OKUPACIÓN // UNO DE LOS CENTROS NO LLEGÓ A DURAR MÁS DE UNAS HORAS
Desalojan dos nuevos gaztetxes en Bilbo e Iruñea

Los nuevos intentos de okupación de las
Asambleas de Jóvenes en los cascos viejos de
Bilbao y Pamplona han sido frustrados por la
Policía en apenas dos semanas. A su vez, el
centro social de Burlata (Navarra), testigo del
final de la Gaztetxe Martxa el pasado mayo y
con más de tres años de vida, está a la espera,
en los próximos días, de la orden de desalojo.

16/06/06 · 18:56
Edición impresa
JPG - 25.5 KB
 
BILBO. El 13 de mayo, la Asamblea de Jóvenes del Casco Viejo okupó el primer piso de un edificio de la Plaza Unamuno para
crear en él un centro social. Era el segundo intento que llevaban a cabo este año. Fue desalojado por la Ertzaintza a los 12 días./ Gaztesarea

“Contra la cultura del desfase”.
Así rezaba una de las pancartas
que colgaban del balcón del primer
piso en un viejo edificio de la
Plaza de Unamuno de Bilbao hasta
hace apenas unas semanas. La
Gazte Asanblada (Asamblea de
Jóvenes) del Casco Viejo lo ocupó
a plena luz del día el 13 de mayo
y, pese a que en un primer momento
se negoció con los dueños
la permanencia en el local, la
Ertzaintza (policía autonómica) lo
desalojó 12 días después tras la
denuncia interpuesta por éstos.

Con ello se echó por tierra (literalmente
también a alguno de los
jóvenes, detenido o herido en la carga
policial que la Ertzaintza efectuó
en la plaza) un nuevo intento de liberar
un espacio de la parte vieja
bilbaína como lugar de encuentro,
de comunicación, de actividades y
de autogestión por los propios jóvenes
de sus iniciativas. Un nuevo intento
frustrado por la fuerza de nacer
otro gaztetxe (casa de jóvenes/
centro social) más en Bilbao.
En esta ocasión, centrados los
esfuerzos en hacerlo en una zona
en plena transformación, el Casco
Viejo, donde, según los cálculos de
los propios jóvenes, hay 1.023 pisos
y locales vacíos y un lugar donde
“sus calles han sido desprovistas de
la infraestructura necesaria para
hacer vida social en ellas y donde
se han encargado de deshumanizarlas
con el fin de convertirlas en
lugares de tránsito y escaparate”.

El gaztetxe quería empezar a andar
no “como un fin en sí mismo, sino
como un medio más para la
transformación social y urbana y
desde el que combatir la especulación,
el consumismo exacerbado, la
incomunicación entre los jóvenes,
el paro o el conformismo”. Pero así
como sus primeros pasos se dieron
entre asambleas, actividades en la
calle e infinidad de proyectos, tropezó
con las mismas piedras de
siempre. Las propias madres y padres
de los jóvenes de la asamblea
han hecho público un comunicado
en el que, además de denunciar el
desalojo y las políticas institucionales
de juventud, se preguntan si acaso
no son estos mismos jóvenes “los
que tienen que decidir que es lo que
quieren hacer con su tiempo y sus
ideas” y si son “solamente mayores
de edad para otras cuestiones”.
Sin embargo, si la existencia del
nuevo centro social del Casco
Viejo bilbaíno fue breve, la del intento
de okupación que la Gazte
Asanblada de Iruñea-Pamplona
hizo el 27 de mayo se puede describir
como fugaz ya que apenas
pudo aguantar unas horas.

A las 11 de la mañana entraban
en un edificio abandonado en la
Plaza Recoletas y las calles se llenaban
de carteles dando la bienvenida
al nuevo gaztetxe. A las 12, los
jóvenes daban una rueda de prensa
delante de él y, antes de que muchas
de las miles de personas que
celebraban esa misma jornada de
Auzoko Eguna (Día del Barrio) en
el Casco Viejo se enterasen de que
la Alde Zaharra (Parte Vieja) contaba
de nuevo con un centro social
tras la demolición del Euskal Jai, la
Policía desalojaba los locales. Y todo
sin que se pudiese llegar a llevar
a cabo la comida popular con
la que se querían comenzar las actividades
de ese primer día de vida.
Por la tarde, los jóvenes volvieron
a entrar en el edificio, pero
fueron nuevamente desalojados.
Por otro lado, y también en Navarra,
el centro social de Burlata,
okupado hace más de tres años,
espera, durante estos días, a que
la orden ya tramitada de derribo
del edificio, propiedad de una
constructora, se convierta en una
orden de desalojo inminente.

Un momento difícil

Todo esto se produce más de un
mes después de que las Gazte
Asanbladas recorriesen, pueblo a
pueblo, los centros sociales de toda
Euskal Herria con la intención de
sacar la actividad de éstos a la calle.

La Gaztetxe Martxa finalizó precisamente
en Burlata, tras denegar el
Ayuntamiento de Pamplona los
permisos para hacerlo en la ciudad.
Hablaban entonces, de que “no son
buenos tiempos para la autogestión”
y, a pesar de sus esfuerzos motivados
por la idea de que “desde el
primer momento no creemos tener
que esperar a que nadie nos regale
nada”, como relataron en el comunicado
de la nueva okupación en
Iruñea, los acontecimientos de las
últimas semanas parecen empeñados
en darles la razón.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto