ANÁLISIS // LA HERENCIA DEL ZAPATISMO EN LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DE AQUÍ Y DEL MUNDO
El tejido de nuestro pasamontañas

Han pasado 15 años desde aquel “¡Ya Basta!” que
transformó de manera radical las formas de hacer
política de los movimientos sociales en el mundo.
Pero, ¿cuáles son esos aportes del zapatismo?

22/01/09 · 0:00
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UNA ÉTICA, UN MÉTODO. El zapatismo
incorpora una ética en la que no hay
manera de distinguir fines y medios.
En el que resultado final y proceso
tienen la misma importancia. Un
método sostenido por la pregunta y
la consulta permanente, que pone
toda su atención en la propia dinámica
comunitaria y de construcción
del movimiento. Resitúa el método
y la forma del conflicto social, no a
través de la oposición frontal a una
determinada forma de ejercer el poder,
sino a partir de la apertura de
procesos colectivos que obligan al
propio poder a redefinirse o que
constituyen en sí mismos formas
autónomas de poder. “Mandar obedeciendo”
y “Caminar preguntando”
son dos de los planteamientos
que atraviesan los nuevos espacios
sociales a partir de su aparición.

UN LENGUAJE. Los zapatistas resaltan
que uno de los espacios fundamentales
de producción de organización
social y conflicto, es el comunicativo.
Su lenguaje nace de una
investigación profunda en sus propios
mitos, es una obsesión por hacerse
comprensible a partir de sus
propias comunidades. Desenterrar
del mito de la nación mexicana las
imágenes que componen el común
de un lenguaje colectivo y mezclarlo
con la singularidad indígena.
También es importante su capacidad
para gestionar la ausencia de
comunicación, los tiempos de silencio.
Otro de los aportes más interesantes
es quizás la introducción del
humor, la ironía y la paradoja.

UNA FORMA ORGANIZATIVA. La organización
de las reivindicaciones en
torno a demandas (salud, tierra, libertad,
etc), que luego se van construyendo
en el proceso de resistencia
comunitaria, indica una concepción
de la organización que no apela
a lo trascendente, ni pide nada a
otras instancias que deben legitimarlo,
sino que se ejerce a partir de
la inmanencia, de lo concreto.
No es posible entender la organización
zapatista sin recordar la
constante presencia de las mujeres
en los procesos centrales de toma
de decisiones, los esfuerzos por
construir una organización igualitaria
y desarrollar la autonomía de las
mujeres y sus propios espacios de
construcción comunitaria.
UN TIEMPO Y UN ESPACIO. Otra de
las aportaciones nace de estar
donde no se le espera, de resultar
imprevisible. Esa capacidad de territorializar
su experiencia y a la
vez producir redes de forma constante
y utilizar a su favor el factor
sorpresa, los convierte en una especie
de magos de la gestión de un
espacio y un tiempo propios.

LA REBELDÍA Y EL FIN DE LAS DICOTOMÍAS.
Como conclusión, la aparición
de la figura del rebelde como
principal aportación del zapatismo
a la práctica de los movimientos.
Una figura que deconstruye
tanto la figura del “reformista”
como la del “revolucionario”. El
zapatismo es, en realidad, una deconstrucción
de la mayor parte de
las oposiciones de la izquierda del
siglo XX: “Reforma/Revolución”,
“Violencia/Noviolencia”, etc.
Pero no podemos dejar de resaltar
que el zapatismo no nace
desconectado de sus propios filones
ortodoxos y heterodoxos de
acción política y sería injusto no
recordar alguna de las constantes
que lo conectan y nos conectan
con una múltiple tradición de luchas.
Ellos saben que no hay
transformación sin conflicto social.
No hay conflicto social sin
sujetos. No hay sujetos sin procesos
organizativos.

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