F. MENDIOLA Y M. NOGUERAS, MIEMBROS DEL MOC Y EX INSUMISOS
“La insumisión nos dio la certeza de que se puede ganar”

Fernando Mendiola y Manolo Nogueras vivieron la campaña de insumisión en Pamplona y en Zaragoza, respectivamente. Ambos pasaron por la cárcel.

19/02/09 · 0:00
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DIAGONAL: Cuando se acerca el
fin de la mili se pone en marcha la
campaña Insumisión en los Cuarteles.
¿Cómo valoráis esa estrategia?

FERNANDO MENDIOLA: Uno de
los motivos del éxito de la campaña
de insumisión en Navarra fue el
uso de la cárcel como una herramienta
política clara. Fuimos a la
cárcel, allí desobedecimos, estaba
muy claro que los presos éramos
un altavoz. La cárcel era un continuo
hervidero, y eso hizo que fuese
a más.

MANOLO NOGUERAS: Pensando
que esa estrategia había funcionado,
creímos que también podía
hacerlo en los cuarteles. ¿Qué sucede?
Que no tuvo la repercusión
que podía haber tenido porque el
marco era distinto. Los objetivos
estaban por cumplir. El único pecado
igual fue, quizás, ser demasiado
ambiciosos.

D.: Durante esa época hubo una capacidad
de movilización que se fue
diluyendo. ¿Pensáis que se podía
haber mantenido esa tensión?

M.N.: Difícilmente, porque pocas
veces se encuentra un objetivo tan
claro como el fin del servicio militar
obligatorio y vas y, encima, ganas.
Es difícil mantener el nivel de tensión.
Las cosas, además, no se pueden
reproducir.

F.M.: En parte, estaba cantado que
iba a pasar. Llegó el fin de la mili y
muchos grupos, sobre todo en Pamplona,
acusaron un agotamiento
por la campaña.

M.N.: No hay que desdeñar el papel
de la represión. En mi grupo estuvimos
todos presos.

F.M.: En ese momento perdimos
mucha fuerza porque la gente necesitaba
un respiro. Igual era la ocasión
de haber trabajado de una forma
más estratégica, de mantener
los contactos, el colchón social...

D.: ¿Se quedaron muchas cosas
en el tintero?

F.M.: En Euskal Herria no fuimos
capaces de hacer una lectura antimilitarista
del conflicto. Teníamos
recetas para todos menos para nosotros.
Teníamos muy presente el
valor del consenso y pensábamos
que era muy positivo sacar adelante
el mensaje antimilitarista y una
práctica desmilitarizadora como la
insumisión. Por eso se trabajó con
mucha gente con la que teníamos
diferencias, pensando que ese trabajo
en común era positivo y que estaba
también desmilitarizando la sociedad
y el propio conflicto.

D.: ¿Qué supuso la campaña de insumisión
en el recorrido de los movimientos
sociales?

M.N.: La certeza de que se puede
ganar. Saber que has dado con una
herramienta que funciona. Claro
que reunía condiciones que es difícil
volver a encontrar.

F.M.: Los movimientos sociales estaban
en ese momento muy vinculados
a partidos políticos. Éste fue
un movimiento autónomo, sin jerarquías,
con una estrategia pública
que proporcionó mucha frescura, y
la idea de que la desobediencia bien
trabajada no es una varita mágica,
pero puede dar sus frutos.

F.M.: En Navarra, la insumisión tuvo
una repercusión especial, porque,
tradicionalmente, el antimilitarismo
había tenido mucha fuerza, fue de
los pocos sitios donde salió ‘no’ a la
OTAN, había un componente nacional
que hacía que hubiese un
mayor número de insumisos... Y a
esto se sumó que es donde más
represión hubo. Aquí se juzgó a
todo el mundo. Estamos hablando
de unos mil insumisos. Había pueblos
en los que nadie iba a la mili,
sobre todo en la zona de montaña.
Hubo valles totalmente insumisos.
En los grupos antimilitaristas se trabajó
bastante ese mundo rural. Además,
influye el tema identitario, son
zonas euskaldunes...El discurso del
MOC nunca ha sido ése, pero sería
absurdo negar que en la base del
éxito en ciertas zonas está el componente
identitario.

M.N.: Las redes sociales actuaban
ahí de una manera multiplicadora.
Si a éste lo reprimen,
pues no vamos nadie. Aquí el tejido
social es más rico y entonces
era aún más rico.

D.: La insumisión formaba parte del
movimiento antimilitarista con unos
objetivos más generales. ¿Qué errores
se dieron para que la capacidad
movilizadora no se mantuviera en
torno a esos objetivos?

F.M.: En ese momento de transición
quizás deberíamos haber hecho un
trabajo más de estrategia, de atar
contactos...

M.N.: Sabíamos que lo de la mili era
uno de los objetivos del movimiento
antimilitarista y que cuando eso
concluyera, con una victoria que, en
el último tramo, parecía cantada,
deberíamos haber previsto aquella
desmovilización tan grande. Pero
tampoco supimos prever el éxito.
F.M.: Se decía que sólo hablábamos
de la mili, pero no se tiene en cuenta
que cuando más se habló de gasto
militar, de educación para la paz,
de objeción fiscal... fue cuando hubo
insumisos en la cárcel. Se utilizó
la represión para dar ese mensaje
global que nunca estuvo más presente
en la calle que entonces.

D.: ¿En torno a qué se ha reconfigurado
el movimiento hoy?

M.N.: A vista de pájaro, si tuviera
que agrupar a los antimilitaristas
hoy, lo haría en torno al MOC. Lo
que pasa es que ahora las tendencias
antimilitaristas están presentes
en un montón de grupos locales que
trabajan temas de lo más variado,
cosa que antes no pasaba. Ha pasado
a ser un tema transversal. No voy
a pecar de optimismo y decir que se
ha impregnado todo, pero sí es cierto
que hay valores que están en muchos
más sitios, como el método de
trabajo, lo antimilitar como valor
descriptivo de cualquier grupo del
movimiento alternativo...

F.M.: Tampoco la desobediencia
civil es una varita mágica. Si se ha
incorporado a muchas estrategias
de lucha es por la presencia pública
que tuvo con la insumisión.

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