LOS GRUPOS DE APOYO AL SÁHARA CRITICAN EL GIRO PROMARROQUÍ DEL GOBIERNO
La intifada solidaria por el pueblo saharaui

La venta de armas por 200 millones de euros a
Marruecos y el apoyo de Zapatero en las últimas
semanas al plan marroquí que perpetúa la ocupación
del Sáhara han indignado al movimiento de
solidaridad con el pueblo saharaui. Repasamos el
trabajo de colectivos que difunden las violaciones
de derechos en la zona y reclaman la soberanía
de los saharauis para decidir libremente su futuro.

29/03/07 · 0:00
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SOLIDARIDAD EN MADRID. Manifestación en Madrid en 2005 en protesta por las det enciones y torturas realizadas por la Policía o el Ejército marroquí en los territorios ocupados en el Sáhara.

Abdullah Arabi es representante del
Frente Polisario en Madrid. Lleva doce
años presionando para que el
Estado español cumpla con su responsabilidad
como potencia colonial
en el Sáhara y apoye el derecho a la
libre determinación del Sáhara. Según
opina, la actitud española actual
hacia el Sáhara se puede resumir en
una palabra: “un divorcio”, el que
existe entre lo que apoya la población
(partidaria de la libertad para
los saharauis), y las decisiones de los
Gobiernos (que varían entre no mover
un dedo o apoyar directamente
las tesis de Marruecos).

Los datos le dan la razón. Si su
causa dependiera únicamente de lograr
apoyos, hace tiempo que el
Sáhara hubiera celebrado su referéndum
de autodeterminación. La
Coordinadora Estatal de Asociaciones
Solidarias con el Sáhara cifra en
más de 250 sus grupos asociados. Su
presidente, José Taboada, habla de
“miles de personas” que trabajan
diariamente por la causa saharaui.
Su actuación se divide en dos áreas.
Por un lado, la asistencia humanitaria:
actividades como el envío de alimentos
y bienes materiales, atención
médica o las conocidas ‘vacaciones
de acogida’ que cada año llevan a
más de 8.000 niños saharauis a pasar
el verano en el Estado español.
Por otro, la denuncia política y la concienciación social.

Como señala
Taboada se trata de “recordar de que
éste no es un conflicto concluido ni
olvidado, que es un problema de descolonización
en el que España tiene
una responsabilidad histórica”. De
informar, por ejemplo, de las violaciones
de derechos humanos, de los
más de 500 civiles desaparecidos y
151 presos de guerra saharauis. O de
que Marruecos es el segundo país líder
en incumplimiento de resoluciones
de la ONU (sólo superado por
Israel). O de la propia existencia del
muro que divide de norte a sur el
Sáhara occidental, cubierto de minas
y alambradas, y escasamente conocido
pese a sus más de 2.000 km
de longitud (la distancia entre Madrid
y Berlín).

Aunque ambas áreas se complementan,
en los últimos años el Gobierno
prioriza sólo la asistencia, para
la que afirma duplicar las ayudas
oficiales. Taboada, en todo caso, advierte
que no se van a dejar engañar
ante los intentos de desactivar la denuncia
social. “El problema del Sáhara
no es humanitario, no es un
terremoto ni un tsunami. Es un problema
político y la solución debe ser
política”, apunta. Por eso, ve con
buenos ojos el respaldo de todos los
grupos políticos a la proposición no
de ley presentada el 14 de marzo por
Izquierda Unida, que insta al Gobierno
a promover “iniciativas que
respeten la legalidad internacional y
legítimo derecho del pueblo saharaui
a la libre determinación”.

Abdullah Arabi se muestra más escéptico:
“Existe una falta de coherencia
entre lo que se vota y lo que se lleva
a la práctica. Es ahí donde todo se
rompe”. Hasta el momento, las actuaciones
del Gobierno español van
en una línea 180 grados opuesta a la
declaración del Congreso. A la venta
de armas a Marruecos se suma una
política exterior contradictoria. Así,
pocos meses después de asumir la
presidencia, en 2004, Rodríguez
Zapatero daba por enterrado el último
plan Baker de la ONU donde se
contemplaba el referéndum de autodeterminación,
al no contar “con el
acuerdo de todas las partes”. Sin embargo,
ello no ha sido obstáculo para
que tres años más tarde Zapatero
alabe “los esfuerzos de Rabat” por
solucionar el conflicto mediante un
plan de autonomía que, de entrada,
cuenta con el rechazo frontal del
Frente Polisario y Argelia al excluir
opción del referéndum.


Cultura contra el olvido

La cultura y actividades
lúdicas (ver Maratón
por el Sáhara,
página 29) han sido
otros de los campos
más utilizados por el
Frente Polisario para
denunciar su situación.

El 21 de marzo
se presentó la IV edición
del Festival Internacional
de Cine del
Sáhara (FISAHARA
2007), que se celebrará
en el Campamento
de Refugiados
de Dajla, Tinduf entre
los días 11 y 15 de
abril. La muestra, que
se convirtió en 2003
en la primera que se
ofrece en un campamento
de refugiados,
se ha convertido en
una de las actividades
más conocidas
de apoyo al Sáhara,
al tiempo que supone
una de las pocas ocasiones
de ver cine en
pantalla grande para
los cerca de 200.000
saharauis de los campamentos
de refugiados
en Argelia, volverá
a contar con personalidades
destacadas
del mundo del cine
español y la cultura,
cuyo protagonismo
social también contribuye
a hacer visible
en los medios un conflicto
con escasa presencia
en la agenda
informativa.


30 años de batalla diplomática

Frente a los ataques
de Marruecos, el Frente
Polisario ha apostado
históricamente por
el derecho internacional
y la presión diplomática
para reclamar
su independencia. A
pesar de ser un pueblo
sin Estado, la RASD
República Árabe
Saharaui Democrática)
cuenta con el reconocimiento
de la Unión
Africana y un total de
46 países. El Polisario
mantiene contactos
diplomáticos en todo
el mundo. A nivel internacional
son también
conocidos los intereses
económicos de
Marruecos en la zona,
como el banco pesquero
del Sáhara y la
riqueza en recursos
naturales como el
petróleo, fosfatos (de
gran utilidad en sectores
tan diversos como
la agricultura, industria
láctea, el cuero o la
medicina). Pero a
pesar de que su derecho
a la autodeterminación
es reconocido
por la ONU, y así se ha
expresado el Plan
Baker y después el
Plan Baker II, la recurrente
negativa de
Marruecos y la pasividad
de la comunidad
internacional ante los
abusos lleva a algunos
sectores a dudar de la
eficacia de continuar
sólo por la vía pacífica.

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