GRUPOS OPUESTOS A LA PRECARIZACIÓN DE LA VIDA
Oficinas para poner freno a la precariedad



El pasado 27 de marzo se alcanzaba
el extremo. Juan Alberto Cárdenas,
albañil colombiano de 30 años,
moría en Madrid durante su primer
día de trabajo. Sin papeles y
sin contrato, falleció en el acto a las
cuatro horas de su primera jornada

17/10/06 · 9:22
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El pasado 27 de marzo se alcanzaba
el extremo. Juan Alberto Cárdenas,
albañil colombiano de 30 años,
moría en Madrid durante su primer
día de trabajo. Sin papeles y
sin contrato, falleció en el acto a las
cuatro horas de su primera jornada
tras desplomársele encima el techo
de una nave industrial.

Su caso no es el único. Con cerca
de tres personas muertas cada
día en accidentes laborales, la siniestralidad
en la construcción supone
uno de los ejemplos más gráficos
de la actual precariedad. Pero
jornadas intensivas o subcontratación
se extienden también a
otros campos. Los datos al respecto
producen sensación de
vértigo. Uno de cada tres trabajadores
es temporal. De ellos, el
24% firma contratos encadenados;
es decir, se contrata al mismo
trabajador, para el mismo
puesto, por un nuevo período.
Con este panorama a la vista, no
es extraño encontrarse, por ejemplo
con porcentajes según los cuales
el 60% de los universitarios no
encuentra un empleo acorde a su
nivel de estudios; o que el 30% de
los jóvenes de entre 30 y 35 años
aún vive con sus padres. Y ésta es
la parte privilegiada de la sociedad.
Otros colectivos como inmigrantes
sin papeles, amas de casa, becarios
de investigación o trabajadoras del
sexo apenas disponen de herramientas
legales para protestar. En
todos los casos se repite la misma
situación: precariedad, una palabra
poco utilizada hasta hace menos
de diez años y un problema al
que la lucha obrera tradicional difícilmente
ha podido hacer frente.

Así al menos lo ven la mayor parte
de las organizaciones que estudian
este fenómeno. Precarias a la
deriva, uno de los colectivos de
Madrid pioneros en este campo,
nació precisamente a raíz de la
huelga general del 20-J en 2002,
cuando una serie de mujeres vio
que el modelo de huelga clásica poco
podía hacer en beneficio de una
serie de trabajos invisibles, en su
mayoría realizados por mujeres o
inmigrantes, que no se ven reflejados
en el discurso de los sindicatos
mayoritarios. Como se preguntaría
una de ellas más tarde: “¿Cómo inventar
nuevas formas de huelga
cuando la producción se fragmenta
y se deslocaliza, cuando está organizada
de tal modo que dejar de
trabajar por unas horas (aunque
sean 24) no afecta necesariamente
al proceso de producción, y cuando
nuestra posición contractual es
tan frágil que una huelga supone
poner en riesgo la posibilidad de
seguir trabajando mañana?”

Respuestas en marcha

Con estas y otras dudas similares
en mente, en los últimos años han
surgido una serie de iniciativas que
tratan de responder a las nuevas
formas de explotación en un momento
en que la identidad obrera
queda desdibujada. De forma progresiva,
muchas veces integradas
dentro del espacio de los centros
sociales, se han ido formando grupos
de análisis y oficinas para dar
respuesta a la precariedad en diferentes
partes del Estado. A finales
de 2003 se ponían en marcha dos
de los proyectos más consolidados:
la asociación contra la exclusión
Alambique, en Gijón; y la Oficina
de Derechos Sociales (ODS), con
cerca de un año de rodaje en la Casa
del Pumarejo de Sevilla. Otras,
la mayoría, se encuentran aún en
estado embrionario. Es el caso del
colectivo malagueño Entránsito o
también el de Des-equilibris, el observatorio
de la precariedad puesto
en marcha en el Ateneu Candela
de Terrassa. “Lo primero ha sido
partir de nosotros mismos, también
tenemos trabajos precarios e
inestables”, explica Xavi M., uno
de los miembros del colectivo. “Y
a partir de nuestra experiencia vemos
la forma de buscar alternativas
con otras personas que pasan
por la misma situación”.

A partir de ahí, el siguiente paso
consiste en el trabajo cotidiano, la
atención de casos concretos.
“Nuestro objetivo es salir del reducto
militante”, adelanta Xavi,
“servir de ayuda a gente no necesariamente
politizada”. La idea es
similar a la que ahora se plantea
desde Precarias a la deriva.
Trabajo previo no les falta. En estos
cuatro años el colectivo ha desarrollado
un importante seguimiento
de los grupos de población
más castigados por las dinámicas
del mercado. Y ahora, después
de la teoría, el próximo 7 de
octubre abrirán también su propia
oficina, la agencia precaria.

Un referente en Barakaldo

En Barakaldo (Vizcaya), después
de diez años en activo, la oficina alternativa
de bienestar social Berri-
Otxoak se ha convertido en uno de
los referentes más consolidados.
Su función, según explican, es dar
a conocer servicios sociales que
con frecuencia se pierden por no
demandarlos. En 2005 atendieron
a 398 familias, un 7,5% más que el
año anterior. Y asesoran en toda
clase de situaciones. “Se equivoca
quien piensa que aquí sólo se acercan
colectivos marginales”, advierte
Juan Carlos, quien lleva en
el proyecto desde sus orígenes. El
último año por sus oficinas pasaron
mayoritariamente mujeres
con hijos a su cargo y trabajos temporales
o pensionistas. Y lo que cada
vez es más frecuente: trabajadores
con contrato. “Antes era impensable, ahora ni con un trabajo
pueden independizarse”.

Informar y reclamar

Para atender a estas situaciones,
las oficinas parten de dos principios.
Por un lado, informar de los
derechos disponibles. Por otro,
conseguir que se cumplan. Mercedes,
de la Oficina de Derechos Sociales
(ODS) de Sevilla, se muestra
convencida de que hay que ir
más allá del asistencialismo. “No
podemos hacer como las instituciones,
que dan la pastilla de información
y dan paso a la siguiente
persona”, asegura. Para la ODS,
la información es el comienzo, no
el final. Cuando llega alguien con
alguna duda o problema, después
de asesorarle se realiza un seguimiento
personal hasta solucionarlo.

Y si no, se pasa a la protesta. La
actividad contestataria, la participación
en marchas junto a inmigrantes
o la denuncia pública de
empresas que abusan de sus empleados
son también otras de las
herramientas de estos colectivos.
En Terrassa, por ejemplo, el colectivo
Des-equilibris participó en
el último encierro de inmigrantes
dejados fuera del proceso de regularización
de 2005. “Para muchos
de ellos se consiguieron contratos
más tarde”, recuerda Xavi. “Eso
se logró. Nuestra idea es ir consiguiendo
pequeñas victorias”.

Juan Carlos, de Berri-Otxoak, insiste
también en esa idea: la única
forma de no perder derechos es luchando
por ellos. Es un trabajo que
no puede detenerse. Por eso cada
dos semanas su oficina buzonea
miles de panfletos denunciando
cada recorte. De fondo, su propósito
es el mismo que ha elegido por
lema la Oficina de Derechos
Sociales: “Por falta de información,
no te quedes sin derechos”.

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