PANORAMA: ANÁLISIS DE LAS LUCHAS CIUDADANAS EN GALIZA A LOS CUATRO AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL 'PRESTIGE'
Movimientos sociales en Galiza: hacia nuevas formas de participación política

Tras la fuerte agitación social durante los últimos años
del Gobierno de Fraga y la efervescencia de las
asambleas contra la LOU y la crisis del ‘Prestige’, las
iniciativas sociales hacen frente a la desmovilización.

05/12/06 · 16:49
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CONTRA UNIÓN FENOSA. Vecinos de toda la comarca de Ulla (Lugo) se manifestaron en agosto de 2004 contra los planes de la
empresa hidroeléctrica de levantar siete centrales en el río Ulla y sus afluentes. / Pedro Agrelo

Los últimos años del Gobierno
de Fraga fueron de una
enorme agitación social en
Galiza. Coincidiendo con
la mayoría absoluta del Partido Popular
en el Gobierno del Estado, este
período dejó dos huelgas generales
(una de ellas, exclusivamente gallega,
convocada por el sindicato nacionalista
CIG y la UGT), y dos movimientos
de enorme importancia: el
estudiantil anti LOU y el ciudadano
Nunca Máis como respuesta a la indefensión
de la costa gallega ante la
circulación de barcos peligrosos.

Después de la derrota electoral
del PP en el Estado y de la pérdida
de la mayoría absoluta de los populares
gallegos, el panorama se tranquiliza
y se entra en una etapa de
menor ritmo movilizador. Si bien
muchas de las causas que sacaron a
la calle a miles de gallegos y gallegas
siguen ahí, una excesiva dependencia
de los movimientos de las posiciones
anti Fraga los han llevado a
un callejón sin salida, una vez que lo
que era visto como “uno de los principales
problemas” ha salido de escena.

Esta desmovilización es importante
en aquellos movimientos
especialmente afines al nacionalismo
representado por el BNG que
ahora ocupa responsabilidades de
gobierno. De todas formas sería un
análisis tremendamente simplista el
reducir a esta última causa el descenso
del ritmo movilizador en los
últimos meses. Entre otras cosas,
porque existe una crisis de los distintos
movimientos sociales producto
de diversos factores, tanto socioeconómicos
como políticos, algo demasiado
complejo para ser analizado
en este artículo.
Tradicionalmente en Galiza, el
nacionalismo era entendido como
un gran movimiento que incluía
tanto su rama institucional como a
las distintas organizaciones sociales.
Hasta el momento, el BNG era
la organización política que más conectaba
con los distintos movimientos.

De un tiempo a esta parte,
la organización frentista se ha ido
alejando cada vez más de la movilización
social y la conexión con los
distintos movimientos se ha ido
quebrando una vez que, desde los
cuadros dirigentes del Bloque, se
entiende que aquellos no deben de
ser más que una mera correa de
transmisión de las posiciones políticas
que vaya adoptando la organización
nacionalista, y una vez que
ésta se va acercando cada vez más
a posiciones meramente institucionalistas
y de gestión. Este proceso
se ve enormemente agudizado al
entrar el BNG en el Gobierno autonómico.
Algunas de las tensiones
existentes entre el Bloque y los movimientos
se han ido resolviendo a
través de escisiones como en el caso
de la organización ambientalista
Asociación para a Defensa Ecolóxica
de Galiza (ADEGA), de la que
ha surgido Verdegaia (una organización
celosa de su independencia
frente a los partidos políticos y a la
gestión institucional). En otros
campos como en el de la defensa
de la lengua gallega se percibe una
mayor falta de tensión en la movilización
social y una pérdida alarmante
de espacios normalizados
lingüísticamente. Por lo que se refiere
al movimiento estudiantil nacionalista
más afín al BNG (CAF),
está atravesado por una grave crisis
después de que quedase sobrepasado
por el importante movimiento
asambleario anti LOU. Una
excepción la encontramos en el
movimiento sindical (concretamente
el de la central nacionalista CIG),
que es el que mantiene una mayor
tensión movilizadora y que encabezó
la importante huelga del sector
del metal en la provincia de Pontevedra,
centrando su discurso en
la lucha contra la precariedad laboral.
Esto por lo que se refiere a los
movimientos sociales más directamente
vinculados al nacionalismo
representado por el BNG.

