¿El mundo está en crisis?

El mundo no está en crisis. No existe ninguna crisis mundial. Lo que existe es una aguda crisis en el campo de los países aliados y dependientes de EEUU. Por contra, China e India crecen a un ritmo del 10% anual. Brasil y Rusia al 7%. Y el conjunto de Asia (excepto Japón), Iberoamérica e incluso una parte de África mantienen un crecimiento por encima del 5%.

Alberto
14/04/11 · 23:06
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El mundo no está en crisis. No existe ninguna crisis mundial. Lo que existe es una aguda crisis en el campo de los países aliados y dependientes de EEUU. Por contra, China e India crecen a un ritmo del 10% anual. Brasil y Rusia al 7%. Y el conjunto de Asia (excepto Japón), Iberoamérica e incluso una parte de África mantienen un crecimiento por encima del 5%.

Hace sólo una década, el campo imperialista capitaneado por EEUU tenía en sus manos repartirse más de los dos tercios de la riqueza mundial, alrededor de 40 billones de dólares al año. Hoy, la “porción de la tarta” que pueden repartirse es de apenas el 50%, 30 billones. Y en la próxima década su participación en la riqueza mundial estará ya por debajo del 40%, es decir, unos 24 billones de dólares. Y cuanto más se les reduce el espacio económico del que hasta ahora disfrutaban para extraer beneficios y riqueza, más agresivas y voraces se vuelven, y más estrujan a los países que, como el nuestro, son políticamente dependientes de ellos y están bajo su dominio.

¿Está el mundo en crisis? ¿hay una crisis mundial? ESTO ES UNA MENTIRA. En el mundo hay 3 campos claramente diferenciados:

En uno de ellos está el primer mundo; la cabeza imperialista. Los EEUU y con ellos, sus socios preferentes como Alemania.

El segundo campo es el formado por los países que, como el nuestro, tenemos emasculada nuestra capacidad de decisión, países formalmente independientes pero en realidad dependientes política, militar y económicamente. Estos dos campos son los que están en crisis.

Una crisis provocada por el estallido de las hipotecas subprime en EEUU. Y desde allí, extendida al resto de países bajo su órbita.

Tras la crisis de las punto.com del año 2000 y el 11-S del 2001, la Reserva Federal (el Banco Central norteamericano) decide bajar el precio del dinero, prestándolo a un interés del 1%, muy por debajo incluso de la inflación. Esto provoca una explosión del mercado hipotecario. Los bajos tipos de interés permiten que más gente pueda comprarse una casa, aumente la demanda y se produzca un constante incremento del precio de la vivienda. Y el negocio hipotecario se convierte en la principal actividad de la banca y en su mayor fuente de beneficios.

Con un sector de la construcción rindiendo beneficios superiores al 100% anual, la gran banca norteamericana pasa de financiar la expansión hipotecaria mediante activos propios a sostenerla sobre la base de un endeudamiento cada vez mayor. Necesitaban atraer más capitales, pidiéndolos prestados a otros bancos o al sistema financiero internacional, para seguir concediendo hipotecas. Los famosos “derivados financieros” cumplían exactamente ese papel: las hipotecas eran transformadas en bonos que eran vendidos para obtener liquidez inmediata, dinero con el que financiar nuevas hipotecas.

Toda esta expansión de productos financieros con garantía hipotecaria debía descansar sobre la permanente concesión de nuevas hipotecas y el ininterrumpido incremento del precio de la vivienda. Por eso para seguir expandiendo el mercado y los beneficios se hizo necesario recurrir a productos cada vez de mayor riesgo, con mayor rentabilidad pero con más peligro de morosidad, como las hipotecas subprime, que permiten no pagar apenas nada durante los primeros tres años, pero que después elevan los intereses hasta el 15%, cinco veces más que la media.

Hasta que en el año 2007 empieza a manifestarse el fenómeno de la superproducción: hay más viviendas en el mercado de lo que la sociedad norteamericana tiene capacidad de consumir. La demanda de nuevas viviendas se detiene y, en consecuencia, cae su precio y los impagos hipotecarios se extienden. Los activos con garantía hipotecaria pierden su valor, y todo el gigantesco edificio financiero construido sobre ellos se desmorona. Wall Street se hunde y desde allí la crisis se extiende a los países bajo su órbita.

¿Pero qué sucede mientras tanto en el resto del mundo?
Desde el momento que estalló la crisis de las subprime en EEUU, China ha venido creciendo en más de un 10% anual. La India, más de un 9%. Y este es un fenómeno que abarca a toda Asia, con la única excepción de Japón. Brasil, con un crecimiento algo menor, crece al 7,5% y a su vez, prácticamente la totalidad de Iberoamérica experimenta un crecimiento económico entre el 4 y el 5%. Incluso una parte de África participa de este crecimiento.

Esta parte del mundo que representa más de la mitad de la población mundial NO ESTÁ EN CRISIS. Y no sólo eso, sino que mantiene un RITMO DE CRECIMIENTO VERTIGINOSO. Son ellos los que sostienen el 80% del actual crecimiento económico del planeta.

