REPORTAJE // EXPERIENCIAS EN EL ESTADO ESPAÑOL
Trueque: un ensayo económico y participativo

Los colectivos de trueque intentan ofrecer una alternativa al sistema económico
neoliberal, promocionando las habilidades y los conocimientos que todos
poseemos pero que, en muchas ocasiones, el mercado no reconoce.

06/05/06 · 22:24
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APRENDIZAJE. En los grupos de trueque
también se intercambian saberes. En la
foto, elaboración de aceite de oliva. / Cor Baleares

El trueque es un sistema de intercambio
tan antiguo como la propia
humanidad. Este planteamiento
comercial necesita de tres elementos
indispensables: la necesidad, la
solidaridad y la confianza. Tras la
aparición del dinero se vio relegado
en el ámbito comercial, pero el
trueque es empleado hoy como una
forma de resistencia al modelo económico
global. En nuestro Estado
existen diferentes proyectos relacionados
con el intercambio de
bienes, servicios, conocimientos
que pretenden mostrar una alternativa
a la dependencia del dinero.
En cada proceso las personas se
ponen de acuerdo en la forma y el
valor del intercambio. Aunque en
muchas ocasiones no se trata del
clásico trueque producto por producto
o servicio por servicio, sino
que existe una unidad de valor ficticia:
créditos, nodines, tickets...
Los participantes los van consumiendo
y ganando en razón de las
actividades que realizan.
Los sistemas de trueques organizados
comenzaron en Counterbay
(Canadá), en 1983, como respuesta
a la crisis económica que sufre esta
región, y desde allí se expandieron.
Su mayor expresión se dio en Argentina
en los años de la crisis de
principios de este siglo (ver recuadro
abajo). La experiencia canadiense
llegó también al Estado español,
donde se tradujo en la creación,
entre otros, del Club de Trueque
de Zarautz en 1997. El club desapareció
en 2002. Según Eduardo
Troncoso, uno de sus fundadores,
en Europa la situación es muy diferente
porque la sociedad “vive en
una burbuja” y en unos niveles de
riqueza que no la hacen plantearse
habitualmente una alternativa al
monetarismo. Además, reconoce
su dificultad ya que se necesita que
la población “esté capacitada para
ello”. Como proyectos del club de
Zarautz destacaron una panadería,
una frutería y una academia de inglés
e informática donde se podían
utilizar los nodines.

Estos clubes “intentan ser un
análisis crítico del actual sistema
económico, pero a la vez integrar a
gente que no está demasiado concienciada
política y socialmente,
además de la gente que más necesitada
está de recursos”, afirma
Miguel Ángel Gómez, de Proyecto
Trueque (Bilbao), que tras más de
cinco años de funcionamiento
desapareció el año pasado. Otro
proyecto que nace a finales de los
‘90 es la Cooperativa de Trueque El
Foro (Madrid), que en su momento
más álgido llegó hasta los 80 ‘prosumidores’.

Funcionan a través de
un boletín donde se anuncian todas
las ofertas, principalmente servicios,
y de mercadillos cada varios
meses. Los intercambios, según su
integrante Marta Pascual, “pretenden
ser equitativos, aunque no rigurosamente
igualitarios, para que
a largo plazo todos ofrezcan y reciban
servicios”. Aunque no utilizan
vales, sí se sirven de un registro
“para evitar excesos de los servicios
de la gente, si alguien abusara
se le encargarían tareas, pero esa
situación nunca ha ocurrido”. Para
valorar las horas de servicio usan
el estándar de una hora igual a 10
foros (1 foro, 0,60 euros).

Algunos colectivos

Nuevos proyectos han sustituido a
los pioneros, en extinción o decadencia.
Siguiendo los pasos del Foro
se fundó, también en Madrid, El
Trocódromo, que estos días ha celebrado
su primer aniversario y sigue
incorporando gente “que enriquezca
la cooperativa con aquellas
cosas que esté dispuesta a enseñarnos
y a ofrecernos”. Otro proyecto
que también comenzó hace un año
es el emprendido por la Red de
Prosperidad (Madrid), que intercambia
servicios al precio de una
hora recibida, una hora ofrecida.

