Se consiguieron cosas, pero fue insuficiente y se sacrificaron muchas otras que luego hemos pagado. En ese momento, con las ansias de democracia, se tuvo la tentación de delegar completamente en las instituciones, como si la democracia fuera un punto de llegada. Fue un error, porque el poder nunca se vigila a sí mismo y hace falta una ciudadanía activa que vigile siempre, gobierne quien gobierne. Si queremos democratizar la institución, tenemos que pensar cómo usamos el gobierno para reforzar los contrapoderes, algo que no hemos pensado tanto hasta ahora, es algo que va más allá de reconocer como interlocutores válidos a la ciudadanía.

El asalto institucional tiene su idiosincrasia en cada territorio, sin embargo, hay denominadores comunes como el vaciamiento de las calles o unas formas políticas testosterónicas y machistas. ¿Cómo se vive todo esto siendo mujer?

Los procesos de cambio que se están dando van mucho más allá de un ciclo electoral y no creo que haya que tenerle miedo al run run del vaciamiento de las calles siempre y cuando seamos consciente de que es algo normal que en un año electoral lo electoral tenga más centralidad. Lo que está pasando ahora es posible porque ha habido muchas movilizaciones importantes y experiencias a otros niveles, aquí y en otros países. Hay una conciencia global de que el problema no es simplemente de unos chorizos que se han apropiado de nuestras instituciones, que también, sino que de fondo hay un tema cultural. Como sociedad nos hemos dejado llevar por el neoliberalismo, no como sistema económico, sino como sistema cultural individualista, competitivo y machista, con valores que no funcionan para vivir bien. Los cambios culturales no se producen ni en un año ni en cinco, se producen en décadas. Tenemos que saber aprovechar esta crisis económica, política, cultural y de valores para dar referentes alternativos, plantear otras formas de hacer, que pueden venir del feminismo o del ecologismo. Hay mucha gente deseosa de otras maneras de hacer. El momento que estamos viviendo también tiene la parte de oportunidad, eso pasa también por feminizar la política en el sentido amplio de la palabra, no sólo que las mujeres sean más visibles y estén más presentes en los lugares de decisión, que también, sino que se integren esos otros valores que necesitamos para que podamos vivir mejor y ser más felices.

Antes hablabas de la Transición, donde una de las frases que más se oía ante las reivindicaciones feministas era el "ahora no toca". Primero el poder y luego ya veremos, pero nunca llegó.

Según me preguntabas me venían distintas imágenes a la cabeza. Cuando estaba con la PAH era un mujer muy visible. En ese momento ya tuve experiencias potentes en espacios muy machistas como la política o los medios de comunicación. Pero una cosa que me impresionaba muchísimo es que caminando por la calle me paraban mujeres de 70 y 80 años llorando, abrazándome. En una ocasión una de ellas me dijo "no sabes lo feliz que me hace verte allí". Son mujeres que han batallado durante décadas, que han vivido todos estos procesos y que de pronto encuentran a una mujer joven que es muy visible y que está peleando. Esto me sigue pasando con Barcelona en Comú. Hay muchas mujeres muy mayores y que se han repolitizado y están primera línea por el proceso, pero también por ver a mujeres visibles cogiendo el protagonismo de estos procesos colectivos. Está la parte mala de sufrir esos gestos paternalistas o machistas que todas hemos vivido y también la parte bonita que mucha gente que está deseosa de otro tipo de referentes. Me quedo con lo positivo porque veo a mucha gente con ganas de demostrar que se puede hacer de otra manera.

¿Cómo se pasa de la PAH a la política institucional? ¿cómo te afecta el cambio?

Es una amalgama de sensaciones contradictorias y complementarias. Ser muy visible tiene lo malo y lo bueno. Pero el motivo por el que eres visible es muy importante. Si es por un proceso colectivo y hermoso, donde mucha gente se identifica también recibes todo lo bueno. Cuando venía de la experiencia de la PAH y me planteé dar este paso, dudé mucho, pero pensaba que en el tema de la sobreexposición pública ya estaba curtida: el PP ya me había llamado terrorista, había recibido amenazas de muerte y pensaba que ya había hecho el callo. Pero me equivoqué. Cuando te acercas al poder político, se mueven otras dinámicas. Mucha gente te podía ver con simpatía cuando eras de un movimiento social pero cuando te acercas al poder, lo puedes conseguir y puedes desplazar a quien lo tiene, te empiezan a ver como adversaria. El poder, tal y como está concebido hoy, activa la miseria humana. La política electoral está hecha para que sea insostenible e inhumana. No está hecha para las personas normales sino para estructuras profesionales despiadadas que tengan un ejército de personas liberadas, dinero, relaciones de poder e influencia. Es evidente que lo sufrimos. Una campaña electoral es muy dura. Por eso todas y todos estamos haciendo un sobreesfuerzo. Es un proceso colectivo donde hay cientos de personas que se están dejando la piel, sacrificando su vida laboral y personal y quitándose horas de sueño.

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