Son los países que han conseguido zafarse total o parcialmente de la dependencia y las imposiciones imperialistas.

En Brasil, hace 8 años, cuando Lula llegó a la presidencia, había 50 millones de pobres, uno por cada 4 habitantes. En este tiempo, más de 20 millones de personas han superado la barrera de la pobreza. Y ésta disminuye a un acelerado ritmo del 10% anual, de forma que en 2016 estará prácticamente eliminada. ¿Cómo ha sido posible esto? Por que Lula ha aplicado exactamente la receta contraria a la que nos imponen a nosotros Bruselas y el FMI. Citando textualmente un artículo de EL PAIS:

El crecimiento de Brasil ha sido posible, según los economistas, por la conjunción de varios factores. En primer lugar, la creación de 12 millones de empleos fijos (empleos fijos) en los últimos ocho años. En segundo lugar, el aumento del 53% del sueldo base de los trabajadores, (aumento del 53% del sueldo) que en algunos sectores alcanza el triple del sueldo base. En tercer lugar una política de ayudas sociales a las familias pobres (más ayudas sociales) que les ha permitido consumir más.

El aumento del consumo interno, -sigue el artículo- impulsado por el aumento de los salarios y los millones de personas que salieron de la pobreza en los últimos años, fue uno de los factores que ayudaron a Brasil a mitigar los efectos de la crisis financiera mundial.

¿Quién ha dicho entonces que no se puede salir de la crisis redistribuyendo la riqueza y aumentando la inversión productiva para generar riqueza y empleo? ¿No lo hace Brasil?

Como reconoce abiertamente la ONU, si el mundo ha podido alcanzar los llamados “objetivos del milenio”, es decir, la lucha por la eliminación de la pobreza y el hambre en el planeta, es gracias a la aportación decisiva de China, que ha sacado a más de 300 millones de personas de la pobreza. Sólo en 2009, el salario mínimo creció en China un 20%, y en las regiones más pobres más de un 30%.

Su motor del crecimiento ha pasado a estar en el consumo doméstico, en el aumento del poder adquisitivo por habitante, un aumento del nivel de vida que las agencias de calificación yanquis cifran que este año en China alcanzará a 2/3 partes de sus 1.300 millones de habitantes.
Según sus previsiones, en los próximos dos años el número de hogares en el BRIC (Brasil, Rusia, India, China) con ingresos de U$S 10.000 anuales superará a los de la Zona Euro y EE.UU. combinados.

Tenemos crisis, pues, los países dominados e intervenidos por EEUU, el resto del mundo, los que han conseguido librarse de la dependencia en mayor o menor grado; NO TIENEN CRISIS.

Aquí nos aplican exactamente lo contrario que lo que está permitiendo el crecimiento de estos países:

Brasil genera 12 millones de empleos fijos. // Aquí, 5 millones de parados, el trabajo precario y la reforma laboral del Gobierno de Zapatero al dictado del FMI y del telefonazo de Obama.

Allí un aumento del 53% del sueldo de los trabajadores. // Aquí la reducción del 25% que nos exigen desde Wasington.

Allí el gobierno de Lula, promoviendo una política de ayudas sociales. // Aquí el de Zapatero con los recortes drásticos en las pensiones, la salud, la educación...

Esto es lo que está pasando en las potencias emergentes, pero también en pequeños países que como Bolivia, Ecuador, Venezuela o Angola luchan por decidir su propio destino. En esta parte del mundo NO HAY CRISIS. Pero en el campo de los países dependientes de EEUU, sí.

Y a medida que las economías emergentes y los países independientes crecen, ocupan una mayor parte del mercado mundial y se apropian de una mayor porción de la riqueza global, a las viejas potencias se les achica el espacio en el que hasta ahora podían reinar sin más competencia que la existente entre ellas mismas. Y en consecuencia disminuye la “porción de la tarta” que pueden repartirse. Tendencia que la crisis no ha hecho más que agudizar y multiplicar aceleradamente.

Con el estallido de su crisis, las grandes oligarquías financieras del planeta –y en especial la de la superpotencia hegemónica, EEUU, cuya economía es un auténtico caballo desbocado galopando sin freno en busca de nuevas fuentes de financiación para su gigantesca deuda– han acumulado estos últimos años un retroceso sustancial y una formidable pérdida en su peso económico mundial. Lo que las vuelve más feroces y agresivas a la hora de imponer una nueva redistribución de fuerzas en el campo imperialista y lanzarse a explotar más concienzudamente los países y mercados que dominan.

Esta es la lógica implacable que explica lo que está ocurriendo. A las grandes potencias mundiales se les reduce el espacio económico del que pueden disfrutar para sacar jugosas plusvalías. Y cuanto más se les reduce, más débiles son y mas agresivamente reaccionan imponiendo a los países dependientes de ellos una costosa factura para que corran con la mayor parte de las pérdidas provocadas por su crisis.

Factura que en España, tras la llamada de Obama a Zapatero en el mes de mayo, ya hemos empezado a pagar.

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