Además, un sábado al mes instalan
un mercado en la plaza de Prosperidad, en el cual sus participantes
pueden intercambiar objetos y,
además, “sirve para denunciar los
problemas que tiene el barrio y que
sean conocidos por más gente”,
afirma Ethel Mokotoff, miembro
de la Red. Además comenta que el
proyecto “surgió como resultado
de la ‘comisión de la pela’ de la propia
Red, que investigaba hasta qué
punto el dinero determina nuestras
vidas e intentaba buscar alternativas
para que la gente pueda satisfacer
sus necesidades”.

Por su parte, COR, Asociación
de Trueque de Baleares, se creó en
2003 y actualmente cuenta con 80
miembros que intercambian principalmente
servicios, aunque cada
tres meses realizan encuentros y,
también, organizan talleres. COR,
según una de sus miembros, Shalabha
Beltrán, “se crea para compartir
y evitar las relaciones a través
del dinero, y poder, así, aprovechar
nuestra abundancia de conocimientos
y sabiduría”. Para sus
intercambios utilizan cors (‘corazones’
en castellano), y todos sus
miembros comienzan con 100 unidades,
que “deben mantener en
equilibrio, para asegurar que todos
den y reciban”.

En Córdoba, el Colectivo de
Trueque Kotruco, formado por
más de 70 personas, al igual que
otros colectivos utiliza el mail para
ofertar bienes y servicios, realiza
una feria de trueque un domingo
al mes y a través de un boletín
también da a conocer las necesidades
de sus miembros. “Queríamos
buscar alternativas de consumo,
aunque ya habíamos promovido
anteriormente alguna campaña
anticonsumista, sobre todo
porque creemos que otra economía
se puede organizar, en la que
no se especule con el dinero”, señala
su militante Leticia Toledo,
quien matiza: “sabemos que no vamos
a conseguir cambiar el sistema
en dos días, pero damos que
hablar y que pensar”.
Otros proyectos similares son
Trueque en Acción, formada por
Ecologistas en Acción, que realiza
intercambios a través de vales, la
Xarxa d’Intercanvi de Nou Barris
(Barcelona) o el mercado anual que
se celebra en Banyoles (Girona).

Trocar conocimientos

Las Redes de Intercambio de Conocimientos
funcionan en diferentes
localidades de Cataluña como
Castelldefels, Girona, Barcelona,
L’Escala o Mataró. El proyecto surgió
de la iniciativa de varios profesores
universitarios y de educación
de adultos. En estos proyectos sólo
se intercambian conocimientos
“por un sistema de reciprocidad, te
apuntas a un cursillo pero tienes
que ofrecerte para impartir otro,
aunque cuando ya hay una excesiva
oferta de talleres, se cierran los
ofrecimientos y la gente ya sólo
puede apuntarse a cursos ofertados”,
según explica Pablo Palmero,
de la Red de Castelldefels. Además,
realizan ferias de intercambio entre
todas las redes, y para ello se
reúnen en una masía y un mercadillo
una vez al año en el barrio
barcelonés de Gràcia.


Una respuesta ciudadana a la crisis argentina

La proliferación de nodos
de trueque en Argentina
fue una contestación a la
grave crisis económica que
sufrió el país hace unos
años. En la localidad de
Bernal, cerca de Buenos
Aires, el 1º de mayo de
1995 se creó el primer
club de trueque con una
veintena de vecinos.
Hasta el 2000 su crecimiento
fue continuado por
todo el país. A partir de
2001 se incrementa masivamente
su número, debido
a la falta de liquidez que
se dio en la economía tras
medidas políticas como el
’déficit cero’ o el ‘corralito’.
Según Troncoso, también
fundador del club de Bernal,
estos proyectos “salvaron
la vida de muchas personas
tras el corralito, que
fue un genocidio”. En 2002
llegaron a existir unos
8.000 nodos y unos
2.500.000 ‘prosumidores’,
aunque los participantes
rondaban los 10 millones.
La falsificación de créditos,
la acumulación de títulos
por algunos de los ‘prosumidores’,
el robo en la sede
central de Quilmes, el fuerte
incremento de los precios,
las amenazas de grupos
parapoliciales, junto a
otros efectos externos,
como la disponibilidad de
dinero de curso legal tras la
puesta en funcionamiento
del Plan Jefes y Jefas de
Hogar Desocupados a
mediados del 2002, provocaron
que decreciese la
cantidad de gente que
recurría al trueque.
Los nodos que se mantienen
pretenden mantener
una red en la que sus
miembros puedan impulsar
una economía solidaria que
fomente el trabajo y ayude
a los desempleados a recuperar
su autoestima.

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