EN BEIRUT // ENTREVISTA A GHASSAN MAKAREM, MIEMBRO DE SAMIDOUN
“En Líbano, la victoria es de la resistencia civil: se ha visto que Israel puede ser derrotado”

Pese a realizar un esfuerzo fundamental en lugares
arrasados, los movimientos sociales del
mundo árabe suelen ser uno de los aspectos
más olvidados en la información sobre zonas en
conflicto. La red Samidoun en Líbano o la ciudad
de Bi’lin en Palestina son dos referentes de
cómo la cooperación colectiva evita el derrumbe
de las poblaciones en situaciones de crisis.

26/10/06 · 0:00
Edición impresa



La red de voluntarios de Samidoun
(‘Inquebrantable’, en árabe) nació
en Beirut el pasado mes de julio, durante
el primer bombardeo israelí
contra la población civil libanesa.
En una iniciativa sin precedentes,
esta red de activistas impulsada por
movimientos sociales locales respondió
a las necesidades de decenas
de miles de refugiados libaneses
que perdieron sus hogares y se
vieron desplazados de sus barrios y
pueblos. Ante el vacío de poder institucional,
Samidoun se convirtió a
lo largo de los 34 días de guerra en
un referente social y en un ejercicio
de resistencia y de autorganización
popular. DIAGONAL habla con
Ghassan Makarem, uno de sus
componentes.

DIAGONAL.: ¿Cómo definirías
Samidoun?

GHASSAN MAKAREM.: Samidoun
es una red de asociaciones, grupos y
personas activistas que trabajan en
solidaridad con los desplazados.
Nuestro objetivo ha sido prestar apoyo
a la gente que se vio afectada por
los ataques israelíes y a su lucha de
resistencia. Nuestro ámbito de actividad
es todo Líbano, pero en especial
tres áreas: Beirut, donde acudieron
el mayor número de refugiados;
sus suburbios, más afectados por los
bombardeos; y la zona fronteriza con
Israel, al sur del país.

D.: ¿Cómo nace Samidoun?

G.M.: La primera agresión bélica
por parte de Israel coincidió con
una sentada en el centro de Beirut
en la que estábamos participando.
Allí mismo supimos que había comenzado
la guerra. Los manifestantes
empezamos a hablar de la necesidad
de hacer algo, y pocos minutos
después pusimos en funcionamiento
un centro de información. En los días
siguientes contactamos con otros
grupos y personas que compartieran
la misma idea y la práctica totalidad
de ellos se vincularon a la red,
desde organizaciones ecologistas como
Línea Verde hasta asociaciones
de gays y lesbianas como HELEM o
el movimiento laico SAWA, pasando
por grupos de estudiantes, compañías
de teatro o de cine amateur, colectivos
de artistas, grupos de trabajo
social, voluntarios individuales...
Asociaciones como HELEM o el centro
social Zico House, que sirvió de
sede a la red, aportaron algunos de
los recursos que necesitábamos para
comenzar.

D.: ¿En qué consistió vuestro trabajo
durante la guerra?

G. M.: Durante la guerra comenzamos
a abrir colegios para alojar a
los refugiados que llegaban en masa,
y les proporcionábamos alimentos
y otros productos de primera necesidad,
desde medicinas y útiles
de aseo hasta papillas y pañales para
los bebés. Se prestó especial
atención al trabajo educativo y de
animación dirigido a los niños y niñas.
En los momentos más álgidos
estuvimos atendiendo a 31.000 refugiados
alojados en más de 30 colegios.

Las instituciones, mientras
tanto, no hacían nada. Es importante
aclarar que huíamos de un apoyo
meramente asistencial y que no reproducíamos
un modelo “caritativo”:
nuestro trabajo era de resistencia
y de autogestión. Los refugiados
decidían sus necesidades y formaban
parte de la red, y no eran receptores
pasivos de la ayuda. Se trataba
de construir vínculos entre las
personas y mantener las estructuras
populares que se iban creando.

D.: ¿Y ahora que los ataques israelíes
han terminado?

G.M.: Ahora el trabajo es más directamente
político. Tenemos más
tiempo para replantear estrategias,
valorar nuestras acciones y aprovechar
la valiosa participación de toda
la gente que acudió a colaborar.
Los refugiados han regresado a sus
lugares de origen y la prioridad no
es repartir provisiones. Ahora nos
dedicamos al reemplazamiento en
sus pueblos y barrios, y a programas
sociales, sobre todo en las zonas
pobres del país: organización
popular, centros comunitarios,
asambleas en las fábricas, servicios
para madres y para niños, asistencia
post-traumática, realojo, seguridad
alimentaria...

D.: Estamos hablando de un movimiento
asambleario, ¿no?

G.M.: Sí. La coordinacion se hace
en asambleas generales, a las que
están invitadas todas las organizaciones
que colaboran con la red
desde fuera. Por lo general, muchas
de ellas delegan en la asamblea y
prefieren no acudir, pero son bienvenidas
a participar. Además, como
te decía, Samidoun es una red descentralizada,
por lo que existe una
amplia autonomía de decisión en
cada proyecto.

