PUEBLOS ORIGINARIOS: EL AGRONEGOCIO AMENAZA LA SELVA AMAZÓNICA Y LA SUPERVIVENCIA DE 600.000 INDÍGENAS
Raposa Serra do Sol: la lucha decisiva de los pueblos indígenas de Brasil

En Brasil, dos modelos de
desarrollo luchan por ganar
una crucial batalla: el
de los pueblos indígenas
y el de las corporaciones
del agronegocio. Raposa
Serra do Sol se ha convertido
en el emblema de
esta lucha para los pueblos
indígenas del país.

02/10/08 · 0:00
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ORGANIZACIÓN. Asamblea indígena en Uiramutá./ Lati Maraña

Raposa Serra do Sol –situada en la
Amazonia brasileña al nordeste del
Estado de Roraima– es una tierra de
agua y abundancia, demarcada y
homologada por el Gobierno de Lula
en 2005. Allí viven más de 19.000
indígenas de los pueblos macuxi,
wapixana, taurepang, patamona e
ingarikó. A pesar de la prohibición
de entrar en tierra indígena, en 1992
se detectaron por primera vez las
invasiones de los latifundistas arroceros.
En sólo 13 años las plantaciones
crecieron siete veces hasta
alcanzar las 14.000 hectáreas.

Violencia y miedo

El pasado mes de abril, el presidente
Lula envió a la Policía Federal a expulsar
a los arroceros. Los latifundistas
respondieron con violencia. Diez
indígenas fueron heridos. “Comenzaron
a dispararnos, tiraron bombas
y empezamos a retroceder. Fui herido
en la pierna, en la espalda y también
en la cabeza”, nos comenta un
joven macuxi. Santinha da Silva estaba
también con sus tres hijos el día
de la agresión. “No voy a decir que
no tengo miedo”, afirma, “pero voy a
enfrentarlos. Si ellos quieren matarme,
que me quiten la vida, pero dejando
la tierra para mis hijos”.

Días después de las agresiones,
una decisión de la justicia brasileña
provocó el estupor en las organizaciones
indígenas. El Tribunal Superior
Federal no sólo decidió cancelar
la operación policial del presidente
Lula para expulsar a los latifundistas,
sino que admitió un recurso que,
de prosperar, permitirá a los arroceros
continuar en tierra indígena,
creando un peligroso precedente.

Ningún arrocero ha pagado las
multas por deterioro ambiental y
tampoco hay nadie en prisión por
las agresiones a los indígenas. “Ya
fueron presas algunas de esas personas,
pero por períodos muy cortos,
ya que disponen de recursos y
mucha influencia política que consigue
convertir los procesos en disputas
jurídicas interminables”,
afirma Paulo Santille, coordinador
de Identificación y Delimitación de
las Tierras Indígenas de la Fundación
Nacional del Indio (FUNAI).
Se puede hablar de “una guerra declarada
contra los pueblos indígenas
por parte de los sectores que
tienen intereses económicos en sus
tierras”, asegura Rosane Lacerda,
profesora de derecho de la Universidad
de Brasilia.

Marcados como el ganado

Durante cinco siglos los pueblos indígenas
de Raposa Serra do Sol han sufrido
reiteradas invasiones en sus tierras:
conquistadores portugueses, ganaderos,
garimpeiros (buscadores de
oro) y latifundistas. Todos utilizaron
a los indios como peones e, incluso,
los ganaderos llegaron a marcar a los
indios igual que a las reses. Orlando
Pérez da Silva, tuxaua (jefe indígena)
de la aldea de Uiramutá, confirma con
su relato de vida la trágica historia.
“Llegaron los no indios e invadieron
nuestras tierras. Empezaron a contratarnos
en sus fazendas. Cuando
un indio reclamaba su salario, le daban
una paliza y le echaban”. Orlando
vivió seis años como esclavo. “Vivíamos
totalmente esclavizados. Para
comprar una hamaca teníamos que
trabajar un mes entero”.

El único país con nombre
de árbol extinguido


Beto Ricardo, coordinador del Instituto
Socioambiental de Brasil
(ISA), considera al Gobierno de Lula
como un “Gobierno desarrollista” inmerso
en un clima de “cierta euforia
económica”. “La presión sobre los
indígenas es múltiple –sostiene– no
sólo por parte del agronegocio, sino
también por obras públicas como carreteras,
hidroeléctricas, diques…”.
Para el coordinador del ISA, “las tierras
indígenas no sobrevivirán si no
hay un reordenamiento ecológico y
económico del país y de la Amazonia”.
Como metáfora de lo que sucede,
comenta que “Brasil es el único
país con nombre de un árbol extinguido”.
Beto Ricardo se refiere al
pau Brasil, de cuya madera se extraía
una tinta roja muy apreciada
por la aristocracia europea.

Problema del mundo entero

La presión sobre las tierras indígenas
del agronegocio se ha intensificado
a partir de la producción de los
agrocombustibles y de la necesidad
de producir piensos para alimentar
la cabaña ganadera mundial. Una
de las organizaciones que se dedica
a coordinar la lucha indígena es la
Comisión de Organizaciones Indígenas
de la Amazonia Brasileña,
presidida por el indio sateré-maué,
Gecinaldo Barbosa, para quien “la
ministra de Medio Ambiente
[Marina Silva, que dimitió el pasado
mes de mayo] fue sacrificada
por el agronegocio. Ese poder está
ganando fuerzas y cercando al
presidente Lula”. Para Barbosa, el
problema trasciende las fronteras
de Brasil: “Amazonia es de Brasil,
pero el problema es del mundo entero;
el problema es de quien defiende
la vida”.


La propuesta indígena

En Brasil hay 604 tierras
indígenas, habitadas por
215 pueblos distintos
que hablan 180 idiomas
e innumerables dialectos.
En ellas viven 600.000
indígenas. En su cosmogonía
no existen las fronteras,
ni la burocracia, ni
la pertenencia de la tierra
a ninguna persona. Ahora
luchan por adaptarse a la
nueva realidad para
poder defender su tierra y
su modelo de desarrollo,
pero sin perder su identidad.

Piensan que tienen
mucho que aportar en un
momento que la naturaleza
se “está rebelando
contra el mundo”. Gecinaldo
Barbosa asegura:
“vamos a resistir hasta el
final de nuestras vidas.
Como pueblos indígenas
vamos a defender la
naturaleza porque tenemos
esa concepción de
la vida, esa cosmogonía
del mundo para el futuro
de la humanidad”.
La ONG Pueblos Hermanos
(www.puebloshermanos.
org.es
) y la empresa
audiovisual CIPÓ
(www.cipocompany.com)
han lanzado una campaña
de concienciación

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