Sentirse haciendo,caminar preguntando

Villasante, miembro del Observatorio Internacional
de Ciudadanía y Medio Ambiente Sostenible (CIMAS),
habla sobre nuevas formas de hacer política y
métodos organizativos más eficientes.

27/04/06 · 14:06
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Hay un malestar de los que
se sienten desaprovechados.
Con mucha formación
(obligatoria en nuestras
sociedades), y con contratos
(si los hay) muy precarios. Con una
educación muy rutinaria (y hasta
inservible), y nuevas tecnologías.
Los mayores cada vez nos morimos
más tarde, los jóvenes cada
vez se incorporan más tarde a las
responsabilidades vitales.

En Francia han pasado de quemar
coches en las periferias a la movilización
de jóvenes y sindicatos contra
los contratos super basura. En nuestras
ciudades, de las fiestas del botellón
a estropear parquímetros en barrios
periféricos de Madrid. Parece
que aquí las cosas no son tan radicales,
pero el malestar de fondo de los
“desaprovechados/desechables” sigue
ahí, sin salidas más que en la barbarie
o la revuelta. La sociedad de los
patriarcas y de los mayores beneficios
de las grandes empresas nos lleva
a la guerra por el petróleo o a limpiar
el chapapote de sus naufragios.
En estos climas de violencia, ¿se pueden
esperar nuevas sensibilidades,
nuevas formas de movimientos?

El juego de la democracia electoral
al uso o de las ONG aparece como
un circo en el que participan algunos
casi tapándose la nariz. Pero
mucho más como voto de castigo al
contrario que por convicción propia,
más por conseguir un trabajo menos
indigno que porque se piense que se
puede transformar algo. Es mucha
más la orfandad y la indolencia ante
este patriarcado que el sentirse creativos
para organizarse, para saberse
capaces de sentirse haciendo, de caminar
preguntando. Pero hay quien
lo hace. Hay quienes están en nuevas
formas de hacer política, quienes
no se conforman con repetir las formas
patriarcales heredadas. Porque
la forma no es una cuestión formal.

Algunas sugerencias que nos llegan
de (eco)organización (eco, que
significa casa, morada o ámbito vital
en griego) empiezan por uno mismo,
por los nuestros, por los cercanos,
los afines. El sentirse haciendo, el ser
protagonistas y creativos, no sólo en
charlas militantes o en Internet para
hacer solidaridades, sino en construir
acciones operativas. Si estás
en una reunión que sirva para algo,
que quede un plan de trabajo o
un esquema que nos aclare qué hacer.
Sentirse haciendo, sentirse
aprendiendo, descubriendo algunas
carencias propias, y las creatividades
colectivas. Incluso hay técnicas
para reírse de los propios
prejuicios, o para priorizar por
dónde construir estrategias.

Pero la (eco)organización no es el
prefijo auto para mirarse el ombligo
y discutir eternamente lo buenos que
somos, y lo sectarios que podemos
ser con los más cercanos. También
aprendemos a hacer ‘mapeos’ locales
y/o sectoriales del ecosistema
en que nos movemos. No se trata
de una organización-tipo igual y
perfecta para todas partes, sino de
cómo construir las redes imprescindibles
en cada caso para poder
salir del aislamiento, y las invisibilidades,
en que solemos estar.
Estamos aprendiendo que hay muchos
más grupos y colectivos de
los que nos parecen a nuestro alrededor.
¿Cómo escuchar a los
otros colectivos, y sus diferencias,
para hacer “conjuntos de acción”
por causas concretas y operativas?

Algunos también ensayan democracias
participativas para (eco)organizarse.
Son lugares donde cada
cual hace su propuesta, se mezclan
grupos para construir algunas iniciativas
y después se priorizan ponderadamente
repartiendo los apoyos a las
varias opciones hasta alcanzar ciertos
consensos que les parecen más
operativos. Hay diversas formas de
hacerlo, pero nada que ver con votar
a unos contra otros. La cuestión es
poder construir alguna ‘idea-fuerza’
entre todos los presentes, que no sea
una simple frase bonita, sino una motivación
capaz de movilizar a sectores
diferentes de la población de manera
unitaria y eficiente.

Otros ‘ritos de paso’ por los que
parece bueno pasar son los sistemas
de control, evaluación y monitoreo.
Es decir, ponerse a hacer cosas, ‘caminar’,
y escuchar cómo va resultando,
‘preguntando’. Así, (eco)organizarse
es tener un sistema ‘inteligente’
de rectificación sobre la marcha,
de aprovechar todas las capacidades
e iniciativas que surgen, fomentando
la creatividad y la cooperación.
Aunque suene un poco mal le podemos
llamar Construcción Colectiva
de la Acción y el Conocimiento
Alternativo y Sustentable (CCACAS...).
Sobre todo que no perdamos
el sentido del humor, y que disfrutemos
haciendo disfrutar.

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