ANÁLISIS // DE LA ALERTA ROJA A LA VI DECLARACIÓN
El nuevo desafío zapatista
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LA SEXTA: “En el mundo vamos a hermanarnos más con las luchas de resistencia
contra el neoliberalismo y por la humanidad”, nos dice la última declaración. // José Miguel Alfonso Suárez

El 1 de enero de 2003 miles

, sociólogo
23/06/06 · 14:31
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LA SEXTA: “En el mundo vamos a hermanarnos más con las luchas de resistencia
contra el neoliberalismo y por la humanidad”, nos dice la última declaración. // José Miguel Alfonso Suárez

El 1 de enero de 2003 miles
de indígenas tomaban pacíficamente
la ciudad
chiapaneca de San Cristóbal
de las Casas. Ante una plaza
repleta de bases de apoyo zapatistas,
el comandante Tacho dejaba
en el aire sus palabras: “Y ellos pensaron
que no importa eso que hicieron
porque la gente olvida rápido
y además no hay otra cosa. Pero
no se olvida y sí hay otra cosa.
Porque toda esta historia de engaños
y traiciones no termina con que
nos han derrotado”. Lo que pasa
con los zapatistas es que no entienden
ni practican la diferencia entre
el decir y el hacer, o sea, que lo que
dicen lo hacen. Con su Sexta Declaración
de la Selva Lacandona,
hecha pública al mundo entero en
los últimos días, el EZLN ha vuelto
a colocarse en el centro de la vida
política mexicana con la propuesta
de esa “otra cosa” de la que hablaba
Tacho hace más de dos años:
una campaña para la construcción
de otra forma de hacer política con
la gente sencilla y humilde, de un
programa de lucha nacional y de
izquierda que comprenda la construcción
democrática por abajo de
un nuevo marco constitucional.

Durante sus 11 años de existencia
pública, el movimiento zapatista
nos ha demostrado su capacidad
de recombinarse abriendo coyunturas
y caminos en contextos en los
que parecía imposible hacerlo. Su
manejo inteligente de la estrategia
y su dominio de la dialéctica entre
proceso y acontecimiento han convertido
a los zapatistas en un referente
para los movimientos sociales
del mundo entero y en un peligro
público no solo para la clase
política mexicana, sino también para
toda concepción sedentaria de
la acción política. En este sentido,
la Sexta Declaración de la Selva
Lacandona supone un histórico y
arriesgado paso adelante que vuelve
a demostrarnos que el zapatismo
es un verbo que se escribe en
gerundio, sin miedo a transformarse
para seguir luchando por transformar
el mundo.

La nueva apuesta del EZLN señala
cambios relevantes. Para empezar,
una extensión del sujeto: de
los pueblos indígenas al conjunto
de sectores sociales desfavorecidos
y explotados de México. Para
seguir, un cambio sustancial de léxico
que se materializa en un retorno
estratégico a un imaginario
político clásico, recuperando, entre
otras cosas, la coordenada “izquierda
política” como eje básico
del mapa de las resistencias, en detrimento
de la centralidad otorgada
hasta la fecha a la denominada
“sociedad civil” y congelando el
movimiento de deconstrucción del
propio significante ‘izquierda’ que
los zapatistas habían protagonizado.
Para poner punto y seguido, el
EZLN produce un viraje en su clásica
desconexión formal con su
contexto geográfico más inmediato,
conectándose directamente al
conjunto de experiencias de resistencia
al neoliberalismo que inundan
la realidad latinoamericana en
nuestros días.

En el fondo del nuevo reto zapatista
encontramos elementos y pistas
fundamentales para la acción
política rebelde en cualquier parte
del planeta. El desplazamiento y
extensión de la categoría de autonomía,
desde la reivindicación concreta
del reconocimiento de las formas
de gobierno propias de los
pueblos indígenas al conjunto de lo
social, señala que para los zapatistas
la práctica de la política pasa
por la organización y la defensa de
la autonomía de los movimientos
sociales respecto de los partidos y
la clase política. La nueva política
que se proponen no se desarrolla
en términos de representación, sino
de expresión sin mediaciones.
La centralidad que otorga la Sexta
Declaración de la Selva Lacandona
a la elaboración por abajo de un
nuevo marco constitucional apunta
el carácter constituyente que necesariamente
debe caracterizar a
las nuevas resistencias. La oposición
explícita a la privatización de
la energía eléctrica, el petróleo, el
agua y los recursos naturales subraya
la relevancia que la defensa
de los bienes comunes debe tener
en cualquier proyecto de oposición
y alternativa al neoliberalismo.

Hace meses, el subcomandante
Marcos decía que cuando el poder
le pone a la historia la palabra
“FIN”, la resistencia agrega el signo
de interrogación. El nuevo paso
que emprenden los hombres y mujeres
del EZLN le pinta una enorme
interrogación al futuro. Los que
arriba son poder en México seguro
que andan como locos buscando la
respuesta, sobre todo aquellos que
se dicen de izquierda. En la acera
de las resistencias, sin embargo, la
propuesta zapatista se convierte en
estímulo para no dejar nunca de
hacerse preguntas.

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