México: un abismo entre gobernantes y gobernados

Desde el pasado 2 de julio México
se adentra en una crisis política;
la relación que desde esa
fecha se intenta imponer entre
gobernantes y gobernados no
tiene conexión alguna con las
leyes del país, por eso los equilibrios
de la gobernabilidad se
pierden rápidamente. El Tribunal
Federal Electoral declaró presidente
electo a Felipe Calderón,
no obstante haber descubierto un
promedio de 12 votos ilegales
por casilla, suficientes para dar la
vuelta al resultado oficial en el

09/11/06 · 0:00
Edición impresa

Desde el pasado 2 de julio México
se adentra en una crisis política;
la relación que desde esa
fecha se intenta imponer entre
gobernantes y gobernados no
tiene conexión alguna con las
leyes del país, por eso los equilibrios
de la gobernabilidad se
pierden rápidamente. El Tribunal
Federal Electoral declaró presidente
electo a Felipe Calderón,
no obstante haber descubierto un
promedio de 12 votos ilegales
por casilla, suficientes para dar la
vuelta al resultado oficial en el
que Calderón obtuvo una ventaja
de apenas algo más de 200.000
votos sobre López Obrador, su
adversario de centro-izquierda.
Más tarde un grupo de militares
golpeó a legisladores de la oposición
que se no se conformaban
con los resultados electorales.
Lo de Oaxaca empezó meses
atrás -en el mes de mayo para
ser precisos- y a simple vista no
tiene conexión alguna con el agitado
escenario postelectoral que
durante meses ocupó los titulares
de México y del mundo. Lo de
Oaxaca empezó siendo una
demanda laboral del gremio de
los profesores. Ellos desarrollan
su trabajo docente en un Estado
con elevada presencia de grupos
indígenas en cuyas zonas más
pobres los índices de desarrollo
humano, educativo y de salud
son idénticos a los de países
como Sudán, Namibia o Etiopía.
Lo de Oaxaca tiene que ver con
un gobernador priísta llamado Ulises
Ruiz cuyos abusos en materia
de derechos humanos y
corrupción destacan por encima
de la media nacional.

No obstante, Ruiz no se
enfrenta a un grupo de ingenuos,
ni tampoco a una entidad
abstracta denominada “el
pueblo”. El gobernante oaxaqueño
tiene frente a sí a miles
de profesores formados en
años en las luchas sindical y
popular, aliados con una organización
de la que poco se
sabe y de denominación redundante
llamada Asamblea Popular
de los Pueblos de Oaxaca,
(APPO) que ha dado muestras
de convocatoria, cohesión, frialdad,
envergadura logística y
conocimiento de los principios
de autodefensa. Una organización
sin precedentes en México
que fue capaz de repeler a la
temible Policía Federal Preventiva
el pasado 2 de noviembre.

Sin embargo, pese al origen
aparentemente divergente de las luchas que sostienen tanto la
APPO como aquellos que rechazan
los resultados electorales del
2 de julio, no parece improbable
que Vicente Fox haya conseguido
unir a ambas vertientes en un
frente común. El actual presidente
de la República y su débil y
cuestionado sucesor representan
para millones de mexicanos todo
aquello que ha hecho de México
un país que naufraga. Así, no es
remoto que en el mediano plazo
seamos testigos de un episodio
cruento de lo que antes -nos
decían- se conocía como lucha
de clases, en un país al que le
obligan a mirar al norte, cuando
lo que necesita es tocarse con
el sur. En un país al que le ofrecen
trabajar para seguir engordando
a una casta de multimillonarios,
cuando lo que
necesita es pan y trabajo.

Tags relacionados: México
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto