ANÁLISIS : PANORAMA HISTÓRICO
Desafíos y nuevos feminismos

A través de un recorrido que arranca en 1975, la autora
apunta algunas de las problemáticas y retos a los que se
enfrenta el movimiento feminista de nuestros días.

19/03/09 · 0:00
Edición impresa
JPG - 23.5 KB
MADRID, 8 DE MARZO. Instante de la manifestación del Día Internacional de la Mujer / David Fernández

En 1975 el movimiento feminista
organizó las primeras
Jornadas de Liberación de
la Mujer en Madrid. Desde
finales de los ‘60, al calor de las luchas
antifranquistas, los movimientos
barriales, las batallas del movimiento
obrero, los ecos y vivencias
del ‘68 y las luchas antirracistas en
EE UU, un murmullo subterráneo,
clandestino, se había ido instalando
en asociaciones de barrios, fábricas,
partidos y hogares: era el descontento
que miles de mujeres comenzaban
a expresar públicamente.

Hablar en términos de economía
subjetiva del poder (aquello de “lo
personal es político”) fue una de las
grandes aportaciones del movimiento
feminista, superando las concepciones
marxistas ortodoxas del
poder en términos de clases. Sin embargo,
más de 30 años después, las
consecuencias de esta máxima no se
han indagado en profundidad.
En los años ‘80, la unidad del movimiento
se fue resquebrajando:
feministas independientes, feministas
lesbianas, el feminismo autónomo,
mujeres transexuales,
prostitutas y grupos de mujeres internacionalistas
interrogaron las
premisas sobre las que se había
construido esa unidad. Se fue elaborando
una interpretación compleja
de la identidad articulada según
ejes de poder: la diferencia se
instaló en el movimiento feminista
y en el interior de la propia subjetividad.

Los primeros grupos queer
del Estado español de principios de
los ‘90 exploraron estas ideas, al
tiempo que el feminismo lesbiano,
el autónomo y el movimiento transexual
dialogaban con el resto del movimiento
feminista y llegaban textos
de autoras como Monique Wittig,
Teresa de Lauretis, Adrienne Rich,
Donna Haraway o los de la Librería
de Mujeres de Milán. Al tiempo también
que algunos referentes internacionales
como Women in Black,
Queer Nation, Act-Up y Guerrilla
Girls saltaban fronteras.

Los ‘90 fueron los años de una
doble crisis. De una parte, la del final
de un movimiento de masas cuya
lucha se había definido en torno
al “sujeto del movimiento Mujer”:
los intereses se diversifican, aparecen
nuevas temáticas, los grupos se
atomizan y se experimentan nuevos
modos de hacer. De otra parte,
la constatación de que el enunciado
de las diferencias no ha logrado
hacerse del todo con las dificultades
impuestas por el escenario global:
construcción de alianzas y redes
en el interior de una práctica de
la diversidad, ampliación de los
márgenes del activismo, respuesta
a nuevos dilemas que cruzan el género,
el sexo y las migraciones y
problematización de la lógica que
traduce las diferencias en mera
(in)diferencia.

Nuevas relaciones

El triunfo del capital hoy tiene que
ver, irónicamente, con el éxito de la
economía subjetiva del poder, capaz
de hacerse una con el cuerpo y el yo
individual. Domesticación del trabajo
y nuevas relaciones de servilismo
laboral, disciplina corporal y movilización
de los afectos y deseos, rearticulaciones
del patriarcado en términos
de una nueva división internacional
y sexual del trabajo, derivas
del racismo contemporáneo, condiciones
de precariedad e individualismo
en las ciudades globales, así
como una vida descubierta en su dimensión
de fragilidad e incertidumbre
existencial, dibujan un mapa de
cuestiones que oscilan entre la necesidad
de recuperar derechos básicos
perdidos a lo largo de las últimas
décadas y la oportunidad de reinventar
y potenciar nuevos modos de ser
para las mujeres.

Los feminismos del siglo XXI se
encuentran, por tanto, con la necesidad
de rescatar del mar de diferencias
del mundo una corriente subterránea
de lo común en tres sentidos:
en tanto que necesidad de recuperar
la vida como lugar de cuidado y encuentro
con los otros, y no como lugar
para el aislamiento y lo individual.

