Situaciones de la okupación en Bilbao

El autor analiza la situación en Bilbao, una ciudad
que ha tenido en los últimos tiempos un nuevo
impulso de activismo en torno a la okupación, así
como una fuerte ofensiva desde la Administración.

29/05/08 · 0:00
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BILBAO. Okupación en el centro de la ciudad, el 28 de diciembre pasado / Bilboko Okupazio Mugimendutik (BOM)

Tendríamos que situarnos a
comienzos de curso, para
poder contextualizar esta
contraofensiva municipal
que ha comenzado tras las elecciones
generales de marzo. Una iniciativa
del consistorio que elude cualquier
costo electoral, por minúsculo
que pueda a priori parecer. Hay que
recordar que la composición interna
del equipo de Gobierno local
coincide con las áreas que el tripartito
vasco reparte entre sus socios,
hegemonía del PNV con presencia
en las áreas de Juventud y Vivienda
de técnicos y políticos de Esker Batua.
Una coalición que a su nulo peso
social suma el arribismo de una
clase profesional que ocupa cargos
públicos a cambio de un vasallaje a
la dirección vasca de esta coalición.
Habida cuenta entonces que coinciden
en el ámbito vasco y local las
responsabilidades y las políticas institucionales
juveniles y de vivienda,
podemos comprender mejor la
ofensiva que desde el BOM (movimiento
de okupación de Bilbao) se
lanza con la okupación del bloque
de la calle Ribera, 4 (justo tras el teatro
Arriaga), donde se articula explícitamente
un discurso que aúna
la crítica a la gestión pública de la
vivienda en el municipio y del Gobierno
vasco, con la práctica de la
okupación, saltando así el BOM de
la toma de locales a la apropiación
de viviendas.

De este modo, el 28 de diciembre
de 2007, se pasa a un discurso y una
práctica que ponen en el punto de
mira a políticas públicas vascas y
que intentan encauzar el malestar
general en la gestión de la vivienda.
Es en la okupación de este bloque
en el casco viejo de la ciudad (pero
visible desde el Ensanche comercial)
donde ubicamos el desafío que
ha generado la multiplicación de futuros
desalojos. La imagen del kamikaze
uncido por una banda con
el símbolo okupa que se escogió para
la manifestación previa a la toma,
ilustra la magnitud pretendida del
choque. De este modo se pretendía
romper con la ‘paz romana’ de las
okupaciones ‘toleradas’ en los márgenes
de la ciudad para convertirla
en un problema que se imbricara en
los malestares urbanos y se ofreciera
como alternativa posible de vida.

Si a esta iniciativa juvenil sumamos
la creciente actividad de las asociaciones
vecinales contra los desmanes
que provoca la transformación
de Bilbao en una ciudad de servicios
(un cambio costeado a través
de la edificación de nuevas viviendas
en zonas recalificadas o ganadas
por derribo y su posterior venta
en el mercado libre), la posibilidad
de una confluencia de descontentos
variados estaba servida.
A partir de este año, desde los poderes
públicos se han acelerado las
estrategias para posibilitar los desalojos
de los centros sociales juveniles.
Estrategias en general de protagonismo
público indirecto pero
empujadas desde el interior de las
administraciones. Así, se ha utilizado
el chantaje contra los dueños de
los edificios mediante la tramitación
de falseados expedientes de ruina o
similares (Olabeaga, 7katu), o la utilización
de detenciones mediáticas
contra el movimiento juvenil ilegalizado
o las protestas callejeras
(Barakaldo, otra vez 7katu), más intervenciones
policiales directas como
la que dio fin a la experiencia de
vida colectiva en la Ribera o la que
abortó la reubicación en Arangoiti.

Sin embargo, la permanencia exitosa
de veteranas okupaciones como
Kukutza III, que ha sabido demostrar
su integración en el barrio
a través del Gazte Eguna del 17 de
mayo o la aportación libertaria desde
IzarBeltz, así como la tozudez de
las reokupaciones de 7katu u Olabeaga
hasta su demolición, muestran
la determinación del movimiento
pro okupación. Aunque si
recordamos que es en la interrelación
mediante la acción de diferentes
malestares frente a políticas públicas
de donde procede la demoledora
contraofensiva, más que insistir
en incidir en el interior de la espiral
represión-acción (hay una disminución
de afluencia en las manifestaciones
de repulsa) el camino
podría estar en seguir trenzando relaciones
con el movimiento vecinal
(y su movilización conjunta para el
15 de junio) y en la confluencia con
la crítica contra la exclusión social.

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