LA VOZ DE LA CALLE // EL 1 DE ABRIL TENDRÍA QUE HABERSE PUBLICADO UN NUEVO PERIÓDICO DE IZQUIERDAS, PERO FRACA
Obituario del periódico que no podía salir

Se llamaba ‘La Voz de la Calle’ y era incapaz de salir.
Ni siquiera llegó a imprimirse uno sólo de los
90.000 ejemplares que se pretendían poner a diario
en los quioscos españoles.

24/05/11 · 8:30
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7 DE ABRIL. Reivindicación durante la manifestación de Juventud sin Futuro en Madrid, mientras se negociaba la salida de los trabajadores. Diego González

En 2011, en los albores de la era digital
que todavía está por madurar,
La Voz de la Calle podría haber sido
el último periódico diario que
apareciese en España. Pero nunca
lo será. Aunque tal vez pesasen sobre
él las maldiciones de algunos
que pudieran temerlo, su destino
no estaba escrito y el suyo es un fracaso
sólo atribuible a su mala planificación
y peor gestión.

Los primeros rumores de su lanzamiento
empezaron a cobrar forma
entre enero y febrero. Teodulfo Lagunero,
acaudalado militante histórico
del PCE y viejo compañero de fatigas
de Santiago Carrillo, decía que
quería poner en marcha un periódico
para la “izquierda transformadora”
,
que llegase donde a Público se le
encoge la pluma. Era el legado cultural
que Lagunero quería dejar y en el
que él mismo participaría activamente.
Pese a sus más de 80 años, aún le
quedaban fuerzas para reclamar un
despacho desde el que, como editor,
dar forma a una aventura a la que sólo
él daba respaldo económico, pero
en la que le acompañarían algunos
antiguos compañeros.

En este primer esbozo aparecieron
apenas tres detalles más: la fecha
de lanzamiento del 1 de abril y
los subdirectores Rodrigo Vázquez
de Prada y Eugenio Viejo, dos veteranos
periodistas de su confianza
que se encargarían del funcionamiento
diario. También se definió
más su línea política con un sanedrín
de sabios de diferentes ámbitos. Y en
la búsqueda de las condiciones objetivas
que justificasen el lanzamiento
de La Voz de la Calle, se argumentó
el desapego social hacia la clase política
y la ausencia de un discurso alternativo
al del capitalismo, el enemigo
paradójicamente reforzado tras
la presente crisis económica. Es decir:
se constataba la existencia de un
espacio social y mediático que, aunque
desarticulado, sería receptivo.

¿Los necesarios preparativos?

Con estas bases se busca una sede física
y se acondiciona para empezar
a funcionar. En este periodo, un accidente
afecta, de forma notable, la
salud de Lagunero, que se ve recluido
en su domicilio malagueño y no
llega a pisar su despacho.
El 1 de marzo puede considerarse
un punto de partida, en esa fecha se
incorporan los redactores jefe que,
durante los días siguientes, crean sus
propios equipos. Casi todos los periodistas,
mayoritariamente de entre
25 y 35 años y con distintos grados
de experiencia, llegan dos semanas
después.

A dos semanas para el lanzamiento.

Lo que hasta ese momento habían
sido definiciones más o menos teóricas
deben convertirse entonces en
una realidad. Y eso ya es más difícil.
Porque un periódico diario es un producto
que se hace cada día con la
misma receta para que al cliente habitual
le sepa igual que el día anterior
y distinto a lo que ofrecen el resto.
Pero cada día se hace con los ingredientes
que hay en el mercado,
ya sean una nueva guerra, otro partido
del siglo o el dato del paro que
llega cada principio de mes. Como
tras la primera prueba el guiso puede
saber a rayos, conviene depurar
la receta por el sencillo proceso de
ensayo-error.

El 1 de abril se acerca

A dos semanas de su lanzamiento
La Voz de la Calle había de iniciar
la elaboración de esas pruebas, lo
que en el gremio se conoce como
los números cero. Pero no fue verdad.
Hubo muchos errores y pocos
ensayos: el sistema informático no
era estable; no se contaba con líneas
fijas de teléfono, lo que se suplía
con el uso de móviles de empresa y
particulares; nada de llamadas internacionales;

el programa de edición
era de una versión en pruebas
porque no se habían comprado las
licencias para todos los puestos de
trabajo; no había impresora en la
redacción
; el departamento de publicidad
estaba formado por una
persona; los responsables desconocían
las rutinas de trabajo en una
redacción profesional para un diario;
nunca hubo hora de cierre; el
precio de venta que se barajó duplicaba
al del resto de diarios. Y muchas
cosas más que los subdirectores
no alcanzaron a ver.

Todos ellos son problemas subsanables
a los que no se ponía remedio,
y el nerviosismo crecía entre los
periodistas. La aparición de un director,
Lorenzo Contreras, ni resta
ni aporta: este anciano era un mero
figurante porque los que llevaban el
control son Vázquez y Viejo. “Yo me
quedo aquí en un rincón y no molesto”,
llegó a decir Contreras. Así pasan
los días, hasta que el miércoles
30 de marzo se decide retrasar el lanzamiento.
Los subdirectores, los únicos
con contacto directo con Lagunero,
arguyen problemas en la herramienta
informática. Una verdad a
medias que obvia el resto de catástrofes
diarias a la que se enfrenta el
personal. Pero se pide calma: el 14
de abril La Voz de la Calle se presentará
en sociedad exhibiendo republicanismo.

Y, finalmente, no salió

Pero para entonces, empezó a fallar
también el motor que había puesto
en marcha el barco y que pagaba,
aunque sin contratos ni Seguridad
Social, a la tripulación. Los subdirectores
habían ido a Fuengirola a reunirse
con Lagunero y, aunque el secretismo
era ley, había demasiadas
evidencias de que algo no iba bien.

Menos de una semana después del
anuncio del retraso, el 5 de abril, se
sentencia el cierre en otra escena tragicómica
en la que los subdirectores
se desentienden de la decisión y comunican
que la víspera ya habían dimitido.
Lagunero informa en una carta
de que, por la falta de un aval bancario
que se le exige para la distribución
del periódico, renuncia a su lanzamiento.

Gracias y hasta siempre. O
eso se suponía, porque el conflicto laboral
no se resolvió tan fácilmente
como esa carta daba a entender.
Aunque resulta sorprendente que
no se hubiese considerado el gasto
en distribución antes de que se crease
la sociedad, se comprase mobiliario
y ordenadores y se pusiera a
trabajar a medio centenar de personas,
las condiciones objetivas que
había en la sociedad, de puertas para
dentro no llegaron a darse. Por
eso La Voz de la Calle no podía salir.
Por eso no salió.


Problemas laborales póstumos

Tras el final de La Voz
de la Calle, la relación
entre el editor, Teodulfo
Lagunero, y los dos
subdirectores que él
había elegido, Vázquez
y Viejo, se complicó
por la atribución de
culpas. Mientras, los
trabajadores, pendientes
de un contrato y un
alta laboral que se les
había prometido para
el 1 de abril, se organizaron
en una asamblea
cuya primera petición
fue un interlocutor
de la empresa. El primer
interlocutor fue,
en su propia casa,
Lagunero, acompañado
de su familia. El
abogado de Lagunero
gestionó e hizo naufragar
después el acuerdo,
al ofrecer unas
condiciones inferiores
a las ya pactadas. El
encierro de los trabajadores
en la redacción,
los apoyos recibidos y
la relativa atención
mediática que obtuvo
el conflicto permitió
que se resolviese. El
20 de abril cada trabajador
firmó su finiquito
y La Voz de la Calle
puso el punto y final.

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