una ley obliga a consumir más envases a los restaurantes
El valor de los residuos en la Europa de los mercados

El interés económico retrasa la gestión puerta a puerta.

, Redacción
29/11/13 · 8:00
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Concesionarias de la recogida de basuras en las capitales de provincia / Ter García

Durante la II Guerra Mundial, el alemán Kurt Schwitters acumuló kilos de desechos en una escultura-composición llamada Merz. El bombardeo aliado sobre Hannover destruyó una obra que Schwitters había compuesto con la idea de que sería material imprescindible para la reconstrucción de la sociedad tras el desastre. Más de 80 años después, en una Europa en la que cada persona genera 500 kilos de basura al año, la UE establece directivas para convertir todo lo excluido de la cadena de valor en negocio.

En el Estado español, esas directivas se traducen en Sistemas Integrados de Gestión (SIG), aplicadas a la recogida y el tratamiento de residuos como el plástico o el vidrio. La “valorización” de los residuos se impone como prioridad, incluso antes que el reciclaje, y la sensibilización sobre la generación de futura “basura” choca con decisiones políticas como la tomada por el Consejo de Ministros del 15 de noviembre, que hace obligatorio el uso de aceiteras no rellenables en bares, cafeterías y restaurantes, o lo que es lo mismo, avanza hacia la generación anual de miles de envases que habrá que fabricar, recoger y tratar con unos estándares que aumentarán el precio del producto y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Montse Peirón es editora de la veterana revista Opcions, que ha dedicado uno de sus números de 2013 al tema de los residuos. Peirón es una firme defensora de políticas que intervengan en los hábitos domésticos de reducción de residuos, bien por medio de la reutilización y aprovechamiento o por medio de medidas económicas. “Los mecanismos que tocan el bolsillo de los ciudadanos funcionan”, apunta Peirón, quien engloba en esta categoría el pago por las bolsas de plástico o experiencias de retorno de envases como la que se ha implantado recientemente en Cadaqués (Girona). Sin embargo, la presión del lobby de los envasadores evita que se tomen medidas contundentes que reduzcan sustancialmente la fabricación de envases.

Peirón resalta el éxito de recargos a los municipios por la cantidad de residuos enviados a vertederos o incineradoras. Este último método es uno de los más contaminantes, por las emisiones de sustancias tóxicas, principalmente dioxinas y furanos. En España funcionan más de una decena de plantas incineradoras, gestionadas por consorcios públicos, empresas mixtas y concesionarias.

Sus efectos empujan a menudo a la movilización a las poblaciones cercanas a los puntos en los que se van a instalar. Fue el caso de las marchas, en los 90, contra la incineradora de Valdemingómez (Madrid), donde se queman 307.000 toneladas de residuos al año. Enrique Villalobos, de la Asociación de Vecinos Pau-Ensanche de Vallecas, cree que el modelo de recogida de Madrid –uno de los menos sofisticados entre las grandes ciudades europeas al mezclar materia orgánica con otros materiales en la “fracción resto”– impide minimizar la incineración. Villalobos opina que Valdemin­gómez debería incluir otras plantas para reciclar material que ahora no se está reciclando: “Cualquier cosa que no sea plástico rentable se quema. Y el Ayunta­miento planea aumentar la incineración un 30%”.

Mientras Madrid fía al fuego buena parte de sus residuos, Guipuzkoa negocia una compensación para cancelar la construcción de una segunda incineradora en la provincia, que se iba a instalar en Zubieta. Ésta “competiría con las políticas de reducción, reutilización y reciclaje”, según explicó para DIAGONAL Ainhoa Arrospide, de Guipuzkoa Zero Zabor (Residuo Cero).

Arde la basura

Junto a la incineración, y más empleada que otras técnicas como la biometanización, los vertederos son la otra gran pata del negocio de los residuos. El 14 de noviembre, organizaciones ecologistas como Amigos de la Tierra o Ecologistas en Acción denunciaron el “silencio administrativo” del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente respecto a la situación de 22 vertederos en ocho comunidades que incumplen la normativa europea y que se suman a multitud de vertederos ilegales. En resumen: más contaminación, menos reciclaje.

Las dimensiones del problema de los residuos alcanzan varias escalas. Desde el negocio en torno a todas las fases del proceso, en el que intervienen grandes constructoras, envasadoras y cementeras, hasta cada vecino o vecina, encargada de un punto crucial del proceso: la gestión doméstica. Como señala Peirón, el escepticismo inicial que se concreta en el liberal “que no se entrometan en mi basura” se ha disipado en aquellos lugares donde se han implantado sistemas de recogida puerta a puerta, que obligan a cada hogar a diferenciar tipos de residuo, incluso entre los distintos plásticos, y establecer una disciplina al sacar la basura. Usurbil o Matadepera en el Estado español y Monza o Novara en Italia son ejemplos del sistema puerta a puerta y del compromiso con la política de “residuo cero”. Peirón concluye que introducir ese hábito sirve para tomar conciencia de todo aquello que tiramos.

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