HIYAB // EL DISCURSO DOMINANTE VICTIMIZA A LAS MUJERES MUSULMANAS Y LAS DESPOJA DE TODA OPINIÓN PROPIA
Las mujeres también tienen voz sobre el velo

El revuelo causado por el ‘hiyab’ de Nawja a finales de abril descubre la inconstitucionalidad de los reglamentos internos de algunos centros públicos, el uso interesado del laicismo y un desconocimiento profundo del islam.

27/05/10 · 6:00
JPG - 99.2 KB
 
Foto: Edu León

La normativa de algunos centros de
educación públicos del Estado español,
que prohíbe en las aulas el uso
del hiyab (término árabe que se refiere
al velo de las mujeres musulmanas),
se ampara en una supuesta defensa
del laicismo y la consideración
del hiyab como símbolo religioso. Es
el caso del IES Camillo José Cela
(Pozuelo de Alarcón, Madrid), que
en abril impidió a la alumna Nawja,
de 4º de la ESO, acudir al centro por
llevar el hiyab; o el IES San Juan, que
cambió su reglamento durante el
curso escolar para evitar ser el destino
de Nawja. Para la Consejería de
Educación de Madrid el conflicto estriba
en si la normativa de un centro
cambia o no durante el curso escolar,
obviando la necesidad de un debate
más profundo sobre convivencia
y diversidad donde las mujeres
musulmanas tengan voz.

¿Símbolo religioso impuesto?

“Hay una mala interpretación del laicismo
y de lo público. Las que tienen
que ser laicas son las instituciones,
pero las personas son libres de exteriorizar
lo que quieran a través de
sus cuerpos”, nos explica Sirín Adlbi
Sibai, española de origen sirio y de
confesión musulmana e investigadora
en el Taller de Estudios Internacionales
Mediterráneos de la Universidad
Autónoma de Madrid
.
Nessrín el Hachlaf Bensaid, licenciada
en Derecho, pone el acento en lo
legal: reconoce que el primer centro
escolar de Nawja tenía unas normas
previas al fenómeno de la migración,
“quizás está absolutamente desfasado
y debería adaptarse a la situación
actual de España”. Pero, en definitiva,
considera que es una normativa
inconstitucional que se contrapone a
la libertad ideológica y religiosa (artículo
16): “El velo es de la esfera privada,
no atenta contra el laicismo de
un país. Es irónico que se prohíba el
velo islámico y no el de las monjas.
Eso es racismo”.

Existen diferentes tipos de velos,
producto de las diversas culturas y
religiones del mundo, no sólo en
regiones árabe-musulmanas. El hiyab
es uno de ellos. Además, los
usos del hiyab son muy diversos.
“Hay que hablar del hiyab en plural.
Como fenómeno social es extremadamente
complejo, cada mujer
puede darle diferentes sentidos:
formas de significación estética,
político-identitaria, social, étnico,
espiritual...”, matiza Sirín. La consideración
del hiyab como símbolo
religioso impuesto a las mujeres es
una interpretación errónea a los
ojos de estas dos musulmanas que
conocen la tradición islámica: “No
hay ningún precepto islámico que
obligue a las mujeres a cubrirse la
cabeza, es una recomendación tanto
a mujeres como a hombres”, según
Nessrin. Por su parte, Sirín reconoce
que “si fuese impuesto
atentaría contra el concepto islámico
de la no coacción”. M. Laure
Rodríguez Quiroga, española convertida
al islam hace ocho años y
presidenta de la Unión de Mujeres
Musulmanas en España (UMME),
comenta que ser mujer musulmana
va más allá del hiyab, unas eligen
usar el pañuelo y otras no.

Entre estas tres mujeres ya encontramos
diversas consideraciones
sobre el hiyab. Sirín lo lleva
por “una razón espiritual, por
amor a Dios. Según esta investigadora
de los feminismos islámicos,
a veces se le da demasiada
importancia a los usos identitarios
del hiyab cuando, para ella, el uso
mayoritario en el Estado es espiritual,
“es algo así de simple”. Fue a
los 20 años cuando decidió ponerse
el hiyab, sus padres son religiosos
y practicantes pero cuando su
hermana mayor se puso el velo lo
hizo en contra de la voluntad de
ellos, que temían que fuera a tener
muchos problemas. Reconoce
que en la universidad es fácil llevar
velo, pero “cuando bajo al metro
hay un acoso tremendo, están
los que me miran con cara de odio
y los que me miran con cara de pena”.

Nessrín, por su parte, se desmarca
del uso del velo como identidad
política, “yo soy musulmana
y no tengo que llevar un cartel”.
También cuestiona que las chicas
jóvenes como Nawja no hagan un
uso religioso sino estético de él, lo
ha observado en las encuestas que
ha realizado en diversos institutos:
“Te dicen que llevan el velo
porque son musulmanas y no saben
ni en qué dirección se orienta
la Meca”. M. Laure no lleva ningún
pañuelo en la cabeza pero reconoce
que sí lleva el hiyab, qué
más allá de un trozo de tela es “la
dimensión espiritual a la que alude
el Corán”.


¿ES EL VELO UN SÍMBOLO DE OPRESIÓN FEMENINA?

La interpretación que más eco
ha tenido en los debates
mediáticos españoles a raíz
del caso de Nawja es la que
vincula el hiyab con la opresión
de las mujeres en la cultura
islámica. Incluso mujeres
que se reconocen como feministas
apelan a esta crítica
ilustrada que victimiza a las
mujeres árabe-musulmanas y
las homogeneiza. Sirín considera
que este discurso es islamófobo,
“producto de siglos
de dominación colonial (...),
sirve a intereses políticos y
económicos, como ocurrió con
la imagen de la mujer afgana
ataviada con la vestimenta de
la etnia pastún: el burka sirvió
para justificar la guerra contra
Afganistán. Nessrín comenta
que la aparición de mujeres
musulmanas como objeto de
noticia ha aumentando en el
último mes, pero siempre en
relación con el velo. “Es muy
triste que seamos noticia por
el velo y siempre se nos asocia
a sumisión. Las mujeres
musulmanas podemos ser
veladas, rapadas, feministas”.

“Esta interpretación del velo
como algo opresor pone una
vez más a las mujeres en el
centro del conflicto. Siempre
se usa la vestimenta de las
mujeres, las convierten en
objeto de mediación de las
libertades de una sociedad. Si
se cubren las tachan en un
lado; si no, las tachan en
otro”, advierte M. Laure. Reconoce
que los medios de comunicación
transmiten connotaciones
negativas en las
imágenes de las mujeres
musulmanas: “no abundan las
representaciones de mujeres
musulmanas como sujetos
activos, el III Congreso de
Feminismo Islámico, por ejemplo,
no fue casi cubierto porque
no se hablaba de mujeres
víctimas sino en positivo, y eso
no es mediático”. El reto para
ella no es echar balones fuera,
sino “generar una autocrítica
en las personas musulmanas
y ser capaces de reconocer
que se cometen violaciones
de los derechos de la mujer en
nombre del islam”. Observa un
auge de organizaciones de
mujeres musulmanas en el
Estado, “las jóvenes son las
que están empujando, han
nacido aquí o han llegado muy
jóvenes y detectan otras necesidades.
Muchas son universitarias,
cercanas al feminismo
islámico y reclaman espacios
legales y espirituales”.

Tags relacionados: Feminismos Militarismo
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto