"COLOMBIA: LOS HABITANTES DE ESTA COMUNIDAD DE PAZ, ""NEUTRAL"" EN EL CONFLICTO, HABLAN DE SUS FORMAS DE LUCHA
San José de Apartadó: 10 años resistiendo

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en
Colombia, cumple diez años de resistencia pacífica en
defensa de su territorio en medio de un contexto de
guerra. La lucha de los habitantes de este enclave frente
a la política de exterminio ligada a los grandes intereses
económicos, se ha convertido en todo un referente
de resistencia no violenta en América Latina.
Hablamos con dos de sus representantes que acudieron
a Madrid para dar a conocer el día a día de su comunidad
y denunciar las violaciones de DD HH por el
Gobierno de Álvaro Uribe, así como la impunidad de la
que gozan el Ejército y los paramilitares.

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MARCHA DEL SILENCIO DE SAN JOSÉ DE APARTADÓ. En diez años han sido asesinadas 182 personas de esta comunidad. / Comunidad de Paz de San José de Apartadó

En un escenario de guerra que se
prolonga desde hace más de cuatro
décadas, los movimientos de resistencia
pacífica surgidos en los últimos
años en Colombia cobran más
fuerza cada día. La Comunidad de
Paz de San José de Apartadó, situada
en el departamento de Antioquia,
al noroeste del país, es una de
las pioneras en este sentido.
Desde su puesta en marcha hace
diez años, un 23 de marzo de 1997,
los civiles de este colectivo se han
distinguido por hacer frente, a través
de métodos no violentos, a la situación
de conflicto e inestabilidad causada
por la acción de las fuerzas paramilitares
y del Ejército contra la
guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC).

El 31 de agosto, dos miembros de
la Comunidad de Paz, Gildardo Tuberquia
Usura y Nohelia Tuberquia
Zalas, comenzaron una gira de tres
semanas por varios países europeos
con el objetivo de dar a conocer la
crítica situación que están atravesando
y buscar la solidaridad internacional.
Para ello visitaron ciudades de
Italia y Alemania (donde recibieron
dos premios en reconocimiento por
la lucha y la resistencia en defensa
de sus tierras), Bélgica y España como
última parada.

Ni desplazarse, ni someterse

La estrategia militar se intensificó
en la región a mediados de los años
‘90 y, según explica el Padre Javier
Giraldo, portavoz internacional de
la comunidad, “a los campesinos sólo
les quedaban pocas alternativas:
desplazarse y abandonar sus tierras,
o someterse al dominio paramilitar y
convertirse en grupos colaboradores
del Ejército”. Pero existía una tercera
vía, “exponerse a la persecución,
muerte y exterminio, que serían las
consecuencias fatales de su resistencia”.
Y fue este camino el que finalmente
algunos tomaron.

Gildardo Tuberquia explica que
“la situación para 1997 era ya insoportable:
la violencia llegó a niveles
extremos y aumentaron los bombardeos
indiscriminados contra la
población civil”. De los casi 5.000
habitantes, la mayoría tuvo que desplazarse
forzosamente por temor a
que les masacraran y a donde fueron
no consiguieron un futuro mejor
para sus familias y se encontraron
con gente en las mismas circunstancias:
sin empleo, sin ayudas,
sin nada”. Por el contrario, un
grupo de aproximadamente 500
personas decidió quedarse y formar
una comunidad de paz que se declara
neutral en medio del conflicto”.
Hay cuatro millones de desplazados
de guerra. Ya no hay más sitio
hacia donde ir. Hay que quedarse,
defender y fortalecer la resistencia
civil para no perder las tierras”, señala
Gildardo, quien decidió ser uno
de los que se quedara.

Poco a poco, explica Nohelia Tuberquia,
comienzan a llegar campesinos
y “nos alegra que nuestro
objetivo se esté cumpliendo, la gente
llega y encuentra de nuevo sus
tierras”. Alrededor de 2.000 personas
habitan hoy en día las diferentes
veredas de San José. Sin embargo,
formar parte activa en los
procesos de la Comunidad de Paz
es una decisión que cada persona
toma libremente, aunque cada vez
más esta opción se ve como un
medio alternativo de protección y
esto hace que más gente se implique
en el proyecto.

Según los últimos datos, hasta el
24 de septiembre, un total de 182 civiles
han muerto en esta Comunidad:
22 asesinados por las FARC y 160
por las fuerzas del Ejército y los paramilitares.
Nohelia Tuberquia, testigo
directo de la violencia, asegura
que “la política del Gobierno de Uribe
tiene como objetivo el exterminio
de los campesinos”.

Tierras fértiles

La Comunidad de San José cuenta
con tierras muy fértiles y gran cantidad
de recursos naturales: “éste es el
principal motivo por el que están llevando
a cabo las amenazas continuas
y el exterminio de la población;
están echando a la gente porque las
empresas multinacionales quieren
entrar”, indica Gildardo. Según explica,
los alimentos se cultivan de
manera totalmente natural, no necesitan
abonos químicos y se producen
en gran cantidad: cacao, bananas,
frijoles, maíz, aguacates, etc.
Hay minas de carbón, oro y reservas
de petróleo y el sector maderero
también tiene grandes intereses. En
cuanto al agua, la Comunidad está
mostrando su oposición rotunda a
la construcción de una represa con
la que se pretende privatizar el
agua que utilizan.

Principios comunitarios

Desde el Gobierno y los medios de
comunicación colombianos son
constantes los intentos de vincular
a las comunidades de paz con la
guerrilla de las FARC. Sin embargo,
San José se estructuró alrededor
de unos principios y reglamentos
que no dejaran duda de su decisión
de no colaborar con ninguno de los
actores del conflicto. Los compromisos
asumidos por los miembros
de la comunidad son los siguientes:
no portar armas, ni comerciar con
los actores armados, no entregar
información a las partes, ni pedirles
ayuda y buscar una solución
pacífica y dialogada del conflicto
colombiano.

En toda esta lucha por la dignidad
y la supervivencia, el apoyo y acompañamiento
internacional es fundamental
para los civiles de la Comunidad.
La presencia de voluntarios
extranjeros disminuye la violencia
tanto por parte del Estado como
de los grupos armados y contribuye
a que haya un mayor nivel de seguridad.
Entre las más destacadas están
las Brigadas Internacionales de
Paz, Fellowship of Reconciliation
(FOR), o la organización alemana
Krisálida, que desde hace unos años
mantiene una relación solidaria con
la comunidad de paz.


Tres años
después de
la masacre

En 2005 tuvieron lugar varios
hechos trágicos en la Comunidad
de Paz de San José de Apartadó,
entre los cuales destaca, por su
gravedad y repercusión, la masacre
de ocho personas el 21 de
febrero. En ella murieron tres
niños y uno de los líderes fundadores
de la comunidad: Luis
Eduardo Guerra.

Diversos testimonios coinciden
en señalar a integrantes del Ejército
de Colombia como los autores
del crimen. Sin embargo, el
Gobierno de Álvaro Uribe se niega
a investigar para que se esclarezcan
los hechos. Los responsables
de los crímenes permanecen
todavía hoy en la impunidad.
Una práctica habitual de los
paramilitares y del Ejército para
justificar los asesinatos es la de
camuflar armas a las víctimas
civiles y presentarlas públicamente
como guerrilleros muertos
en combate, explica Gildardo
Tuberquia, miembro de la Comunidad
de San José. Así ocurrió en
esta ocasión. De esta manera,
añade Tuberquia, “se vincula a
las FARC con las Comunidades
de Paz para justificar el exterminio
de los campesinos”.

Tras la masacre, la reacción
social fue inmediata. Comunidades
de paz procedentes de toda
Colombia así como ONG y organismos
internacionales acudieron
a San José, donde se convocó un
encuentro como muestra de
apoyo y solidaridad.

Carlos Susperregui fue uno de
los acompañantes internacionales
que participó en el encuentro. En
dos ocasiones ha visitado la
Comunidad de San José. Según
informa, “un puesto policial se instaló
de inmediato en la zona de la
masacre y las 42 familias que vivían
en esa vereda no tuvieron más
remedio que desplazarse y empezar
de cero en otra: San Josesito.

Sus antiguas casas están siendo
ocupadas actualmente por familias
de los paramilitares”.
Pese a las amenazas del Ejército,
miembros de la Comunidad
de San José trabajan en un plan
de retorno de diez familias que
ocuparán las casas abandonadas
el 21 de febrero de 2008,
cuando se cumple el tercer aniversario
de la matanza.

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