Bruno Poncelet
Coordinador de la campaña Notransat contra el TTIP
"El TTIP es una injerencia de las multinacionales en la vida política"

Entrevista con Bruno Poncelet, coordinador de la plataforma contra el tratado transatlántico Notransat. También es el autor de los libros "Europa: una biografia no autorizada" y de "El Gran Mercado Transatlántico", con prefacio de Jean-Luc Mélenchon, candidato del Frente de Izquierda a las presidenciales francesas de 2012.

19/11/14 · 14:17
¿Cuál es su análisis de las revelaciones sobre el espionaje de la NSA hechas por su ex agente y lanzador de alertas Edward Snowden, que dieron lugar a reacciones muy variadas por parte de jefes de Estado como Dilma Rousseff, Angela Merkel, Hollande hace un año?

Las injerencias de los Estados Unidos en la vida europea no son nuevas, sobre todo en lo que respecta a la seguridad. Nos recuerdan el episodio de los "ejércitos de la sombra" [en España es conocida como Operación Gladio, y fue denunciada por países como Italia, Bélgica o Turquía ya en los 90, n.del Ed]. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos promovió la contratación de nazis y criminales de guerra para formar ejércitos secretos en Europa, a espaldas de los Parlamentos nacionales. Sólo unas pocas élites europeas escogidas (primeros ministros, oficiales militares de alto rango, servicios secretos) estaban al tanto e involucrados activamente en la organización de esas redes militares clandestinas...

"Las élites financieras necesitan una parte del mundo político para que su visión de la sociedad pueda avanzar"

Así pues, la injerencia de Estados Unidos no es algo nuevo, no más que el acuerdo tácito (o la complicidad activa) de una parte de nuestros líderes para desarrollar esos proyectos sin el conocimiento de las poblaciones. En última instancia, lo que es nuevo con la NSA y el espionaje de las conversaciones telefónicas de Merkel es que la injerencia estadounidense tiene lugar a espaldas... de nuestros dirigentes políticos. ¿Significa ello un importante caso de casus belli entre ellos y los Estados Unidos? Francamente, yo no lo creo.

Volvamos por un momento a los ejércitos de la sombra de la OTAN: cuando estalló el escándalo (en los años 90), el Parlamento Europeo exigió que se arrojase la luz sobre este caso, en el que se sospechaban particularmente muertes y atentados... con la complicidad de ¡nuestros servicios secretos y algunos militares occidentales! Pero a continuación, hubo muy poca luz sobre lo que realmente sucedió...¡y un montón de nuevos acuerdos en materia de seguridad entre Europa y los Estados Unidos! Por eso, hay un margen, mucho margen, entre los discursos oficiales de aquel momento y las prácticas reales que se inscriben en la continuidad...

¿Cree usted entonces, que la complicidad entre las élites políticas y económicas de Europa y Estados Unidos va a ser completa?

Como iba diciendo, cuando a Europa se le sorprende con la mano en el saco, o cuando Europa sorprende a los Estados Unidos con la mano en el saco, haciendo cosas poco democráticas, poco cívicas, se suele poner el grito en el cielo... pero enseguida lo que hay es el "business as usual", incluso si ese negocio es la seguridad. Es decir, que se vuelve rápidamente a los métodos de pacto y complicidad entre los Estados Unidos y la Unión Europea.

De este modo, tras las revelaciones de Edward Snowden, hace un año el Parlamento Europeo hizo dos votos sobre el tema (2). En la primera votación el 23 de octubre de 2013, los eurodiputados se preguntaban si el espionaje de la NSA debia o no justificar la interrupción, al menos temporalmente, del programa de intercambio de datos SWIFT. Mediante este programa, los Estados Unidos tienen acceso a los datos bancarios de los ciudadanos y las organizaciones europeas, a condición de que Europol, la agencia policial europea, esté de acuerdo. Tienen pues el acceso legal, pero condicionado al acuerdo de Europol. Sin embargo, sospechamos fuertemente que la NSA ha espiado el servidor SWIFT para acceder a todos los datos, es decir, también aquellos a los que los Estados Unidos normalmente no tienen acceso.

De ahí que los eurodiputados se preguntasen si hacia falta interrumpir, provisionalmente, ese acuerdo SWIFT con los Estados Unidos (mientras se llevase a cabo una investigación independiente para averiguar lo que realmente sucedió). Una mayoría del Parlamento Europeo votó a favor de suspender el acuerdo. Eso estuvo muy bien. Por desgracia, ese voto era meramente consultivo, porque el poder de toma de decisiones, en este asunto, está en manos de la Comisión Europea, que dijo: "vamos a continuar como antes nuestro programa de intercambio de datos financieros con los Estados Unidos."

La segunda votación del Parlamento Europeo se llevó a cabo el 18 de noviembre 2013, y la pregunta planteada era: para mostrar los Estados Unidos que estamos enfadados por su espionaje ilegal, ¿no deberíamos congelar las negociaciones transatlánticas sobre el TTIP (es decir, la propuesta de creación de un gran mercado común de la UE-EE UU)? En este punto concreto, el Parlamento Europeo consideró que el espionaje ilegal de los Estados Unidos no era una razón suficiente para detener las negociaciones transatlánticas (TTIP) para crear un gran mercado común.

