ITALIA: SE OPONEN A LAS NUEVAS MEDIDAS XENÓFOBAS DEL GOBIERNO DE SILVIO BERLUSCONI
Los movimientos preparan una huelga de migrantes en Italia

Movimientos,
agrupaciones de
migrantes y sindicatos de
base han aprovechado el
verano para discutir
sobre cómo hacer frente
a la nueva política racista
del Ejecutivo italiano.

04/09/08 · 0:00
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DE NORTE A SUR. Los movimientos sociales planean iniciar en otoño movilizaciones en el Véneto y Emilia Romaña.

Hay que tener un estómago fuerte
para aguantar lo que está sucediendo
en Italia en materia migratoria.
Por suerte, los activistas de los centros
sociales y de asociaciones que
desde hace años trabajan el tema,
están acostumbrados a enfrentarse
a situaciones límite. Y continúan su
labor desde abajo, en el día a día,
ahora y desde este verano enfrentándose
a una política de tolerancia
cero contra los migrantes sin precedentes
en Italia y Europa.

En pocas semanas, el Gobierno
de Berlusconi ha votado tres medidas
que la propia UE ha criticado
con dureza: el establecimiento
del crimen de clandestinidad, la
toma de las huellas digitales a las
personas del pueblo rom (de origen
gitano) y la declaración del
estado de emergencia en todo el
territorio nacional, lo que ha generado
el despliegue del Ejército
en las calles de las ciudades con la
excusa del aumento de la llegada
de migrantes sin papeles a las costas
de la península. Se trata de hechos
graves, pero lo que más preocupa
no son las medidas en sí
mismas sino la falta de reacción
de la sociedad civil. Hasta el momento,
sólo una exigua minoría
social se ha posicionado activamente
en contra.

Nápoles

Nada ilustra mejor esta situación
que dos hechos que ocurrieron en
Nápoles este verano. En el primero,
93 migrantes fueron desalojados
de la parcela en la que vivían
tras un incendio y la vecindad del
nuevo barrio al que el Ayuntamiento
pretendía trasladarlos se
opuso a su llegada con barricadas
[ver recuadro]. En el segundo, vecinos
de un barrio periférico de la
ciudad trataron en junio de prender
fuego a una comunidad rom,
aunque se especula que detrás se
hallaba el interés de la Camorra,
que quería disponer del terreno
como base de alguno de sus negocios.

Además de la Camorra, es
cada vez más evidente que detrás
de la política de puño de hierro
contra los migrantes se encuentran
los empresarios de la construcción,
el sector donde trabajan
más migrantes ilegales: son los
que tiene el mayor interés de que
estos trabajadores sigan clandestinos,
es decir, cada vez menos
protegidos y más asustados.
Para dar visibilidad a esta situación
es necesario comenzar a moverse,
según la Coordinadora de
Migrantes de Verona, una de las
ciudades a la vanguardia de la represión
de tinte racista, pero también
en la respuesta de los movimientos
de migrantes y de italianos
en defensa de los derechos de
los primeros. Una idea que flota
hace tiempo en las asambleas públicas,
y que se va a concretar este
otoño, es una huelga general de
los trabajadores extranjeros. La
huelga será lanzada en toda la región
del Véneto (donde se encuentra
Verona), y probablemente le
seguirá Emilia Romaña, otra región
símbolo de la lucha migrante.
Sus promotores consideran
que aún es demasiado pronto para
hacer algo a escala nacional y
tienen la esperanza de que un
buen resultado de movilización en
el norte pueda crear un efecto dominó
en toda la península.

También caben preguntas sobre
el rol que tendrá en esta campaña
Rifondazione Comunista, el mayor
partido de la recientemente
bautizada Sinistra Arcobaleno
(“Izquierda Arco Iris”), que en las
elecciones del pasado mes de abril
salió del Parlamento al no haber
alcanzado el 5% de los votos. La
formación, al término de su congreso
más difícil, acaba de elegir
nuevo secretario, Paolo Ferrero,
cuya línea defiende la ruptura con
el Partido Democrático de Walter
Veltroni, y un nuevo acercamiento
a los movimientos y en general a
la sociedad “desde abajo”.

El verano ha sido un período de
reflexión y reorganización no sólo
para Rifondazione sino para toda
la izquierda social y política. Movimientos
y sindicatos de base han
confluido en distintos encuentros
antirracistas y movilizaciones locales
en Toscana, Venecia, Sicilia
y en la Universidad de Roma. Para
todos ellos, la clave se encuentra
en que es el racismo, y no la inmigración,
la verdadera causa de la
inseguridad. Nadie duda de que la
temporada política que ahora comienza
tendrá como foco privilegiado
de acción los derechos de
las personas migrantes.

93 migrantes son desalojados en Nápoles

A finales de julio, 93
migrantes –cuya mayoría
tenía permiso regular o
había solicitado el estatus
de refugiado– sufrieron un
incendio en la parcela en
que vivían y tuvieron que
ser desalojados. El Ayuntamiento
propuso reubicarlos
en una vieja escuela del
Quartieri Spagnoli, un
barrio céntrico de la ciudad.
Su traslado nunca se
llevó a cabo: decenas de
personas los esperaron
con barricadas para rechazar
su llegada y protestar
contra la Administración. A
nadie se le ocurrió otra
opción y las familias (con
20 niños de entre uno y
ocho años) tuvieron que
dormir en la calle. Al día
siguiente, la Red Antirracista
Napolitana, el Colectivo
Operatori Sociali, el Comité
de Inmigrantes de Italia, el
Laboratorio Insurgencia y
el sindicato de base RDB
se organizaron con los 93
para ocupar la catedral de
la ciudad. El arzobispo de
Nápoles, Sepe, afirmó que
quería proteger a las familias
pero poco después
solicitó la intervención de
la policía, que llegó a desalojar
violentamente la
ocupación. El Centro
Social Insurgencia sostiene
que la represión tenía
como objetivo golpear
directa y únicamente a los
extranjeros, ya que la policía
se limitó a empujar a
los solidarios italianos para
que no les estorbaran.
Clara señal de que poco
les importa que los medios
les muestren violentos si
las víctimas de la paliza no
son italianos.

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