La decadencia del bipartidismo
Ensayo general del bipartidismo en las autonómicas y locales

Los partidos plantearán una estrategia que dure hasta noviembre.

11/03/15 · 8:00
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En el contexto del Foro Económico Mundial de Davos se dan orientaciones que atañen a todos los campos de gestión del poder, especialmente al modo de gobernar más útil para la gente que está reunida en Davos. “Debemos decir adiós a la época de las mayorías absolutas en la UE”, decía en ese contexto la analista del grupo bancario Citi Tina Fordham. La sentencia se aplica también a los próximos comicios municipales y autonómicos, que pondrán a prueba las mayorías absolutas del PP en ocho comunidades y pueden mostrar hasta qué punto el PSOE va a sacrificar su discurso para evitar que gobierne Podemos.

Pero no hay que esperar, sobre todo antes de las generales, “una gran coalición, sino una fórmula de apoyo externo” que variará en cada sitio en función de los resultados de los partidos más votados, dice Jorge García Castaño exconcejal de IU en el Ayuntamiento de Madrid. Cuanto más pequeños sean los municipios, precisa, “más tendencia habrá por parte del PSOE de apoyar gobiernos progresistas”. “Cuanto más arriba”, contrapone, habrá una mayor tendencia a sacrificar la gobernabilidad, por lo menos, hasta después de las generales. En el caso de Podemos, García Castaño identifica un punto débil en la estrategia de la formación de Pablo Iglesias, dirigida sobre todo a las autonómicas y a las generales: “La poca atención dada a lo local puede generar muchos problemas, mucho ruido, mucha frustración, porque al final la gente vive en los municipios”.

Quiniela electoral

cCon esa foto, en las autonómicas se dan tres escenarios: las autónomas, donde Podemos puede obtener mayoría –según las encuestas, a priori, Asturies y Navarra–; aquellas donde el PP obtendrá a priori una mayoría holgada que le permita gobernar con apoyos del centro nacionalista o regionalista –desde UPyD al Partido Riojano o el PAR en Aragón– y los feudos populares donde sea posible una coalición de varios partidos, una situación que puede darse en lugares como Madrid, Baleares o el País Valencià. Lugares en los que, si Podemos es la segunda fuerza más votada, el PSOE tendrá que decidir si, por omisión, deja gobernar al PP o si da su apoyo a Podemos.

Allí donde Podemos le supere en votos, al PSOE le valdrá con la abstención para dejar vía libre al PP para gobernar

Pese a que el pacto a nivel autonómico ya se ensayó entre 2009 y 2012 en el País Vasco y actualmente en el principado de Asturias, donde el PP ha ayudado al Gobierno de Javier Fernández (PSOE) a aprobar los presupuestos para 2015, la parada más sorprendente puede ser Andalucía, donde el PP puede pasar de ser el azote del hegemónico PSOE a su sostén tras las elecciones. En plena precampaña, el presidente de Ciudadanos alertaba sobre un “pacto de la decadencia” entre PSOE y PP. “Tú gobiernas la Junta y yo en las diputaciones y los ayuntamientos de las capitales andaluzas; tú tienes tus casos de corrupción y yo, los míos”, ironizaba Albert Rivera, de Ciudadanos, en un mitin en Sevilla el 1 de marzo.
Un analista cercano a Podemos cree que el movimiento de Susana Díaz de adelantar los comicios al 22 de marzo puede volverse en contra de la actual presidenta de la Junta.

También lo dicen las encuestas. El 27 de febrero, Deimos-Andalucía pronosticaba para los socialistas andaluces el peor resultado de su historia. Sin embargo, la simple abstención del PP en la investidura permitiría a Díaz repetir mandato, un escenario que reforzaría el discurso y la estrategia de Podemos de cara a las generales. En todo caso, “el PSOE no se va a echar en brazos del PP, sino que va a ser el PP el que va a apoyar al PSOE para que gobierne”, explica un analista político cercano a Podemos.

En Asturies, una hipotética victoria de Podemos en las autonómicas plantearía un escenario complejo en el que, apunta una de las fuentes consultadas, cabe la posibilidad de que el PSOE se abstenga en la investidura y deje gobernar a Podemos. A partir de ahí, PSOE y PP adoptarían un objetivo común: “Derribar el Gobierno, demostrar que son unos inútiles, dejar ver que la gente de Podemos no sabe gobernar, que no sabe sacar leyes, que no consigue acuerdos, etc”.

