Nos merecemos la paz

Euskadi, por unos motivos u otros, está presente en mi vida.
Era el año 1985 cuando pisé por primera vez esa tierra; de entonces recuerdo un ambiente muy enrarecido, pesado, plomizo, días grises, las caras de la gente expresaban total desconfianza hacia cualquiera de l@s que andábamos por la calle o nos acercábamos a preguntar algo (entonces surgía un gesto de sorpresa y miedo).

Jesús Molíns
03/10/10 · 23:22
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Euskadi, por unos motivos u otros, está presente en mi vida.
Era el año 1985 cuando pisé por primera vez esa tierra; de entonces recuerdo un ambiente muy enrarecido, pesado, plomizo, días grises, las caras de la gente expresaban total desconfianza hacia cualquiera de l@s que andábamos por la calle o nos acercábamos a preguntar algo (entonces surgía un gesto de sorpresa y miedo).

En las calles, el silencio era implacable, controles policiales por doquier, nada que ver con los de ahora, parecían convoys militares; sacos terreros y Land Rover blindados protegiendo edificios oficiales y sus entradas, pintadas, pancartas y amenazas en cualquier rincón.

Euskadi me trae muy buenos recuerdos y a la vez dolor y lágrimas.
En Euskadi he vivido momentos muy agradables, casi se puede decir que allí inicié la andadura con mi pareja... y también Euskadi me ha dado golpes muy duros...

Me gusta Euskadi, sus pueblos, paisajes, playas, tradiciones, gastronomía; casi todos los años, en uno u otro momento paramos por allí alguna temporada.
En concreto, el año pasado por el mes de noviembre, estuve por la zona de Irún, Hondarribia, Hendaya y San Juan de Luz; el cambio social que percibí fue enorme, en la calle ya no se vivía fractura social, la gente disfrutaba alegremente sin miedo.
Observé como convivía con total normalidad la ciudadanía ante según que manifestaciones o reivindicaciones, ahí nos mezclábamos todos sin ningún conflicto, estas ya no causaban alarma social ni miedo y unos y otros se toleraban. Ya se escuchaba bullicio (no como en aquel año 85), la gente en la calle hablaba y reía con total normalidad.

Entonces, pensé que quizá fuera el momento de iniciar un acercamiento y contactos con ETA, pues “la temperatura” de la calle así lo decía: los ciudadanos estaban diciendo que el terrorismo no tenía cabida en esa sociedad.
Hace un año constataba esa situación y hace más de un año que ETA no comete atentados.
Desde hace unos días hemos visto y estamos asistiendo a cómo ETA declara primero un alto el fuego, cómo en un segundo comunicado dice que aceptaría la declaración de Bruselas y su verificación por mediadores internacionales, y en el último comunica que estaría dispuesta a ir más lejos.
Entretanto, la izquierda Abertzale se une para abrir nuevas vías políticas que superen el conflicto, rechazar la violencia y pedir a ETA que abandone la lucha armada.

Mientras todo esto acontece, 16 etarras son detenidos los últimos días, unos forman parte de la estructura de difusión política de la banda, otros de la estructura de difusión internacional, se localizan sendos almacenes de armas y explosivos en Francia, varios zulos en Guipuzkoa y en Bizkaia son detenidos 3 miembros del único comando operativo, con abundante material.

Ahora ETA lanza dichos comunicados y aunque públicamente el gobierno y los partidos políticos los desoyen, se suceden todos esos hechos que me constatan que ETA está abandonando la lucha armada.

Las cloacas o alcantarillas de un Estado son inmensas, seguro que aunque no directamente por parte del gobierno o sus estructuras, sí desde dichas alcantarillas ha habido contactos e incluso, pudiera ser, acuerdo.

Creo que ETA está en el camino de abandonar las armas. Pienso que el acuerdo está alcanzado y antes de hacerse público ETA estaría verificando su decisión al estado; de ahí estas últimas detenciones y localizaciones de armas y explosivos.

No vale la pena más golpes, más dolor, más lágrimas. Toda guerra termina reuniéndose ambos bandos para acordar los términos de su fin. Yo estoy por ello. Euskadi y España se merecen de una vez la paz.

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