Así que estos dos ejemplos recientes son la ilustración concreta de la continuación de una realidad política muy vieja: tanto en el caso de que los estadounidenses nos espíen a nuestras espaldas, como en el de que nuestros líderes estén de acuerdo con ellos para desarrollar estrategias de seguridad antidemocráticas, cuando ello se descubre y se expone en la plaza pública sin duda es algo escandaloso...los órganos electos (como el Parlamento Europeo) reaccionarán y se indignarán... Pero al final, esa indignación es como una tormenta en un vaso de agua, y nada que sea fundamental va a ponerse en tela de juicio sobre la política común europea y estadounidense... Así que Angela Merkel probablemente no haya apreciado el hecho de haber sido espiada personalmente, pero eso no es suficiente para cuestionar el vínculo estructural entre Europa y los Estados Unidos.

Acaba de ilustrar perfectamente lo que mucha gente siente hoy en día, es decir la desconfianza hacia la vida política. ¿Cree usted que las élites financieras pueden tener algún interés en desacreditar a los representantes políticos?

Honestamente, creo que no. Por el simple hecho de que las élites financieras necesitan una parte del mundo político para que su visión de la sociedad pueda avanzar. Tomemos el ejemplo de las negociaciones para crear un mercado transatlántico (TTIP): estas negociaciones son políticas y, por lo tanto exigen representantes políticos con cierta legitimidad. En este caso, se trata de "expertos" --más bien tecnócratas--, designados por la Comisión Europea con el apoyo de los gobiernos nacionales. En resumen, las élites financieras (así como las industriales y comerciales) están tratando de provocar, en el mundo de la política, un desplazamiento de la legitimidad del poder. Lo que ellas quieren promover, son formas de gobernanza opacas, alejadas de la gente, en las que quienes tomen las decisiones no hayan sido electos. Por el contrario, lo que les interesa desacreditar es la legitimidad del poder político a una escala local (en especial nacional), así como las finanzas públicas cuando éstas se ponen al servicio de la solidaridad.

Las multinacionales 
ya pueden elegir entre 28 países diferentes, por lo tanto, entre 28 diferentes normas fiscales, salariales y sociales

Es lo que hemos visto con la crisis en la zona euro, en la que el guión se ha jugado en mi opinión, en tres tiempos. El primero es la propia crisis financiera, o sea el momento en que los bancos (a fuerza de haber especulado sobre hipotecas de alto riesgo, que animaban a millones de pobres a endeudarse más allá de sus capacidades financieras) lógicamente deberían haber ido a la bancarrota. El segundo episodio es cuando los gobiernos salvan a los bancos de la quiebra. Según la Comisión Europea, ese rescate ha costado a las finanzas públicas europeas (es decir: a nosotros, los que pagamos impuestos) el importe total de 1.600.000 millones de euros. En ese momento, nuestros políticos dijeron, "sin duda, no es muy moral salvar a los bancos de la quiebra, mientras que han especulado de manera masiva, pero... os prometemos que vamos a ponerle un bozal al mercado financiero". Luego viene el episodio siguiente, y es el momento que vivimos hoy en día cuando escuchamos "Eh, que las finanzas públicas realmente se han pasado de rosca: la Seguridad Social está en números rojos. Ya no podemos permitirnos el lujo de la solidaridad, hay que practicar la austeridad".

Desde el momento en que nuestros gobiernos aceptan ese guión de la austeridad, e incluso le da una fuerza jurídicamente vinculante, mediante la adopción de nuevos tratados europeos (lo que se llama la nueva gobernanza económica europea), estoy convencido de que a las élites financieras no les interesa en absoluto desacreditar a esos representantes políticos...que actúan exactamente en la dirección deseada por las grandes multinacionales. El verdadero problema, para los grupos de presión empresariales y sus lobbies, es más bien cómo deslegitimar determinadas políticas, en especial las políticas de solidaridad y de servicios públicos. Así, desacreditar a las finanzas públicas, por ejemplo, diciendo que los griegos "vivían por encima de sus posibilidades", etc. eso sí que creo que está claramente en marcha.

¿Qué destacaría usted del gran mercado transatlántico en materia de seguridad?

No es un aspecto meramente de "seguridad", sino más bien algo que excede ese ámbito. Después del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de los Estados Unidos y los europeos aprovecharon la ola de emoción y miedo para aprobar nuevas legislaciones, en especial antiterroristas. Oficialmente, se trata de protegernos contra los "malos". El problema es que esas leyes están diseñadas de la siguiente manera: cada ciudadano es un terrorista potencial y debe ser vigilado muy de cerca por las autoridades. En el proceso, perdemos libertades (como el derecho a la intimidad) que no están ahí por casualidad.... sino como resultado de experiencias históricas trágicas, incluyendo la represión del Estado contra los movimientos sociales que consideran molestos. Por eso las llamo políticas "liberticidas": con el pretexto de protegernos mejor, se pone en marcha un nuevo marco legal que da nuevos derechos a los poderes represivos de los Estados (fuerzas de policía, tribunales), todo lo cual se basa en una interpretación muy libre --quiero decir: demasiado vaga y arbitraria-- de lo que es (o no es) un terrorista. En ese contexto, los Estados Unidos y la Unión Europea han establecido varios acuerdos de seguridad transatlánticos.