Por lo que respecta al movimiento
de la izquierda independentista
organizada al margen del Bloque,
las cosas han sido distintas. El proceso
de unificación orgánica que
culminó en la creación de Nós-Unidade
Popular no ha sido total, quedando
al margen la organización juvenil
Assembleia da Mocidade
Independentista (AMI) importante
tanto por su implantación territorial
como por su trayectoria. Desde esta
última organización se han ido impulsando
proyectos de clara vocación
unitaria que ponen el acento
en la liberación de espacios desde
una óptica anticapitalista y nacionalista.
Desde hace un tiempo, surgen
centros sociales en diversos
puntos del país que se coordinan y
que se unen a los que ya existían anteriormente
y que estaban más vinculados
a movimientos libertarios.
Todavía es pronto para valorar el
impacto y la repercusión que este
nuevo movimiento social va a tener
en la sociedad gallega y en el resto
de movimientos.

En estos momentos la organización
juvenil AMI está siendo objeto
de una fuerte represión por parte de
los poderes del Estado que la intentan
vincular al ejercicio de la violencia
(Operación Castiñeiras). Hay ya
una causa abierta contra esta organización,
que busca su ilegalización
y cuyo proceso ya está en manos de
la Audiencia Nacional. En este sentido,
los centros sociales sufrieron
registros e incautación de bienes durante
la Operación Castiñeiras hace
ahora un año en una estrategia represiva
que buscaba debilitarlos y
relacionarlos con la violencia.

Estas actuaciones policiales fueron
rechazadas por una importante
pluralidad de organizaciones y de
sectores sociales preocupados por
lo que supone la criminalización
de movimientos, organizaciones e
ideas totalmente legítimas y con
una importante y conocida trayectoria
en la sociedad gallega.

El movimiento estudiantil vinculado
a la izquierda independentista
(AGIR) no ha sido capaz de ocupar
el espacio que las organizaciones
estudiantiles de la órbita del nacionalismo
han ido dejando libre. De
todas formas desde los militantes
independentistas del movimiento estudiantil,
aunque no sólo desde ellos,
se están impulsando asambleas de
estudiantes contra la implantación
del Espacio Europeo de Educación
Superior que quizá reviertan la crisis
del movimiento estudiantil gallego.
En Galiza se está asistiendo en estos
momentos, tal y como hemos visto,
a la crisis de una determinada
manera de entender la política y la
relación de ésta con las organizaciones
sociales. Es un momento crítico
pero también esperanzador ya que
la crisis de las viejas estructuras organizativas
está dando lugar a la
aparición de nuevos movimientos
sociales y a nuevas formas de entender
la participación política.

Entre la contestación y la integración
_ MIGUEL DE LUCAS
_ El 12 de noviembre 2.000
personas (según los convocantes)
se manifestaron en
las calles de Santiago con
motivo del cuarto aniversario
del Prestige. Dos años antes,
con Fraga aún en el poder,
la cifra era al menos diez
veces mayor, con 20.000
manifestantes en la capital
gallega (según fuentes policiales).
Aun con el paso del
tiempo, la situación es ilustrativa
del momento por el
que atraviesan los movimientos
sociales. Para Roi
Ribeira, «se está en una fase
de cambio, y todavía es
pronto para saber qué va a
pasar, pero sí es cierto que
lo que se formó en las movilizaciones
contra PP se ha
roto». Actualmente, cierta
parte de la contestación
social ha pasado a sentirse
integrada con la llegada al
poder de la coalición de
PSdG y BNG. Según Ribeira,
en lugar de Nunca Máis, «las
propuestas más interesantes
están llegando de los centros
sociales, un movimiento
que ha empezado a crecer y
que agrupa a gente de
varias tendencias, desde el
nacionalismo al anarquismo».
Y al margen del relevo
en la Xunta, algunos de
estos grupos siguen sufriendo
persecuciones. Con Touriño
recién llegado al poder,
en noviembre de 2005,
miembros de la Assambleia
da Mocidade Independentista
(AMI) eran detenidos por
«apología del terrori

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