La carrera hacia las elecciones europeas
Elecciones: primarias y europeas

La convocatoria de primarias se ha convertido en una prueba de veracidad de democracia interna en las estructuras de partido. Pero cuando se analizan los resultados conviene ser sinceros: ninguna de estas primarias ha dado nada distinto del esperado.

, Fundación de los Comunes | @emmanuelrog
14/04/14 · 13:34
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"Elegir al más honesto y vigilarlo como al más ladrón", parece que esta máxima se le debe a Pablo Iglesias. Me refiero, por supuesto, al histórico, al que fundara el Partido Socialista Obrero Español allá por el año 1879. La historia del primer PSOE, que muy a pesar de sus herederos oficiales tiene poco que ver con el actual, es casi opuesta a los experimentos electorales que buscan irrumpir en las Europeas: Equo, Partido X, Podemos.

El primer escaño del PSOE vino allá por el año 1910, cuando el socialista, ya doblado por la edad, pudo ganar su primer acta por Madrid. El desarrollo del partido se había producido en las luchas de los albañiles de la capital, entre los mineros del carbón asturiano y en la montaña de hierro que todavía preside la margen izquierda de la Ría que lleva a Bilbao. Entonces, la diferencia entre el partido y el movimiento era apenas formal: socialismo quería decir sobre todo lucha y organización. Quizás por eso, porque tardaron treinta años en "tocar poder", el socialismo pudo mantener durante largo tiempo una imagen de honestidad que a pesar de sus límites respondía bastante a la verdad.

En un contexto como la actual, en el que todavía resulta difícil pasar del estado gaseoso a otro al menos líquido, la tentación del atajo –las caras amables, los líderes mediáticos, los grandes eventos– puede ser un buen comienzo, pero sólo eso

La coyuntura marca hoy ritmos bien distintos. Los treinta años que le costó al PSOE entrar en la arena parlamentaria, también al final de un régimen decrépito, corrupto y caciquil, se han convertido en 30 meses, e incluso en 30 días. No debemos lamentarnos. Si en estas Europeas alguna de estas plataformas obtiene representación se habrá producido un hecho en absoluto desdeñable. Será la primera fisura real en el cártel político formado por PP-PSOE y la opción de recambio UPyD-IU. Al menos sobre el papel, un grupo nuevo podrá decir, en el corazón mismo de las instituciones, que este régimen es irreformable, que "No hay democracia", que si queremos una "real" resulta preciso dar paso a un proceso de discusión ciudadana que lleve una nueva Constitución.

Desde esta perspectiva, la cuestión que se dirime en estas semanas es doble. De un lado, si efectivamente la fuerza de estas formaciones es suficiente para conseguir los 250.000 o 300.000 votos que son necesarios para obtener un eurodiputado. De otra, si estas formaciones obedecen a la sentencia del viejo Pablo Iglesias. Entre estas dos elementos, ciertamente, la proliferación de elecciones a "primarias" tiene mucho más que ver con el primero que con el segundo.

La convocatoria de primarias se ha convertido en una prueba de veracidad de democracia interna en las estructuras de partido. Se dice que es el medio idóneo para "elegir al más honesto", el medio para sortear los vicios y aparateos burocráticos, el "método" para alcanzar una auténtica represantitividad. Según los casos, las primarias abren el partido a los simpatizantes, a veces incluso a todos aquellos que desean participar. Pero cuando se analizan los resultados conviene ser sinceros: ninguna de estas primarias ha dado nada distinto del esperado.

Falciani, candidato oficial del PartidoX fue elegido como primero de su formación. Su cabeza oficiosa, la enérgica Simona Levi, le sigue ahora tras la renuncia a última hora del segundo más votado, Raúl Burillo, campeón de la anticorrupción en Baleares. Por su parte, Pablo Iglesias (quien se hubiese atrevido a apostar en contra ¡!) ganó por rotunda mayoría en la plataforma que él mismo ha encabezado y promovido. Le sigue un representante de la segunda familia política de la formación, Izquierda Anticapitalista. Y el tercero, tampoco sin sorpresas, es la principal estrella mediática capturada por la plataforma, más allá del ámbito de sus promotores, el fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo.

No hace falta recurrir a los rumores, como aquel que dice que en Ciutat Vella “votaron numerosos paquistaníes" misteriosamente interesados por el futuro candidato del PSC al Ayuntamiento. Aunque no deje de ser curioso que el barrio con más inmigración de Barcelona y uno de los de mayor abstención, pase por ser el de mayor participación en las primarias socialistas no es cuestión aquí de desprestigiar los procesos. Antes bien, se trata de entender qué pretenden y qué significan.

