AUSTRIA // FORO POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
Europa se plantea qué y cómo come

Un sistema alimentario social y ecológicamente sostenible pasa porque haya más personas que trabajen en el campo.

07/09/11 · 8:00
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UN MODELO PUESTO EN DUDA. Campo de soja transgénica en Paraguay.

En la localidad austriaca de Krems, a
orillas del Danubio, se ha celebrado
durante seis días del mes de agosto
el Foro de Nyéléni: el Foro Europeo
para la Soberanía Alimentaria.

Nyéléni, diosa de la fertilidad, legendaria
campesina maliense que cultivó
y alimentó bien a su pueblo personifica
la soberanía alimentaria a través
del trabajo duro, la innovación y
el cuidado de su gente. Ella fue la inspiración
para nombrar al primer
Foro Internacional para la Soberanía
Alimentaria, que tuvo lugar en 2007
en Sélingué, Malí. El Foro de Nyéléni
Mali constituyó un hito para las personas
y organizaciones que luchan
en todo el mundo por dar la vuelta al
sistema agrario y alimentario. De
aquel encuentro surgió el llamamiento
a impulsar y fortalecer el movimiento
en todas las regiones.

En respuesta a esta llamada más
de 400 personas, en representación
de 120 organizaciones (campesinas,
ONG, organizaciones rurales y
otras), y provenientes de 34 países
(desde Portugal hasta Azerbayán,
de Noruega a Turquía), se reunieron
en Krems para compartir, discutir
y avanzar juntas hacia la soberanía
alimentaria en Europa.
En estos momentos en que Europa
está experimentando los primeros
ajustes estructurales que los gobiernos
imponen a la población, surge
con especial fuerza y creatividad
la respuesta de los movimientos sociales
europeos preocupados por un
modelo de agricultura global que es
reflejo exacto del modelo capitalista
que la dirige. En este contexto, el
principal objetivo del foro era el de
catalizar el movimiento por la soberanía
alimentaria en Europa, reuniendo
a las organizaciones ya involucradas
en ello, para debatir sobre
cómo concretar este concepto
en la realidad europea, qué obstáculos
hay, y qué acciones pueden
desarrollarse de forma conjunta en
el futuro para retar al sistema agroalimentario
predominante.

En el foro se ha consensuado una
declaración y un plan de acción conjuntos
para los próximos años. El
movimiento se ha visto reforzado, y
entre otros avances, se han dado los
primeros pasos para aumentar la relación
entre las organizaciones sociales
de Europa occidental y las de
Europa del este o entre los países
del Mediterráneo. Las discusiones
se estructuraron en base a cinco
ejes que de alguna forma dibujan
la agenda europea por la construcción
de la soberanía alimentaria, a
la vez que suponen “un paso hacia
un cambio más amplio dentro de
nuestras sociedades”.

PRODUCCIÓN Y CONSUMO
Cambiar cómo se producen
y consumen los alimentos

Se estableció la meta de trabajar
por la ‘resiliencia’ en los sistemas
productivos, entendida ésta como
su estabilidad para cubrir las necesidades
alimentarias de la población
europea, frente a la especulación
financiera o el cambio
climático. Esta resiliencia se concibe
en base a modelos ecológicos
de producción y pesca, con un amplio
manejo y conservación de la
biodiversidad y los recursos naturales,
y se basa en población campesina
que cultive huertos urbanos
y personas que se dedican a la pesca
artesanal que produzcan alimentos
locales. La lucha contra los
alimentos transgénicos y la privatización
de los recursos genéticos ocupa
un lugar central; así como la protección,
promoción y divulgación de
las variedades vegetales y razas ganaderas
tradicionales, y de las culturas
alimentarias locales, diversas, de
temporada, y en la reducción en el
consumo de productos de origen animal
bajo producción industrial.

DISTRIBUCIÓN
Cambiar las maneras en que
se distribuyen los alimentos

de alternativas locales, descentralizadas
y diversificadas de distribución
que reduzcan los intermediarios
y devuelvan el poder de decisión
a productores y consumidores.
El objetivo común es conseguir precios
justos para ambos extremos y
llevar alimentos de calidad y sostenibles
al conjunto de la sociedad.
Se trabaja por lograr una normativa
higiénico-sanitaria que diferencie la
transformación alimentaria local y
campesina de la agroindustria; en
el desarrollo de infraestructuras locales
que apoyen a la pequeña producción;
y en compartir recursos y
conocimientos en la construcción
de organizaciones entre producción
y consumo y redes logísticas
alternativas.

CONDICIONES DE TRABAJO
Poner en valor y mejorar
las condiciones sociales

Las organizaciones agrarias y las redes
que trabajan por los derechos
del trabajo migrante en el sector
agroalimentario coinciden al responsabilizar
de la explotación y la
degradación de las condiciones sociales
a la violencia que ejercen los
bajos precios alimentarios en origen,
en todo el planeta. Para ello
se plantean “construir alianzas
más amplias entre las personas
que trabajan dentro del sistema
alimentario”; entre las organizaciones
europeas y las del “sur global”;
y con el consumo de cara a obtener
precios justos. A su vez reclaman
criterios de justicia social en el reparto
de las ayudas públicas.

DEFENSA DEL COMÚN
Reclamar el derecho a
nuestros bienes comunes

La privatización de los bienes comunales
–la tierra, las semillas, las
razas de ganado y bancos pesqueros,
los bosques, el agua, la atmósfera
y el conocimiento– avanza en
todo el planeta, y también en
Europa. Ello supone graves problemas
ambientales y sociales, y un impedimento
central para avanzar hacia
la soberanía alimentaria. Por
ello, las organizaciones asistentes
se oponen a “la mercantilización, la
financiarización y el patentado de
nuestros bienes comunes”. Señalan
la necesidad de recuperar el control
comunitario de estos recursos, más
allá de la gestión pública y fuera del
control por parte de los mercados,
como forma de asegurar la justicia
social “y el respeto de los derechos
de la madre tierra”

A ESCALA HUMANA
Cambiar la gobernanza del
sistema agrario y alimentario

Las organizaciones asistentes se hacen
eco de los graves impactos sociales
y ecológicos que las políticas
agrarias de la UE, y la globalización
agroalimentaria que ésta impulsa,
están generando sobre el campo europeo
y sobre otros territorios forzados
a la agroexportación. Por ello
impulsan un cambio de rumbo hacia
el derecho a la alimentación y la
justicia climática, que pasa por deslegitimar
el poder de las grandes
transnacionales agroalimentarias y
agroquímicas. Las políticas agroalimentarias
europeas deben garantizar
precios justos y estables, prácticas
agroecológicas, y avanzar hacia
la reforma agraria; y en último término
“deben tener como resultado
un incremento del número de campesinos
y campesinas en Europa”.
Se reclaman políticas que prohíban
la especulación alimentaria y el acaparamiento
de tierras; derogar la
política europea de agrocombustibles;
y resituar los debates globales
en el marco de la Food and
Agriculture Organization (FAO)
–un organismo político– para sacarlo
del de la Organización Mundial
del Comercio (OMC) –meramente
comercial.

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