Realojos autoorganizados en edificios vacíos
Cada bloque recuperado contra la banca señala a la Troika

Los pisos que la banca mantiene vacíos, particularmente los reunidos en el llamado "banco malo", deben ser usados para atender a la función social de la vivienda.

, Blog para agitar la indignación
15/10/13 · 9:49
El 3 de octubre medio centenar de personas, organizadas en la asamblea del barrio madrileño de Carabanchel, recuperaron un bloque vacío del banco malo para realojar a 6 familias. / Álvaro Minguito

El pasado jueves 3 de octubre se hizo pública la recuperación de un bloque del ‘banco malo’ en el barrio de Carabanchel, en Madrid. El edificio es el número 14 que ha sido puesto a disposición de la gente que los necesita por parte de la campaña de la Obra Social lanzada hace unos meses por la PAH, y supone el estreno de esta campaña en esta comunidad, donde la impulsan fundamentalmente las asambleas de barrio del 15M y sus comisiones y asambleas de vivienda. No se debe pasar por alto la importancia de un movimiento que puede apuntar a una de las cuestiones clave de esta crisis: quién decide qué se hace con esos bloques que la lógica financiera ha dejado vacíos.

No es casual que el edificio recuperado pertenezca a la Sareb. En este aspecto, el llamado banco malo es en realidad una inmensa inmobiliaria pagada con fondos públicos que trata de volver a sacar al mercado los pisos que han ido cayendo en manos de los bancos. Detrás de estos edificios vacíos se encuentra toda una cadena de rescates: el rescate de la constructora o inmobiliaria que lo entreǵo como dación en pago al banco o caja, y después el rescate del propio banco o caja que ha visto cómo el Estado, a través de la Sareb, le ha comprado parte de esos llamados “activos tóxicos”. Esos pisos, por tanto, son parte de la riqueza que hemos producido entre toda la población y deben ser usados para atender a criterios de función social de la vivienda en perjuicio de su posible uso como activo financiero.
No se debe pasar por alto la importancia de un movimiento que puede apuntar a una de las cuestiones clave de esta crisis: quién decide qué se hace con esos bloques que la lógica financiera ha dejado vacíos
La campaña de la Obra Social es interesante porque funciona en dos niveles; por un lado, da salida a una situación de emergencia habitacional en el que nos encontramos atrapadas miles de personas, con o sin hipoteca. Pese a las pequeñas victorias que suponen las daciones en pago o la moratoria de dos años en una buena parte de los procedimientos de desahucio por hipotecas, tras el bloqueo a la ILP hipotecaria el acceso a la vivienda sigue dependiendo de la maquinaria del endeudamiento que operaciones como la Sareb quieren volver a poner en marcha para garantizar el nivel de beneficios de los agentes financieros. Las administraciones públicas están sucediendo a los bancos y las cajas en su política de desahucios y dejan a miles de personas en la calle como parte de sus propias operaciones de salvamiento financiero, caso de la EMV y del IVIMA en Madrid. Así, la respuesta a través del trabajo de base y de la organización en red permite ganar legitimidad (“se hacen cosas concretas”) y ensanchar la base social del movimiento. La recuperación de bloques vacíos en manos de las entidades financieras con la demanda del alquiler social es perfectamente replicable: cualquiera que asuma esos sencillos presupuestos puede ser Obra Social.

Por otro lado, la campaña puede elevar la escala del conflicto y sortear uno de los problemas del movimiento de oposición a la austeridad: el bloqueo de los Gobiernos nacionales (tanto los locales o autonómicos como el Gobierno central). Lo sucedido con la ley andaluza de vivienda es un buen aviso: pese a la timidez de sus medidas y a la escasez de medios de la Junta para ponerla en práctica, fue suficiente para poner en alerta a los actores que han intervenido la economía y la política española: la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo. Un movimiento coordinado, bien ejecutado comunicativamente y bien trabajado discursivamente puede forzar todavía más a estos actores a mostrar la cara, habitualmente parapetados tras las decisiones dolorosas e inevitables de sus subalternos políticos. La campaña de la Obra Social de la PAH, que ha realojado ya a más de 700 personas en menos de dos años de actividad (y eso sólo en Catalunya) puede no ser suficiente para este cambio de escala del conflicto, pero desde luego supone un ejemplo que se debería replicar en otros sectores.

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