En 2010 ya entraron en vigor dos acuerdos. El primero es un acuerdo de investigación judicial transatlántica, que establece que los investigadores estadounidenses puedan trabajar en suelo europeo, pero que también permite el uso de la videoconferencia para escuchar a testigos o expertos ubicados en los Estados Unidos durante los procesos en Europa y viceversa. El segundo acuerdo que entró en vigor facilita en gran medida las extradiciones judiciales transatlánticas: al igual que la orden de detención europea, su objetivo es el de extraditar mucho más rápidamente a los detenidos o sospechosos de la UE a los Estados Unidos. Para lograrlo, se tienen que dejar de lado toda una serie de garantías destinadas, por ejemplo, a asegurar un juicio justo o a que la persona no sea perseguida por razones políticas. De hecho, la única reserva significativa que permanece vigente, es la posibilidad de que Europa se niegue a la extradición si la persona extraditada se arriesga a ser condenada a la pena de muerte en los Estados Unidos. Sin salir del contexto del antiterrorismo, hoy en día también están en vigor unos acuerdos transatlánticos de intercambio de datos. El acuerdo denominado Registro de Nombres de Pasajeros (Passenger Name Record), transfiere a los Estados Unidos, de forma automática, todos los datos de las compañías aéreas sobre quién va a aterrizar o sobrevolar el territorio de los Estados Unidos. Esto incluye tu número de cuenta bancaria, la dirección de tu casa, el peso de tus equipajes, las personas en cuya compañía estás viajando...Hace algunos años, por esa razón, un avión fue desviado en pleno vuelo porque había, entre los pasajeros... un abogado del grupo de la GUE (Izquierda Unitaria Europea) en el Parlamento Europeo. Por haber criticado la política europea en América del Sur, ese pasajero ¡era considerado potencialmente un terrorista y un peligro para los Estados Unidos!

El otro gran acuerdo transatlántico de intercambio de datos, es el SWIFT, del que hemos hablado antes: siempre que Europol (la Agencia de Policía Europea) esté de acuerdo, los Estados Unidos reciben todas las informaciones bancarias (como las transferencias bancarias) de dicha persona o dicha organización... Estos acuerdos están en vigor hoy y se mantienen a pesar de las violaciones de nuestra privacidad de las que son culpables los Estados Unidos. Especialmente a través de las escuchas de la NSA, pero también por la eliminación, en suelo europeo, de personas extraditadas clandestinamente por la CIA en terceros países para ser torturados.

¿Como resumiría usted entonces la amenaza fundamental que representa el tratado transatlántico?

Si nos referimos a las negociaciones en curso para crear una zona de libre comercio transatlántica (el TTIP), hay que saber que su principal objetivo es dar más poder a las multinacionales. En especial dejándoles la elección de las leyes bajo las cuales desean trabajar: hoy, con el mercado único europeo, las multinacionales ya pueden elegir entre 28 países diferentes --por lo tanto, entre 28 diferentes normas fiscales, salariales y sociales--, al tiempo que cuentan con la garantía de que sus productos puedan circular libremente. Esto es lo que destruye, concretamente : los buenos salarios, la seguridad social y las políticas de solidaridad....que son efectivamente demasiado caros cuando se decide ponerlos en competencia con sistemas de trabajo (debería decir más bien: de esclavitud) dignos del siglo XIX. Ahora bien, lo que está en juego con las negociaciones transatlánticas, es ofrecer a las multinacionales aún más opciones de deslocalizaciones oportunistas, mediante la suma, a los 28 países europeos, de 50 estados norteamericanos que tienen muy poco de paraísos sociales para los trabajadores. En estas negociaciones transatlánticas, la cuestión prioritaria no es la seguridad. Se trata fundamentalmente de transferir poderes políticos a unos órganos de toma de decisiones cada vez más alejados de los ciudadanos.

Otra de las cosas que están en juego es la competicion entre regímenes democráticos de fuerte protección social o ambiental y regiones con normas jurídicas mucho más débiles. El árbitro de esta competencia entre democracias y zonas sin ley, no será otro que las multinacionales, así que no es muy difícil adivinar cómo y por qué las leyes ambientales y sociales que mejor protegen a la población están destinadas a desaparecer o debilitarse... En algunos puntos específicos, esas negociaciones transatlánticas pueden albergar cuestiones de seguridad: en especial, es el caso de las negociaciones relativas a las nuevas tecnologías y el sector numérico, del cual muchas aplicaciones (cámaras, aviones no tripulados, los robots) pueden utilizarse para "vigilar y castigar". Por lo tanto, es posible relacionar tales acuerdos de seguridad (ya en vigor) y las negociaciones políticas (en curso). Para mí, el principal vínculo que lo resume todo es una ausencia crítica de la democracia y una confianza demasiado ciega en poderes alejados de nosotros, comenzando por el que ejercen las multinacionales.

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