En segundo lugar, en tanto que
capacidad para nombrar y escuchar
malestares compartidos sin que eso
signifique anular la singularidad y
las diferencias. Y, por último, en
tanto necesidad de exigir derechos
en condiciones de igualdad en un
momento en el que una enorme
parte de la población mundial no
tiene acceso a las condiciones básicas
de existencia. Enfrentarse a este
triple desafío (interdependencia,
nombres comunes y derechos para
todas/os) significa, entre otras cosas,
mantener la tensión de una política
feminista viva instalada en la
crisis de las antiguas formas de organización
política y, a la vez, decidida
a enunciar en determinados
momentos problemas y situaciones
de índole colectiva y global.
El pasado 8 de marzo, la manifestación
multitudinaria, colorida y
alegre habla de una distancia cada
vez mayor entre un feminismo difuso
afirmado por miles de mujeres
y un movimiento enquistado en
viejas temáticas. Cómo reinventar
un territorio desde lo múltiple y las
diferencias y dibujar, al mismo
tiempo, afectaciones compartidas
es una gran incógnita, y por ello
también apasionante, para los nuevos
feminismos.

Críticas a la futura Ley del aborto
_ «Nosotras decidimos».
Como si no hubieran
pasado 30 años, este
grito llenó las pancartas
y los lemas del último
8 de marzo con motivo,
entre otras cuestiones,
de la reforma de la
legislación sobre la interrupción
voluntaria del
embarazo que está llevando
a cabo el Gobierno.
Varios colectivos
feministas (AMPLIA,
Asamblea Feminista,
Comisión de Investigación
de Malos Tratos,
Federación Mujeres
Jóvenes, Fórum de Política
Feminista y Nosotras
No Nos Resignamos)
y unas 250
mujeres se reunieron el
pasado 11 de marzo
con los partidos políticos
en el Congreso para
exponer su postura ante
el informe de la Subcomisión
parlamentaria
para la elaboración del
anteproyecto de ley. Sus
principales reivindicaciones
son: que la interrupción
voluntaria del
embarazo salga definitivamente
del Código
Penal y se garantice en
la red sanitaria pública,
que las 14 semanas de
plazo libre para abortar
se amplíen a 22 o 24,
que no haya período
máximo cuando la
causa del aborto sea el
riesgo para la salud de
la madre, que se reconozca
la autonomía en
las menores a partir de
los 16 años para decidir
sin autorización
externa, que se regule
la objeción de conciencia
de los sanitarios y
que se imparta educación
afectivo-sexual en
los currículos escolares.

----------

Miles de mujeres volvieron a tomar las calles
_ Como cada 8 de marzo,
miles de mujeres salieron a
las calles de numerosas
capitales y pueblos del
Estado español para reclamar
una igualdad con los
hombres que a día de hoy
dista mucho de ser efectiva
en mundos como el laboral
o el político. El aborto libre
y gratuito, el rechazo a las
intromisiones de la Iglesia
católica en la vida pública y
el combate contra la violencia
machista en todas sus
dimensiones volvieron a
actuar de leit motiv que
aglutinó a decenas de
colectivos de mujeres en
unos actos donde la crisis,
que se ceba especialmente
con las mujeres, estuvo
muy presente. Unas 5.000
mujeres marcharon el 8 de
marzo en Madrid y algo
menos lo hicieron en Barcelona
en un acto unitario.
Allí, la Policía disolvió con
violencia una manifestación
convocada por la Plataforma
Revolucionaria Antipatriarcal
que pretendía llegar
hasta la Plaza del Teatro.
En Galicia, las marchas fueron
más numerosas que en
años precedentes, mientras
que más de 2.000 mujeres
desfilaron en Sevilla y más
de 3.000 en Valencia. En
esta ciudad, informa Sergio
Gómez Ramos, desde hace
seis años la mascletá del
8 de marzo es dirigida por
una mujer para conmemorar
el Día Internacional de
la Mujer. Y desde hacía seis
años, la tradicional frase
que da inicio a la traca
desde el Ayuntamiento
(«Señor Pirotécnico, puede
empezar la mascletá»)
seguía reproduciéndose, a
pesar de que no era un
hombre su autor. Para
luchar contra el empleo del
lenguaje sexista y por la
visibilización de la mujer en
actos de tamaña magnitud,
son muchas las activistas
que han mostrado su
empeño para lograr que la
frase hiciera honor a la realidad.
Este 8 de marzo, gracias
a esa labor, se hizo por
fin justicia y Reyes Martí -la
única empresaria pirotécnica
a quien se permite participar
en las mascletás- fue
reconocida verdaderamente
como tal.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto