BRASIL: 18.000 MILITANTES SE JUNTAN PARA PERFILAR ESTRATEGIAS
El V congreso del movimiento sin tierra reafirma su autonomía frente a Lula

Con el lema “Reforma Agraria: por Justicia Social y Soberanía Popular” se celebró, del 11 al 15 de junio, el V Congreso del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil.

, investigador-visitante en la UNICAMP (Brasil) y miembro del Komité de Apoyo al MST de Madrid
05/07/07 · 0:00
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ACTO SIMBÓLICO. Una gran marcha inundó Brasilia de camisetas y gorras rojas para denunciar, frente a la plaza de los Tres Poderes -el principal símbolo del poder político brasileño-, el inmovilismo del Gobierno de Lula./ Joka Madruga

El mayor movimiento social
del país, que reúne hoy a
más de un millón y medio
de personas, creó en
Brasilia un macrocampamento para
albergar a los 18.500 militantes
que participaron en este encuentro,
sin función electiva, que sirvió como
espacio de formación política,
de interacción entre las delegaciones
de ‘sin tierras’ provenientes de
24 estados brasileños y, fundamentalmente,
de discusión sobre la coyuntura
nacional e internacional y
de análisis sobre los nuevos retos y
desafíos.

Desde su comienzo en 1985, los
congresos han reflexionado sobre
cómo afrontar la reforma agraria ante
las diferentes coyunturas políticas
y económicas. Si en las primeras
ocasiones, el MST priorizó su territorialización
y consolidación en un
contexto de redemocratización postdictatorial,
a partir del penúltimo
congreso, realizado en 2000, los desafíos
del movimiento se ampliaron
considerablemente ante las consecuencias
visibles de las políticas neoliberales
implantadas en los ‘90. De
este modo, los principales retos pasaron
a ser el enfrentamiento con el
modelo neoliberal, el fortalecimiento
y ampliación de las articulaciones
nacionales -junto a otras fuerzas sociales
rurales y urbanas, como el
Movimiento de los Sin Techo- e internacionales -destacándose la formación
y organización de la Coordinadora
Latinoamericana de Organizadores
del Campo y Vía Campesina-
y el énfasis en la formación
continua de las bases sociales.

Nuevo contexto

El V Congreso marca una profundización
de los debates previos en un
nuevo contexto donde por primera
vez se analiza la cuestión agraria con
el Gobierno de Lula en el telón de
fondo. Quedó patente en el Congreso
no sólo la (re)afirmación de la autonomía
del movimiento, sino también
los nuevos rumbos que toma la
reforma agraria frente a la extensión
del agronegocio y los impactos
del monocultivo. Para el MST, la expansión
de los modernos latifundios
de monocultivo sostenidos por empresas
transnacionales, Gobierno y
grandes latifundistas, genera catastróficas
consecuencias ambientales -destrucción de la biodiversidad y
profundización del cambio climático-
y sociales -reducción de los salarios,
incremento de la explotación
de la mano de obra campesina, mayor
concentración de la propiedad
de la tierra, éxodo rural y exclusión
social-, teniendo como consecuencias
inmediatas la concentración de
la producción en mercancías altamente
lucrativas y destinadas al
mercado externo.

La oposición rotunda al modelo
exportador del agronegocio se nutre,
por un lado, de continuas
protestas, como la acción directa realizada
el 8 de marzo de 2006 por
mujeres del MST y Vía Campesina
en el laboratorio de investigación
de la multinacional Aracruz
Celulosa en Río Grande del Sur, o
las jornadas de ocupaciones simultáneas
en todo Brasil, hace dos meses,
en lo que ha sido llamado el
“abril rojo del movimiento”. Por
otro lado, se va tejiendo una vía propositiva
cada vez más estructurada
que defiende la soberanía alimentaría,
la agroecología y la defensa del
medio ambiente. En definitiva, la
construcción de un nuevo modelo
agrícola familiar que aboga por el
control de los recursos naturales
por parte del pueblo brasileño y la
distribución equitativa del acceso a
la tierra y a las riquezas producidas.

Asimismo, en el congreso se profundizó
en la discusión iniciada en el
Foro Mundial de Soberanía Alimentaría,
realizado en Mali, sobre los
biocombustibles -la gran apuesta de
Bush, Lula y del capital para la producción
de combustibles que sustituyan
la energía fósil, especialmente
el petróleo-. Se opta desde el MST
por llamarlos agrocombustibles y no
biocombustibles ya que, al contrario
de lo que supone el prefijo bio, atentan
contra la vida de los campesinos.
Según João Pedro Stédile, uno de los
líderes de los sin tierra, una de las
principales consecuencias de este
nuevo modelo del agrocombustible
es la tendencia a la hegemonía del
cultivo de caña de azúcar para la producción
del etanol, controlada por
alianzas de empresas transnacionales
como Bunge, Cargil o Monsanto.

En este contexto de globalización
capitalista, el rasgo internacionalista
estuvo fuertemente presente durante
todo el encuentro a través de una
comisión de más de 200 invitados de
organizaciones campesinas de África,
Asia, América Latina y Europa -la mayoría de ellas pertenecientes a
Vía Campesina- y grupos de apoyo
al MST en Europa y EE UU. La convergencia
de las resistencias y experiencias
globales, así como la denuncia
del imperialismo y de los intereses
del capital financiero, asumió un
importante rol en los debates, en un
escenario donde la principal preocupación
de los campesinos sin tierra
ya no son los latifundistas nacionales,
sino el matrimonio de estos últimos
con las empresas transnacionales.
Los mensajes de solidaridad política
a la lucha de los sin tierra enviados
durante el congreso por Fidel
Castro, Hugo Chávez y el subcomandante
Marcos también hicieron hincapié
en la necesidad de la profundización
de las alianzas y de espacios
contrahegemónicos que defiendan
los intereses de los pueblos.

Discursos emotivos como el de
la octogenaria Elizabeth Teixeira,
una de las líderes de las Ligas
Campesinas -organización precursora
del MST-, se mezclaron con
representaciones culturales populares,
la mística de los sin tierra y
la perfecta organización de un congreso
que finalizó con dos actos
simbólicos: una gran marcha que
vistió Brasilia de camisetas y gorras
rojas para denunciar frente a
la plaza de los Tres Poderes -el
principal símbolo del poder político
brasileño- la inmovilidad del
Gobierno de Lula en la aplicación
de la reforma agraria. Y la elaboración,
aprobación entre los militantes,
y entrega de una carta al
Gobierno Lula que sintetiza las reivindicaciones
de un movimiento
que sigue luchando por cambios
profundos en la sociedad brasileña
a través de un concepto cada vez
más amplio de reforma agraria,
que no se limita ya al acceso a la
tierra, sino a las relaciones con la
naturaleza, a formas de producción
no capitalistas y a la construcción
de nuevas sociabilidades.

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