D.: La organización de una red tan
amplia debe de ser difícil...

G.M.: Durante la guerra, lo primero
fue organizar equipos para abrir escuelas
donde alojar a los refugiados
y formar las redes de aprovisionamiento.
Se hizo un llamamiento internacional
para recabar fondos, y
sólo en el primer mes obtuvimos
120.000 dólares en donaciones. En
ciudades de todo el mundo se hicieron
fiestas en beneficio de los refugiados
libaneses.

D.: En Madrid se hizo una cena en
un local okupado y en Barcelona se
abrió una cuenta corriente para
Samidoun...

G.M.: Recibíamos dinero de todos
los rincones del mundo: se hicieron
colectas en lugares tan dispares como
en un colegio de Johannesburgo
o en bares gays de Sydney. Y hubo
también donaciones individuales.

D.: Durante la guerra fue llamativa
la parálisis de las grandes ONG y
organismos internacionales asistenciales...

G.M.: Las grandes ONG, las que están
en la órbita de Naciones Unidas
y otras grandes entidades internacionales,
se revelaron inútiles, muy
burocráticas y, además, muy poco
democráticas: dependen de las decisiones
de alto nivel de sus donantes.
Tenían que esperar que les llegaran
fondos y a que les dieran autorización
para actuar. Hubo excepciones:
las ONG que se basan
en el trabajo voluntario y que tienen
fuertes vínculos con las bases
reaccionaron muy eficientemente.
Las otras no hicieron nada. Todo
esto ayudó a superar muchas ideas
preconcebidas, como la tendencia
a creer que las ONG y la sociedad
civil deben ser espacios no politizados.
Precisamente las ONG y los
grupos de personas que tienen una
conciencia política fueron los que
actuaron rápido y con eficacia durante
la crisis.

D.: El Estado libanés tampoco reaccionó...

G.M.: Los movimientos sociales cubrimos
ese vacío institucional. Y
eso nos demuestra que el concepto
de Estado no es realmente democrático
y que un Estado como el libanés
está sujeto a influencias ajenas,
como la de Estados Unidos y
los intereses que ellos representan.
Cuando el Estado desaparece -eso
hizo el Estado durante la guerra-,
la forma natural de reaccionar que
tiene la gente es organizarse, y esa
organización popular es más fácil y
eficaz que los mecanismos burocráticos
de las instituciones. Desde
los primeros días de la guerra, el
sistema que se suponía que nos tenía
que ‘proteger’ se colapsó. El
Ejército libanés no salía de ciertos
espacios asignados. La sociedad
funcionaba sin necesidad de
Estado: incluso mejor. Cuando el
Estado reapareció, cuando los partidos
políticos salieron de sus escondites
al acabar la crisis, es cuando
han comenzado a darse casos
de tensiones étnicas, de discriminación
y de racismo.


“EXIGID AL GOBIERNO ESPAÑOL QUE SAQUE SUS TROPAS”

D.: ¿En qué se os puede ayudar
desde fuera de Líbano?

G.M.: Necesitamos sobre todo solidaridad.
Haced presión política al
Gobierno español para que cambie su
postura ante Israel y para que se vigile
el rol de los soldados españoles.
Lo mejor que podéis hacer es exigir al
Gobierno español que saque sus tropas
del sur de Líbano cuanto antes.

D.: ¿Cómo valoráis la falta de reacción
de la comunidad internacional
durante la guerra?

G.M.: No fue una falta de reacción.
Su pasividad formaba parte del ataque.
Naciones Unidas esperó un mes
antes de hacer nada. La Unión Europea,
con Francia a la cabeza, dio así
un apoyo pasivo a la estrategia de
Estados Unidos. Aquí en Líbano todo
el mundo lo valora así.

D.: ¿Existe rechazo a la resolución
de Naciones Unidas?

G.M.: La resolución 1701, aprobada
con la connivencia del Estado libanés,
está en contra del proceso tal
y como estaba evolucionando en
Líbano. La gente aquí piensa que
sólo ha servido para parar los ataques
israelíes, pero para nada
más. En el fondo, no se ha solucionado
nada, y eso significa que
habrá problemas en el futuro.
Israel sigue violando a diario los
acuerdos sin que Naciones Unidas
haga nada por evitarlo. La gente ve
esto y saca conclusiones. Los libaneses
ya expulsamos de nuestro
suelo a los marines estadounidenses
y a los franceses en 1982; no
hay razón para pensar que esta vez
no vaya a ocurrir lo mismo.

D.: Como balance, ¿qué victorias
y qué derrotas ha habido en esta
guerra?

G.M.: En el Líbano, la victoria es
de la resistencia civil que, dentro
de su alcance, contribuyó a la victoria
militar. Hemos visto por primera
vez que Israel puede ser
derrotado. Y en las bases, la gente
se sintió por primera vez parte de
un país unido.

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