La UE y EEUU negocian el tratado de libre comercio

En marzo se reanuda la ronda de negociaciones del acuerdo comercial entre EE UU y la UE

03/03/14 · 8:00
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Cameron (Reino Unido), Obama (EE UU), Merkel (Alemania) junto al presidente de Nigeria, Goddluck Jonathan.

El 25 de mayo tendrán lugar las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Estos comicios pondrán a prueba a los partidos de la “salida liberal” de la crisis, establecida desde mediados de 2012 tras la intervención en el mercado de la deuda soberana del Banco Central Europeo. Son los socialdemócratas y conservadores, encuadrados en dos mayorías: el Partido Popular Europeo (EPP), que tiene 277 escaños y el Partido Socia­lista Europeo, con 217 representantes para un total de 785 europarlamentarios. Con la vista puesta en esta reválida, desde el 17 de junio de 2013 la Comisión Europea, órgano no electo pero el único con facultades para emprender iniciativas sobre política comercial, y el Departamento de Comercio de EE UU están negociando una Asociación Transat­lántica para el Comercio y la Inversión (ATCI) o TTIP, según las siglas en inglés de Transatlantic Trade and Investment Partnership. En marzo comienza la cuarta ronda de negociación, después de que algunos países europeos hayan expresado sus reservas acerca de algunas condiciones. Dudas que se han expresado en Alemania y en Francia, donde el diputado verde André Gattolin ha relacionado el tratado con el espionaje de la NSA reconocido por la Administración Obama y ha expresado que los dados de este acuerdo “están trucados”.

También en marzo se abre un proceso de participación a través de internet para la ciudadanía europea en torno a la polémica puesta en marcha del Mecanismo de Solución de Dife­rencias entre Inversor y Estado (ISDS, por sus siglas en inglés), uno de los principales objetivos del acuerdo. El mes concluirá con la visita del presidente estadounidense, Barack Obama, a Europa y a su principal contraparte en este continente, la canciller alemana, Angela Merkel. En la agenda estará el acuerdo TTIP que, en cualquier caso no se aprobará antes de 2016 y que será competencia de la Comisión Europea que se configure a partir del próximo 31 de octubre, si la resistencia al tratado no consigue tumbar el acuerdo antes. En cualquier caso, el Parlamento Europeo que salga de las próximas elecciones podrá decidir si el TTIP sale adelante o queda en papel mojado.

Dos tiburones

Karel de Gucht, comisario europeo de Comercio y Michael Froman, su homólogo en EE UU, son los responsables políticos las negociaciones. Ambos provienen de cargos en compañías de inversión financiera. Antes de unirse a la administración de Obama, Froman fue director general de Citigroup en Estados Unidos y ha ejercido de “sherpa” o asesor de alto nivel en cumbres del G-8 y en la del G-20 de 2012, en la que se exigió a España celeridad a la hora de pedir el rescate financiero.

El negociador europeo, Karel de Gucht, está siendo investigado por defraudar 900.000 euros a las autoridades fiscales belgas antes de convertirse en comisario en 2009. De Gucht ha sido el encargado de salir al paso de las demandas de distintas organizaciones de la sociedad civil que han criticado desde el comienzo la opacidad en torno al TTIP y la falta de transparencia en la elaboración de un proyecto, cuyo objetivo es, según la Comisión Europea, establecer un marco institucional para asegurar que los Gobiernos de EE UU y la Unión Europea “trabajan juntos” para contribuir, siempre según la Comisión, a “prevenir futuras crisis”.

Tanto desde las 50 organizaciones sociales europeas que han suscrito un Mandato de Comercio Alternativo como desde el Corporate Europe Observatory (CEO), un observatorio de lobbies y corporaciones radicado en Bruselas, se apunta a que las negociaciones se están llevando a puerta cerrada y que no “hay textos que den a conocer el tratado al público a pesar de que los acuerdos afectan a los ciudadanos tanto como cualquier ley que se debate públicamente”, según recoge el Mandato de Comercio Alternativo. Pia Eberhardt, de CEO, confirma a DIAGONAL que hasta la fecha han sido los grupos de presión quienes han llevado la batuta de las conversaciones, “en 2012 y el comienzo de 2013 tuvo lugar la fase crucial de la preparación de las negociaciones, y en ese periodo la Comisión Europea se reunió exclusivamente con lobbistas de la industria”.

Los lobbies, que en su gran mayoría defienden los intereses de las principales empresas transnacionales en sectores como el financiero, la propiedad intelectual o la extracción de energía han marcado un objetivo común en la redacción del tratado, apunta Eberhardt. Es la llamada “cooperación reguladora”, o la aprobación de una cláusula que abra de par en par la participación de estos grupos de presión en los procesos de redacción de normativas y legislación, uno de los aspectos más controvertidos del proyecto. La revista Legal Week publicaba el 12 de febrero un artículo en el que se explica que algunas firmas siguen las negociaciones para proveer servicios de monitorización sobre los distintos campos de acción del TTIP, pero al mismo tiempo, los abogados más “sofisticados” dedican su trabajo a introducir en la redacción de los textos expresiones que beneficien a sus clientes. “Cualquier persona se verá afectada por este tratado que puede realmente cambiar el equilibrio del poder político”, ha señalado Ross Denton, del bufete de abogacía Baker & McKenzie.

Salida financiera a la crisis

La profunda crisis económica en la que entró el eje Estados Unidos-Europa desde 2008 es la justificación de un proyecto que para De Gucht, se justifica en que la “parte del león del crecimiento global está pasando fuera de la UE”. Y los datos indican que es así. El PIB global de la UE, que creció un 1,3% en 2008, descendió a un -0,4% en 2012. En este momento, la relación comercial UE-EEUU ya es la más grande del mundo: el pasado año, se produjo un flujo económico de exportaciones de Europa a EE UU por valor de 356,8 billones de euros y de 457,1 billones de euros en el caso de las importaciones procedentes de Estados Unidos en la UE. El interés de la Comisión es presentar el acuerdo como bueno para el empleo y para el crecimiento, aunque las estimaciones del Centre for Economic Policy Research hablan de un crecimiento del 0,05% anual durante los próximos diez años. En cuanto al empleo, Bernadette Segol, de la Confede­ración Europea de Sindi­catos (CES) se ha mostrado muy escéptica respecto a la creación de empleo que supondrá el TTIP: “La sugerencia de que nos va a sacar de la crisis simplemente no es creíble”, ha declarado ante el Parlamento Europeo.

Desde que tuviera lugar la fase de rondas preparatorias en 2012 y 2013, se ha afirmado con rotundidad que el TTIP entre ambas potencias tendrá como resultado “suprimir obstáculos de comercio en sectores económicos para que sea más fácil comprar y vender servicios entre la UE y EE UU, armonizar regulaciones en materia de comercio, la creación de puestos de trabajo y el crecimiento del PIB global de Europa en un 0,5%”. Por el contrario, desde diferentes estudios, y tal y como concluye el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz “los TLC constituyen uno de los vínculos más evidentes entre la globalización y el aumento de la desigualdad, ya que esos pactos privilegian la liberalización del flujo de mercancías, pero impiden el libre tránsito de trabajadores. Tales acuerdos incrementan la capacidad de negociación del capital sobre la mano de obra, reducen los salarios y elevan la desigualdad”.

Para Eduardo Gudynas, secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social, cree que el tratado persigue una profundización del viejo ordenamiento comercial, pero matiza que “más que hurgar en los flujos de mercancías, servicios y capital, estos acuerdos sirven para cristalizar normas e institucionalidades que amparan sobre todo a grandes empresas o conglomerados corporativos y políticos”.

Campaña en contra

Desde diferentes movimientos sociales y sindicales a nivel internacional se está llevando a cabo una campaña para parar las negociaciones del tratado por la ofensiva al conjunto de derechos que persigue. En febrero, en Madrid tuvieron lugar unas jornadas de la asam­blea abierta contra el TTIP y se están creando plataformas en varios territorios del Estado. Estas jornadas detallaron cómo el TTIP y los lobbies corporativos van a afectar a las políticas de inversiones y derechos laborales, la agricultura y la alimentación, la cultura y los derechos de propiedad intelectual, la contratación pública, la sanidad pública, la fiscalidad, el medioambiente y va a suponer una vuelta de tuerca sobre la desrregulación del sector financiero.

En la movilización contra el Acuerdo, cuya próxima fecha señalada es el 26 de marzo durante la Cumbre UE-EEUU en Bruselas, se hace especial hincapié en la cláusula sobre la que gravita el tratado, el ISDS, el establecimiento de mecanismos de solución de diferencias entre inversor y estado en los que las corporaciones pueden reclamar indemnizaciones por daños y perjuicios de un Estado en el caso de que perjudicara sus intereses empresariales. Esto puede suponer una penalización de decisiones soberanas como las moratorias en prospecciones o la recuperación de la gestión pública en el sector sanitario, y también se ha demostrado en otros tratados, como el firmado por EE UU, Canadá y México (NAFTA) o el tratado de EE UU con Australia, como un elemento disuasorio para aquellos gobiernos que planteen estas medidas.

Seis claves sobre el acuerdo

Soberanía

El TTIP establece limitaciones la soberanía de gobiernos electos. El posible temor a demandas por parte de las empresas se interpreta como elemento disuasorio para la puesta en práctica de políticas que contravengan los intereses de las grandes transnacionales.

Irreversibilidad

El Acuerdo “fija” las opciones normativas y otorga a las grandes empresas amplias facultades para impugnar nuevas leyes. Tras la puesta en marcha de acuerdos comerciales resulta más difícil modificar la legislación nacional ordinaria.

Sectores estratégicos

El acuerdo apunta especialmente a la mayor apertura a los mercados de sectores clave como la energía o las patentes. También supone un ataque al concepto de soberanía alimentaria.

Financiarización

Las actuales negociaciones del TTIP vuelven a potenciar la desregularización de los servicios financieros, apostando por la eliminación de las restricciones en materia de transacciones financieras y comercio de productos derivados.

Colonialismo financiero

La Asociación Transat­lántica para el Comercio y la Inversión fija una regulación financiera que se expande más allá de las fronteras de Estados Unidos y la UE. El objetivo es que otros países no se desvíen de los estándares marcados por Wall Street, Frankfurt y la City.

Mecanismo ISDS

El acuerdo gira en torno al llamado Mecanismo de Solución de Diferencias entre Inversor y Estado (ISDS), normas para proteger la seguridad jurídica de los inversores que incluye disposiciones como restricciones sobre la expropiación o la libre transferencia de fondos.

Tags relacionados: EE UU Número 217 TTIP Unión Europea
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