Pero, quizá hay que plantear la pregunta desde el otro lado: ¿apoyaría Podemos un gobierno de los socialistas en Madrid, Aragón o el País Valencià? Las décadas de gobiernos autonómicos populares no han pasado en balde, y sería difícil de explicar a gran parte del electorado que la omisión de Podemos permita mantener el mando autonómico al Partido Popular en esas comunidades.

Pese a la importancia estratégica de las autonómicas y municipales, ningún partido pierde de vista la última estación de este paseo electoral, las generales de noviembre, confirma García Castaño, y añade que los principales partidos, incluidos Podemos y Ciudadanos, se encuentran ante una encrucijada de difícil salida: ante la previsible inexistencia de mayorías absolutas tendrán que decidir si consienten gobiernos en minoría de fuerzas contrarias a sus principios o, en caso contrario, si muestran todas sus cartas apostando por distintas modalidades de pacto que aseguren, según su perspectiva, el gobierno menos malo. Y pone como ejemplo Madrid: “Después de 20 años de gobierno del PP en la Comunidad, quien no ponga toda la carne en el asador por echar al PP lo va a pagar carísimo. Yo no digo que no tenga precio la otra opción, pero no echar al Partido Popular tiene un precio altísimo en Madrid. Y en otros sitios pasa lo mismo”.

No obstante, discrepa el observador electoral internacional Josep Vidal i Negre, hay lugares en los que la identificación entre los dos partidos, sintetizada en la fórmula PPSOE, ha quedado en evidencia a raíz del 15M, y por tanto un pacto con los socialistas también sería considerado “contranatura” para el electorado de Podemos: “En Madrid, por ejemplo el cansancio [tras años de Gobiernos del PP] es grande, pero el PSOE está apestado. La estrategia debe ser dejar que se visualice ese pacto: señalar a la casta. Esto da mucho juego a Podemos”.

Podemos “está grogui, les han metido una somanta de palos que no se enteran de dónde le viene”
Un documento interno de Podemos al que ha tenido acceso Diagonal muestra que la línea a seguir se basará durante las elecciones en poner “la pelota en el tejado del resto”, y marcar las líneas rojas a un posible pacto que suponga “un giro de 180 grados” con respecto a lo que los partidos mayoritarios han hecho hasta ahora. Entre esas líneas rojas: el compromiso de no asumir recortes presupuestarios en sanidad y educación; la puesta en marcha de medidas contra la evasión fiscal y aceptar una auditoría de los contratos públicos; medidas contra los desahucios y medidas que escenifiquen “nuestro compromiso con la transparencia y la austeridad”. Sin embargo, como señala Vidal, Podemos aún se está inventando, y la política de pactos dependerá de las sensibilidades de los consejos autonómicos recién elegidos y de las cabezas de lista que salgan del proceso de primarias que comienza este mes de marzo.

Recuperación

Otro analista consultado cree que, al contrario de lo que se decía el pasado otoño, “las autonómicas y las municipales es lo que puede determinar la estrategia para las generales”. Y es que, el caso Monedero, que terminó con la comparecencia del propio Juan Carlos Monedero ante los medios para explicar la regularización de sus cuentas con Hacienda, ha debilitado a Podemos: “Están un poco groguis, les han metido una somanta de palos en el último mes que no se enteran de dónde le viene”, resume uno de los expertos. Las andaluzas, en las que Teresa Rodríguez parte sin el desgaste que soporta Podemos en Madrid, son una manera, en opinión de este analista, de refrescar la ola de ilusión generada a raíz de las elecciones europeas de mayo y recuperar la hegemonía social de cara a las generales. Pero, según resume este experto, hay una cuestión vital por resolver: “O hay una estrategia para recuperar la movilización social o va a haber un problema”.

El factor reparto de recursos

La crisis ha evidenciado el “pacto tácito” entre las dos grandes formaciones del bipartidismo. Pero, al mismo tiempo, señala Nuria Alabao, ha azuzado el “enfrentamiento entre las élites”, también en el interior de estos dos partidos. “En momentos de crisis, como hay menos dinero, menos puestos políticos para repartir, las élites empiezan a pelearse por ese trozo del pastel que se ha reducido, y es por eso que en este momento de crisis vemos más casos de corrupción, más peleas internas, incluso dentro de los partidos”. Si hay dinero para repartir, si fluye “esa especie de aceite que engrasa las relaciones entre las élites”, razona Alabao, “el sistema funciona”. 

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