Dejado aparte el caso del decadente PSC, para formaciones jóvenes –como el PX, Podemos y Equo– la elección directa de candidatos tiene indudables ventajas. La primera y más obvia "da que hacer". El trabajo interno de promoción y campaña de los candidatos otorga carta de existencia a opciones políticas que antes sencillamente no contaban. Y ofrece este "acceso al ser" no sólo de puertas para dentro sino sobre todo de puertas afuera. Las primarias han sido su primera prueba electoral. Los 33.000 participantes de Podemos, lo colocan en posición privilegiada en la recta de salida para obtener representación. Los cerca de 3.000 del PartidoX señalan su manifiesta debilidad para obtener representación.

Por otra parte, las primarias movilizan las energías internas, las dirigen a un fin, las consolidan, las sedimentan. Por primera vez, la estructura de estos espacios se tensa para alcanzar cierto grado de consistencia más allá de la iniciativa de sus promotores; y por primera vez también, se prueba que, efectivamente, son "organizaciones" con vocación de representación. Son aquí de especial relevancia los cerca de 150 candidatos de Podemos que se lanzaron a unas primarias en las que, fuera de lo ya conocido, dominó el amateurismo más sano, la autoorganización de los Círculos, el deseo sincero de iniciar un proyecto nuevo.

Si volvemos a la máxima del viejo socialista "elegir al más honesto y vigilarlo como al más ladrón", las primarias al menos parecen garantizar las condiciones para lo primero. Mucho menos claro es lo segundo. Todavía no sabemos muy bien cuáles van a ser los criterios que sujeten a estos representantes. No deja, sin embargo, de sorprender que ante la crisis de régimen, que es sobre todo una crisis de representación, la "representación" se nos vuelva a colar por la puerta de atrás con la etiqueta además de "Máxima Garantía Democrática". Convendrá repetir que ni la democracia es una cuestión de método, ni la representación es democrática.

Sin duda, el reto de construir una organización política capaz de ser vehículo de la "revolución democrática" es enorme. Pero a pesar del espíritu de novedad que los tiempos quieren promocionar, y que el PX siempre querrá abanderar, se trata de un problema viejo. Se trata de limitar la representación a lo mínimo imprescindible, lo que pone por delante la organización, el proyecto y el discurso. Esto exige sobre todo trabajo, discusión, innumerables reuniones, un continuo bregarse con una realidad difícil y muchas veces demasiado gris y amorfa como para resultar apasionante; en una palabra, política en el mejor sentido. En un contexto como la actual, en el que todavía resulta difícil pasar del estado gaseoso a otro al menos líquido, la tentación del atajo –las caras amables, los líderes mediáticos, los grandes eventos– puede ser un buen comienzo, pero sólo eso.

Si se quiere una organización que sirva de base a un movimiento político de amplio espectro y dirigido a imponer un proceso constituyente, lo que hoy han avanzado las incipientes formaciones es sin duda provechoso. Pero habrá que reconocer que el futuro de este proyecto, al menos si llega a buen término, hará un uso marginal y modesto de las primarias. Por el momento al menos, y sólo en relación con la democracia interna, ahí van tres sencillos principios: mandato imperativo y revocable, política de programa no de figuras e incompatibilidad entre los cargos del partido y los cargos electos.

Parece que todavía ninguna de las nuevas formaciones cumple siquiera una de esas condiciones. Démosles algo de tiempo.

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comentarios

3

  • |
    PedroG
    |
    15/04/2014 - 4:01am
    Este análisis cojea si se habla de Equo: Quien se pensaba que iba a salir y proponía el aparato no ha salido (Reyes Montiel), y en su lugar está Florent Marcellesi.
  • |
    jon
    |
    14/04/2014 - 6:39pm
    El mandato imperativo y revocable lo lleva el PartidoX entre sus condiciones para los candidatos elegidos: <strong style="padding-left: 15px;"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos los cargos de los servicios públicos y magistraturas son revocables. Transcurridos 3/10 del período para el cual fueron elegidos, un número no menor al veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referéndum para revocar su mandato.</em></strong> &nbsp; *está en las condiciones de lo gobiernos y ciudadanos representantes de la ciudadanía:&nbsp; http://partidox.org/obligaciones-de-gobiernos-y-ciudadanos/ *así como en las condiciones de los eurodiputados:&nbsp;&nbsp;&nbsp; http://partidox.org/condiciones-eurodiputado/ &nbsp;
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    Bertrand
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    14/04/2014 - 2:01pm
    Claro y meridiano, como siempre. Las listas abiertas y las primarias pueden ser útiles, pero si la &quot;representación&quot; no se convierte en delegación revocable y con incompatibilidades, no dejan de ser plebiscitos. Y los plebiscitos, per se, no son necesariamente democráticos. Que se lo pregunten al &quot;Caudillo&quot;, tan aficionado a ellos.<br type="_moz" />
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