ARGENTINA // MOVIMIENTO CAMPESINO DE SANTIAGO DEL ESTERO (MOCASE)
“Nuestra mayor riqueza es la auto organización”

Modos de resistencia y auto organización cuando vuelve la alerta por las detenciones masivas contra campesinos en Santiago del Estero.

08/05/06 · 14:38


El Movimiento Campesino de Santiago
del Estero (MOCASE) coloca
una frase al pie de cada uno de sus
documentos: “No hay hombres sin
tierra, ni tierra sin hombres”. No se
trata de un juego de palabras; resisten
los desalojos con carpas negras,
y el año pasado retomaron en Pinto
tierras que les despojaron las fuerzas
paramilitares, reabrieron el camino
de Escudero y desalambraron
el de Alhuampa, ambos cerrados
por los terratenientes. El 22 de diciembre
de 2004, una orden dictada
por la justicia local para allanar las
oficinas del Instituto de Cultura Popular
(INCUPO) desató una ofensiva
contra los campesinos de esta
provincia y 31 campesinos miembros
de la Unión de Pequeños Productores
del Salado Norte fueron
detenidos.

Texto de Eva Morín

A pesar de ello, este movimiento
no se rinde; integrado por 9.000 familias
de una de las provincias argentinas
más pobres, el MOCASE
surgió el 4 de agosto de 1990. Es representante
de Vía Campesina en
Argentina y tiene un profundo
planteamiento sobre la reforma
agraria y la soberanía alimentaria;
posicionado contra el ALCA, mantiene
un proyecto de educación popular
y dos radios FM que transmiten
en quechua y en castellano.

A partir del cambio en el régimen
de lluvias de la región, que convirtió
el monte en terreno fértil para la
soja transgénica, las tierras calientes
de Santiago se convirtieron en
un botín atractivo para grandes empresas.
“Mucho antes de estar organizados
había desalojos; la gente
se iba al pueblo o a Buenos Aires
y se instalaba en villas miseria.
Así, empezamos a pensar la forma
para que los campesinos no se fueran”,
explica doña Mirta, responsable
de la cooperativa de dulces
de Quimilí y una de las fundadoras
de la organización.

Las primeras usurpaciones de terratenientes
fueron en 1963, en el
sudoeste de la provincia; continuaron
durante los ‘70 y parte de los
‘80, cuando surgieron los primeros
movimientos campesinos antecesores
del MOCASE. A diferencia
del Movimiento sin Tierra (MST),
los campesinos santiagueños nacieron
en las tierras de donde intentan
desalojarlos. Allí están enterrados
sus ancestros, muchos hablan
quechua y mantienen el uso
comunitario de la tierra. Legalmente,
las tierras les corresponden
por ‘derecho veinteañal’; sin embargo,
desde el estado provincial
fueron loteadas y vendidas a grandes
firmas.

La transferencia de las tierras
campesinas a grupos económicos
se incrementó con el retorno de
Carlos Tata, peronista que gobernó
la provincia hasta 1976 y que, durante
la dictadura, estuvo preso bajo
la custodia de Antonio Musa,
quien en democracia se transformó
en jefe del Servicio de Inteligencia.
Desde abril de 2004, el Gobierno de
la provincia estuvo intervenido por
el Estado y el clan Juárez tuvo que
dejar los puestos públicos tras demostrarse,
entre otras cosas, que se
llevaba 2.000 expedientes de investigación
secreta a maestros, campesinos,
periodistas y sacerdotes
opositores.

El modo de desalojo es el siguiente:
como muchos campesinos no
saben leer ni escribir, jueces de paz
les hacen firmar documentación en
la que renuncian a sus derechos posesorios.
Luego, con topadoras
arrasan los ranchos y grupos paramilitares,
’Guardias Blancas’, los
echan por la fuerza. “No nos toman
las denuncias en las comisarías,
cuando vamos a denunciar nos llevan
presos, se dictan órdenes de
captura sin fundamentar una causa,
no dan lugar a los habeas corpus
y sabiendo que las distancias
son extensas, nos ponen plazos
muy cortos para presentarnos a declarar”,
explica Roque Acuña, de la
comunidad de La Simona, preso
tres veces por resistir desalojos. El
año pasado, Ángel Strapazzón, otro
de los referentes del movimiento,
fue asesinado delante de su casa.

