RESISTENCIA SILENCIADA // LAS PROTESTAS UNIVERSITARIAS DEJAN VER EL MALESTAR POR LA OCUPACIÓN
Los independentistas de Papúa, en lucha por la libertad frente a Indonesia

Desde el 30 de marzo, numerosos estudiantes
de Papúa han tenido que exiliarse
en busca de asilo político. Huyen de la represión
de Indonesia, que históricamente
ha hostigado de forma implacable las actividades
del movimiento independentista
Organisasi Papúa Merdeka (OPM). En este
artículo se analiza el momento que atraviesa
esta resistencia política a la invasión
y ocupación militar de Jakarta, un conflicto
poco conocido dado los intereses
económicos de Occidente en la zona.

16/06/06 · 19:08
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ASAMBLEAS TRIBALES EN EL CENTRO DE PAPÚA. Los encuentros de indígenas forman parte de la lucha independentista por mantener su identidad y tradiciones,
duramente perseguidas por el gobierno de Jakarta, que trata de imponer la cultura indonesa en todo el territorio. / Movimiento de Apoyo a la Independencia

El territorio más oriental de la República
de Indonesia, Papúa, observa
actualmente como, bajo el nuevo
gobierno de Susilo Bambang
Yudhyono, su situación sigue desarrollándose
bajo los mismos postulados
de ocupación y represión.
Papúa, la parte occidental de la isla,
donde se halla también Papúa
Nueva-Guinea, territorio de 421.000
km2 cubiertos en su inmensa mayoría
de selva primaria y que alberga
codiciados y ricos yacimientos de
metales, es un gran botín económico
que Jakarta sujeta con cadenas y
desangra paulatinamente. Esta provincia,
marginal desde el punto de
vista humano a los ojos del corrupto
gobierno indonesio, es únicamente
para Jakarta una fuente de ingresos
que no está dispuesta a perder ante
las reclamaciones de la población
papú. Tierra ocupada militarmente
desde 1969, cuando Indonesia no
respetó el acuerdo que iba a posibilitar
un referéndum para determinar
el estatus político del territorio (el
Acta de Libre Elección), a decidir entre
la independencia o la unión a la
República, ha sido sistemáticamente
saqueada y colonizada. Este es un
conflicto acallado internacionalmente
bajo la cobertura de Washington
(que en plena Guerra Fría dio carta
blanca a las políticas indonesias a
cambio de su alianza geoestratégica),
y el silencio cómplice de la ONU.

Su lejanía y el grado de intensidad
de perfil bajo de este conflicto ha hecho
que durante los últimos 37 años,
Jakarta haya operado con total impunidad
contra la población papú
y su resolución a no ser absorbidos
por la dominante cultura javanesa.

La resistencia política a la invasión
y ocupación militar posterior comenzó
ya anteriormente al Acta, y
se reforzó a partir del ‘69 en diferentes
altibajos, repuntando a mediados
de los ‘90, momento a partir
de cual las actividades del Organisasi
Papúa Merdeka (OPM) fueron
más conocidas al traspasar los límites
de la censura local.

Formas de resistencia pacífica

El OPM controla actualmente zonas
difícilmente delimitables del territorio
papú, cuyas vías de comunicación
terrestres son marginales; la orografía
montañosa y boscosa del territorio
son una cobertura excelente para
sus actividades. El necesario e indispensable
hermetismo de la organización
de resistencia hace difícil realizar
una valoración de su potencial,
de su capacidad de trabajo y de su
operatividad; pero la resistencia papú
a la ocupación militar indonesia
también se manifiesta de manera pública
con el trabajo de los estudiantes.

Los universitarios son quizá actualmente
la forma visibilizadora
más clara de la protesta, y sus actividades
se evidencian en manifestaciones
y acciones puntuales contra la
invasión. Pero en un contexto político
dominado desde la independencia
de Indonesia por el ejército, incluso
desde la caída de Suharto en
1998, al que pertenecía el actual presidente
Yudhyono, las actividades
estudiantiles sufren una represión
constante e implacable, siendo acosados
tanto por las diferentes ramas
armadas de la ocupación: militares,
Policía y grupos de inteligencia.

Tanto es así, que desde el 30 de marzo
numerosos estudiantes siguen refugiados
en las selvas de Papúa
Nueva-Guinea, el país vecino, a donde
también acudieron 200 estudiantes
de Jayapura en busca de asilo político.

La represión del gobierno
pseudo militar y centralista de Jakarta
no sólo pasa por arrestos e interrogatorios.
El último informe sobre la
situación de los derechos humanos
en Indonesia, elaborado curiosamente
por el gobierno estadounidense,
corroboran las denuncias de los papús,
admitiendo que los soldados indonesios
han golpeado, torturado y
asesinado sospechosos de promover
la independencia. El informe cita el
caso de un arrestado que sufrió el
corte sistemático de su cara y cuerpo
con cuchillas de afeitar y el rociado
de su cabeza con petróleo, prendiéndosele
fuego después a su pelo.
Las actividades represoras de los
militares indonesios no son nuevas
en esta parte de la república, a finales
de la década pasada fueron protagonistas
de las masacres perpetradas
en Timor Este antes y después
del referéndum de autodeterminación.
Y han tenido las manos libres
para actuar contra los secesionistas
de la provincia de Aceh en Sumatra,
incluso después del tsunami ocurrido
en diciembre de 2004.

A esta atmósfera de represión militar
pregenocida de la población de
origen melanesio, animista y cristiana,
Jakarta ha unido el desarrollo y
aplicación de su conocido programa
de transmigrasi, mediante el cual millones
de habitantes de la poblada
Java son trasladados a las provincias
exteriores en un afán de aligerar la
presión demográfica de la isla principal
y aculturizar esos territorios cultural
y antropológicamente distintos
y lejanos. Los transmigrasi de Java, y
ahora también de Sulawesi y Sumatra,
constituyen un arma humana
efectiva y muy bien calculada por
Jakarta contra la cultura papú: la étnia
malayo-indonesia domina cualquier
proyecto de desarrollo económico
en la región, cualquier compañía,
tienda, almacén o puestos en el
gobierno local. El resultado es un nivel
de pobreza entre la población local
por encima de la media nacional.

Mientras las actividades del OPM
y las protestas estudiantiles progresan
en paralelo al rechazo de la impuesta
cultura indonesia, y extienden
progresivamente sus vínculos
con grupos de apoyo a nivel internacional
(cuentan con el total respaldo
de los pequeños países del
Pacífico), el gobierno indonesio se
enfrenta a una prueba crítica en este
asunto. Los militares no quieren
ni oír hablar de otra provincia secesionista
en el este, después de la independencia
de Timor, y presionan
al Presidente por una solución militar
abierta. Otro factor juega en
contra del movimiento independentista
papú: albergan la mayor
reserva mundial de oro en el yacimiento
minero de Timika. ¿Sus
propietarios? Freeport, una compañía
de capital occidental.

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