MADRID // TRAS UNOS AÑOS DE RELATIVA SEQUÍA, LA CIUDAD VIVE UN AUMENTO SIGNIFICATIVO DE CENTROS SOCIALES OKUPA
Diez okupaciones en menos de dos años

En los últimos 18 meses, diez nuevas experiencias de centros
sociales okupados han surgido en la Comunidad Autónoma
de Madrid. Unidos a experiencias más veteranas, plantean
agitar la lucha en defensa de los espacios autogestionados.

26/06/08 · 0:00
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CONTRA EL DESALOJO. Miles de personas se manifestaron el pasado 7 de junio contra el desalojo del Espacio Polivalente
Autogestionado Patio Maravillas, un auténtico equipamiento social alternativo situado en el céntrico barrio de Malasaña / David Fernández

El 18 de mayo de 1994 se producía
el desalojo del Centro Social
Minuesa que, okupado cinco años
antes, se convertiría en la primera
experiencia de un gran espacio autogestionado
en el centro de la ciudad.
Su amplio recorrido como lugar
de conciertos, talleres, encuentros
y una miríada de actividades de
todo tipo consiguió que mucha gente
se identificara con el proyecto y
tratara de construir su propia experiencia
en otros barrios y pueblos de
la comunidad autónoma. De esta forma,
a finales de los ‘90 coexistieron
interesantes experiencias en diferentes
zonas, que durante algún tiempo
compartieron una enorme presencia
activista. Fue el caso de los centros
sociales David Castilla, Lavapiex 15,
La Guindalera, Seco, y El Barrio en
Madrid, o Huertax en Móstoles.

A principios de este siglo la situación
entró en una fase crítica, los
proyectos de okupación para centros
sociales eran muy limitados en
el tiempo, en buena medida porque
los desalojos se sucedían con rapidez,
sin dar tiempo a que las iniciativas
se asentaran. Además, dentro del
‘movimiento’ las diferencias sobre la
estrategia a seguir frente a las administraciones
o la forma de enfocar el
trabajo en el territorio llegaron a ser
tan agudas que a menudo paralizaron
líneas de trabajo conjuntas o de
simple colaboración.
Sin embargo, algunas cosas están
cambiando en los últimos tiempos.
La sequía relativa de la etapa anterior
ha sido sustituida por una ‘explosión’
de grupos e iniciativas que han
recuperado la idea de construcción
de centros sociales okupados con los
que incidir en la transformación de la
realidad, donde las personas se autoorganicen.
Espacios que aparecen
como lugares de denuncia, intervención
política y actividades culturales
no elitistas.

2008 empezó con nuevas okupaciones
destinadas a poner en marcha
centros sociales. En enero nacía La
Gatonera en el barrio de Carabanchel,
“como respuesta al desalojo el
año anterior de La Ramona, La Alarma
y el centro social 1924”. En febrero
se inauguraba el centro social El
Antídoto en Estrecho y a finales de
marzo el Palacio Social Okupado Malaya,
en la calle Atocha, 49, en pleno
centro de la ciudad. En abril, el centro
social La Gotera veía la luz en Leganés,
una ciudad de la periferia de Madrid
que llevaba once años sin una
experiencia de okupación con fines
sociales. En el mismo mes nacieron
los espacios autogestionados La Bota,
en la localidad de Ciempozuelos, y La
Ironía, en el barrio de Vallecas. A estas
seis recientes experiencias hay
que añadir el centro social La Fábrica
de Sueños, en Villalba, pueblo de la
sierra norte, que lleva okupado cerca
de año y medio; El Cierre, en Getafe;
o La Traba, en el barrio de Legazpi,
que cumplieron un año el pasado mes
de mayo. De la misma manera, el
Espacio Polivalente Okupado Patio
Maravillas, situado en el barrio de
Malasaña, celebrará su primer aniversario
el próximo 1 de julio. A estos
núcleos hay que unir proyectos
veteranos como La Casika en Móstoles,
la Eskuela Taller en Alcorcón,
El Solar en Lavapiés o el recientemente
reokupado pueblo de Navalquejigo,
en la sierra norte.

Todos estos proyectos, junto al
centro social El Nido de Guadalajara,
han comenzado a coordinarse con
objeto, entre otras cosas, de lanzar
una posible campaña después de
septiembre. No es la primera vez que
se crea, aunque sea de forma dispersa,
una ‘Asamblea de Okupas de Madrid’,
pero hacía tiempo que no se
veía una red que aceptase las diferentes
formas de construir los proyectos
como algo positivo o enriquecedor.
Dos son las consignas en las
que todos se reconocen como espacio
común desde el que trabajar: “Si
nos tocan a uno nos tocan a tod@s” y
el ya famoso grito de “diez, cien, mil
okupaciones”. Algo que, visto lo visto,
no está tan lejos de conseguirse.

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