Terratenientes y grandes empresas
tienen un poder de presión
enorme: sólo la industria de cereales
constituye el 30% de las exportaciones
de Argentina, principal
fuente de divisas del Gobierno de
Néstor Kirchner. Sin embargo,
Mirta cuenta que en el MOCASE
perdió el miedo: “Acá teníamos un
patroncito que se llevaba el algodón
a un precio malísimo, hasta
que un día armamos una cooperativa
y empezamos a vender en forma
directa, a mucho mejor precio”. El
terrateniente se puso furioso y desde
ese día hay nuevos problemas.
Los mismos que enfrentaron a otra
comunidad cuando ya no quisieron
vender sus cabritos a ocho pesos
cada uno, el equivalente a un costal
de harina. Se unieron y ahora los
cabritos se venden a cincuenta pesos,
o nada. En La Simona, mientras
baldean (así se llama la rutina
de recoger agua del pozo con baldes,
a nueve metros de profundidad
y a varios kilómetros del rancho),
Roberto Contreras y su hermana
Zulma recuerdan que “antes
venía la policía en el camión de la
empresa (Los Juríes SA) y nos quitaba
todo. Vivíamos con miedo;
ahora ya no; saben que no nos dejamos
joder”.

En el MOCASE hay producción
organizada de miel, de dulces caseros,
carnicerías comunitarias, carpintería
y, en algunos parajes, los
proyectos productivos cuentan con
luz y agua caliente a energía solar
(a los ranchos no llega la luz eléctrica).
La mayoría son ganaderos,
tienen cabritos, gallinas, patos, ovejas
y vacas; además, cultivan zapallo
y sandía, casi todo para el autoconsumo
y una pequeña venta de
conjunto. Uno de sus bastiones de
lucha es la soberanía alimentaria
frente a las presiones de las multinacionales.

“Por eso nos oponemos al ALCA
y a la reforma agraria del Banco
Mundial, que promueve créditos
para el acceso a la tierra. Esos son
proyectos de mercantilización de
las tierras”, dice Roque Acuña. El
laboratorio Monsanto maneja el
20% de la producción de soja transgénica
en Argentina: “Para cultivar
la soja arrasan el monte; pasan
unas avionetas con veneno y lo dejan
todo muertito”. Negro Pianetti
elabora su conclusión: “así la tierra
no sirve más; como no hay monte,
los pumas se vienen a las casas, se
comen los animalitos. Por eso, la
lucha nuestra es frenar el desmonte.
Sin monte, no hay campesinos”.

La organización de MOCASE: secretarías y asambleas

Autodefinido como un movimiento
social amplio donde
conviven personas de diferentes
religiones e ideologías, su
lucha por el derecho a la tierra
se estructura en los derechos
humanos y la ecología. Hasta
1998 existía un presidente; ese
año se replanteó la concentración
de poder y el modo de
toma de decisiones. «Si bien es
cierto que vivimos en un
mundo democrático, un presidente
puede destruir un país,
como lo ha hecho», explica
Ricardo de la comunidad Las
Lomitas. Trabajan por secretarías
(de tierras, educación,
salud, juventud y comercialización)
y la reunión bimensual
del Secretariado es la máxima
instancia de decisión. Además,
en cada central campesina -
existen 10- hay reuniones de
'las bases', asambleas quincenales
de cada comunidad.
«Hoy la mayor riqueza de los
campesinos es la auto organización»,
afirma Cristina Loaiza,
de la comunidad de Pinto.
«Queremos que nuestros hijos
aprendan a organizarse de bien
chiquitos para que el día de
mañana sepan defender lo que
es de ellos, que no se pierda la
cultura, la lengua quechua y lo
que nuestros abuelos nos
enseñaban».

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