La comunicación fracasa en la crisis del ébola

Los profesionales piden más información.

, Pamplona
21/10/14 · 20:44
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“¿Qué hago? ¿Me vacuno?”. Elena es enfermera en el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea. Cuando los medios alertan sobre una nueva enfermedad, familiares y amigos le preguntan qué hacer, porque, al final, para ellos “tú eres una referencia en sentido sanitario”, dice. Esto muestra, y más en un territorio como Navarra, en el que alrededor de 10.000 personas trabajan en la red de salud pública, que estos profesionales se han convertido en una fuente informativa informal y directa para una parte de la población. En teoría, cuando se produce una crisis sanitaria, todos ellos son públicos internos prioritarios para la comunicación institucional, tanto para poder realizar correctamente su trabajo, como por esta faceta. Sin embargo, tanto la aparición de la gripe A H1N1 como la actual crisis del ébola evidencian que esto no es así.

El 7 de agosto fueron repatriados desde Liberia Miguel Pajares y Juliana Bohi. El primero, enfermo de ébola, falleció cinco días después. Sin embargo, hasta el 10 de octubre, el Departamento de Salud de Navarra no anunció un plan de formación sobre el protocolo del ébola destinado a los profesionales sanitarios y que incluye sesiones informativas y prácticas sobre el manejo de los equipos de protección. Para Elena, “los procesos de comunicación están anquilosados. Para cuando elaboran un protocolo, pasan un montón de días, y mientras tanto, solo te puedes informar por la Organización Mundial de la Salud o por los medios. Necesitamos que la comunicación sea más fluida y activa. Deberían estar haciéndose talleres desde hace tiempo, y más cuando se sabe que son tan concretos: los aislamientos, el traje...”.

Sin estrategia

Parte de este anquilosamiento puede provenir también de los medios disponibles. Marta Barruel, jefa del Gabinete del Departamento de Salud, y Juan José Balerdi, director del Servicio de Comunicación del Gobierno, ya reconocían, en el caso de la gripe A, que no existe una estrategia concreta de comunicación interna. Fundamentalmente, se trabaja con una intranet profesional en la que se publica la información. Si bien algunas profesionales pueden consultarla de forma sencilla, otras, por la propia naturaleza de su trabajo, como las enfermeras de Urgencias o de la Unidad de Cuidados Intensivos, tienen más difícil el poder parar un momento en su rutina para consultarla. Quizá podrían hacerlo fuera de sus horarios, pero el problema es que no pueden acceder desde sus casas. Eso también les sucede a muchas de ellas con el correo electrónico del servicio, ya que, en la actualidad, es complicado de utilizar desde los hogares.

El Sindicato de Enfermería de Navarra (SATSE), por su parte, califica este modelo de comunicación de crisis como “totalmente insuficiente, ya que no hay ni una verdadera implicación de la Administración ni un posterior seguimiento para garantizar que la información generada llega a su objetivo”. Reconocen que, tras el caso de Teresa Romero, ha habido un cambio “positivo” en la gestión comunicativa de la crisis del ébola, pero consideran que “sigue habiendo descontento entre los profesionales y el sindicato”.

Otro de los motivos que pueden barajarse es la política de reducción presupuestaria en el sistema de salud. Aunque, para Elena, en Navarra la atención se ha concentrado en los últimos meses en la “unificación de las urgencias”, y por ello quizás no se ha prestado tanta atención a este tema, lo cierto es que “cuando llevas con recortes muchos años, con menos personal y vas con lo justo, ¿cómo vamos a organizar de forma urgente un montón de talleres para que la gente aprenda los protocolos? No tienes recursos, pero ni ganas de ponerlos en eso, porque hay otras prioridades”.

La falta de comunicación, formación e información ha generado, según el SATSE, “una gran inseguridad y sensación de abandono entre los profesionales del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea, como no puede ser de otra forma. Ello se traduce en una desmotivación que no es favorable ni para la Administración ni para los profesionales, aunque la profesionalidad del personal sanitario es la que saca adelante la sanidad pública, a pesar de las decisiones de algunos gestores institucionales”. Hay enfermeras que han llegado a plantearse el negarse a atender a afectados de ébola, ya que no se sienten seguras, como relatan Elena o fuentes del Colegio de Enfermería, al que han acudido a solicitar información sobre las consecuencias de esa decisión.

Falta de participación

Los y las profesionales sanitarios son, por otro lado, una valiosa fuente de información para las instituciones en el caso de que se produzca una crisis sanitaria, ya que son ellos los que atienden directamente a los pacientes y pueden recabar todo tipo de datos que ayuden, por ejemplo, a mejorar los protocolos de actuación. En un primer momento, el Colegio de Enfermería de Navarra se puso en contacto con el Departamento de Salud para propiciar que enfermeras asistenciales, es decir, “aquellas que fuesen a estar a pie de cama, en las ambulancias o en urgencias, que son los lugares que pueden recibir casos”, participasen en el diseño de los procedimientos para la atención a pacientes que pudiesen estar infectados de ébola. El colegio también quiso recordar que “durante el tiempo de ingreso de uno de los misioneros infectados en el Hospital Carlos III, de las 108 intervenciones del personal sanitario que se llevaron a cabo, 102 fueron realizadas por enfermeras y auxiliares”.

Sin embargo, el Gobierno declinó su propuesta, algo que los profesionales de este organismo consideran “erróneo, además de poco práctico”, ya que de esta forma, se rechaza “el conocimiento y la experiencia de las profesionales que más tiempo están con la persona ingresada durante su tratamiento y, por tanto, mejor saben de las características específicas de la atención del paciente infeccioso”. Con la aportación de estas trabajadoras quizás se hubiese podido afrontar mejor situaciones como la que aconteció el 11 de septiembre, cuando un posible caso de ébola fue ingresado en el Complejo Hospitalario de Navarra. Revisando su gestión, desde el colegio se afirma que “hubo numerosos fallos en cuanto a que el material no era el adecuado, había turnos en los que no había enfermeras en exclusiva dedicadas a ese paciente...”.

Por todo esto, informar de forma actualizada y transparente a los trabajadores de las redes sanitarias es un reto pendiente. Como analiza Edilson Bustamante, experto en comunicación y salud, la comunicación interna es “aún una tarea por cumplir, pues se la reconoce como primordial, pero no se le da la importancia que merece”. Y es que, entre otros beneficios, “mejora los resultados y la calidad de vida, crea adhesión, facilita una política realista, aumenta la coherencia, asegura la participación y moviliza inteligencias”. Falta añadir que, en casos de crisis como esta, la formación e información también pueden salvar vidas.

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