Gustavo Pecoraro
Periodista y activista LGTBQ argentino
“Nuestra comunidad creció y avanzó sola”

Colaborador en ‘La Nación’ y ‘Página12’ y de las revistas ‘Underground’, y La Marica Ilustrada, Pecoraro es memoria viva del movimiento LGTBQ argentino.

, Madrid
30/05/13 · 18:26
Edición impresa

Gustavo Pecoraro es periodista, escritor y activista gay argentino. Actualmente dirige el programa El Vahído de la radio La Tribu en Buenos Aires. Es columnista del blog Boquitas Pintadas del diario argentino La Nación; del suplemento SOY del Página12 y de las revistas Underground, y La Marica Ilustrada. Formó parte del equipo de la histórica revista NX de la comunidad LGBTIQ de ese otro lado del charco. En la década de los ‘80 integró la Comunidad Homosexual Argentina y, más adelante, Gays y Lesbianas por los Derechos Civiles, además de otras plataformas. Gustavo ha estado en Madrid y, con la excusa de la presentación de su poemario Deseo, palabras en el viento, participó de un debate organizado por la Asamblea Trans­maricabollo de Sol sobre activis­mos LGTBIQ (Lésbico, Gay, Tran­exual, Bisexual, Intersex y Queer) en Argentina y el Estado español.

Llevas ya años en el activismo, ¿cuándo y por qué empezaste a participar en grupos?

La palabra trayectoria siempre me da miedo. Es como la palabra libertad. En nombre de la trayectoria –y de la libertad– se han hecho cantidad de horrores. Pero bueno, como esto es una nota periodística, os cuento que soy parte de la vanguardia de activismo político que surge en Argentina con la caída de la Dictadura Militar después de la guerra de Malvinas en 1982. Una vanguardia que nació y creció junto a los Organismos de Derechos Huma­nos y fundamentalmente a las Madres de Plaza de Mayo.En 1983, ingreso al trotskismo, a un partido de izquierdas, y en el siguiente año entro a militar en la Comunidad Homosexual Argen­tina, luego fundaría varias organizaciones en Argentina. De 1999 a 2009 viví en Europa y participé de algunas actividades de algunos grupos de activismo LGTB.

La cuestión de la memoria es fundamental.

Es que vengo de una época que luchábamos por la lucha, pura y dura. Nadie –o bueno– casi nadie, esperaba un cargo o posiciones de éxito, nadie pensaba que había algo más allá además del placer enorme de pintar una bandera, repartir un volante, armar una discusión, participar en una marcha, agitar consignas, etc. La militancia de base que yo mamé en mis primeros años me marcó para siempre. La militancia de base nos permitió generar relaciones de afecto en el activismo, que a veces siento que ciertas “libertades” u “oportunidades” han dejado un poco de lado. Por eso, cuidar la memoria no es el morbo de hablar de quienes murieron. Ahora ciertos grupos reescriben la historia para acomodarse a codazos. Algunos incluso estaban en la vereda opuesta.

La militancia de base nos permitió generar relaciones de afecto en el activismo, que a veces se han dejado de lado
¿Por qué decidiste regresar a Argentina desde Europa? ¿Cómo fue tu “aterrizaje” en la movilización LGTBQ años después?

Volví por cuestiones de salud,  y durante ese tiempo empecé a sentir las ganas de hacer algo en Argentina, algo que pudiera poner otra cuota de activismo en medio de la conflictividad que las organizaciones argentinas tenían en 2010. Decidí quedarme y generar un espacio comunicacional que es el programa de radio que dirijo, orientado a la comunidad LGTBIQ. Mi “aterrizaje” fue extraño, porque no entendía bien qué pasaba. No había vivido en carne propia la pelea tremenda entre organizaciones. Mi voz fue coincidiendo con otras voces y pensábamos que esa pelea no nos pertenecía. Personalmente no le escapo ni a la diferencia, ni a la lucha, pero no creo que mi verdad tenga que borrar la opinión de la otra u otro.

¿Cuáles crees que son los desafíos políticos en este momento postmatrimonio y ley de identidad de género en Argentina?

Hay un tremendo debate en torno a esto porque las organizaciones más poderosas en Argentina están medio dormidas –siempre según mi punto de vista– en ver que, más allá de la Ley de Matri­monio y de la Ley de Identidad de Género, lo que tenemos como desafío es seguir construyéndonos lejos de los cómodos aplausos que los políticos nos brindan. Nuestra comunidad creció y avanzó sola. Sin partidos ni gobiernos a nuestro lado. Es cierto que desde el Gobierno de Cristina Kirchner hay un acompañamiento real a algunas de nuestras luchas, y que es interesante que como activistas podamos aprovechar este fenómeno para seguir avanzando. Lo que no veo correcto es que acomodemos nuestro culo en nuestros sillones y creamos que estamos en el paraíso. Hay honrosas excepciones, pero todo siempre se queda corto porque la comunidad en general no discute y menos se sincera y se saca de encima la homolesbotranfobia internalizada que tenemos.  Gente que ha puesto el cuerpo muy fuerte por la Ley de Matrimonio enfrentándose públicamente a la Iglesia y a la derecha más dura, hoy se quedan sacándole brillo a esta ley y no ven varias cosas: primero, que a pesar de ser una gran ley, repite esquemas heteronormativos, nos llena de orden, pulcritud y fidelidad. Segundo, que indudablemente las cifras de casamiento demuestran que categóricamente nuestra comunidad elige otras formas de relaciones afectivo-vinculares. Tercero, que las maricas, las bollos y las trans no somos iguales, y que por lo tanto valorar sólo una forma de ser es invisibilizar todas las otras, que son –casualmente– las que nos han dado identidad por siempre.

Las cifras de casamiento demuestran que categóricamente nuestra comunidad elige otras formas de relaciones
¿Cómo ves la marcha del Orgullo? Tenéis los mismos conflictos que aquí entre la parte, llamémosla oficial, más institucional (y empresarial), y el Orgullo crítico?

Soy uno de los que armó la primera marcha del Orgullo en 1992. Antes de eso participé de las primeros “ensayos” de actividad pública LGTBIQ en los actos contra los edictos de 1986 en Parque Centenario; por lo tanto creo que hay que ganar la calle. La calle es nuestra, y nuestras marchas de miles de miles de ‘putos’, ‘tortas’ y trans las han ganado desde aquellas primeras y solitarias veces. Es real que con el acompañamiento del kirchnerismo a las actividades de la comunidad LGTBIQ, muchísimo activismo se ha alineado con el Gobierno y las grandes organizaciones, por lo que a veces se desbalancea lo que debería ser una marcha de todas y todos. Una cosa es la gente joven que cree, admira y se siente parte de este proyecto, otra cosa es el oportunismo, los que quieren reescribir la historia, los que no hablan de los años y años que el peronismo mantuvo y utilizó las leyes represivas en contra de nosotras y nosotras. La Marcha sigue siendo política. Yo no puedo criticarla desde afuera. Es mi marcha, la más mía de cualquiera de las que vaya, y las críticas las quiero hacer dentro. Creo que los partidos políticos, todos, tienen que hacerse a un costado, y dejarnos nuestra marcha en nuestras manos.

Tags relacionados: Argentina LGTB Número 198
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Tienda El Salto