Desafíos actuales del feminismo

LAS OTRAS: LA PERIFERIA EXISTENTE

08/01/10 · 18:31

LAS OTRAS: LA PERIFERIA EXISTENTE

Ya en los ’60, las negras estadounidenses
denunciaron que la tercera
ola del feminismo se sustentaba en
blancas de clase media que se concebían
como sujeto feminista universal.
Frente al fundamentalismo
cultural que practican algunas exponentes
del feminismo de la igualdad,
antropólogas como Dolores
Juliano y grupos vinculados con la
diferencia se acercan a mujeres de
otras culturas con escucha y respeto.
Latinoamericanas como Ochy
Curiel claman por la descolonización
del feminismo y el protagonismo de
las mujeres de clases populares,
que a menudo no se consideran
feministas, en un movimiento que
supere el elitismo de clase media.
Los distintos grupos de la Red Mujeres
de Negro contra la Guerra, que
desde 1985 tejen alianzas entre
mujeres de diferentes países como
motor de prevención y resolución de
conflictos, han sido fundamentales
para urdir un feminismo que incluye
a las mujeres orientales y que trasciende
la noción de la cultura islámica
como intrínsecamente opresora
de las mujeres.

LA CRISIS DE LOS CIUDADANOS

Uno de los grandes aportes del feminismo
es nombrar la crisis global
como una crisis de los cuidados, de
las personas y del propio planeta.
De un lado, aumenta la pobreza y
hay un recorte de las condiciones
laborales y servicios públicos, a los
que se suma un envejecimiento de
la población y la incorporación masiva
de las mujeres al mercado laboral,
así como una ruptura de un
modelo de familia nuclear. De otro
lado, el cambio climático, la crisis
energética o la pérdida de biodiversidad
ponen en evidencia los límites
físicos de la atmósfera. Ante este
panorama, la economía feminista
y el ecofeminismo hablan con la
misma radicalidad: la estructura
patriarcal capitalista cuya prioridad
es el beneficio económico individual
no es compatible con las necesidades
de la vida. El reto del feminismo
es el reconocimiento y la redistribución
del trabajo de cuidados, que
históricamente ha sido asignado a
las mujeres. Un sistema público y
universal que atienda las necesidades,
o cómo decrecer con equidad,
son algunas reflexiones abiertas.


EL CUERPO POLÍTICO DEL FEMINISMO

Ya lo dijo Simone de Beauvoir
(en la imagen) hace
60 años: “No se nace
mujer: llega una a
serlo”. Sus herederas
gritaban en los ‘60: “La
biología no es destino”.
Si diferenciábamos lo
biológico –el cuerpo– de lo
construido –la cultura–, podíamos
escapar de aquella cárcel que
presuponía una identidad estereotípica
por el hecho de nacer con unos
determinados genitales. Si durante
años gran parte del feminismo se
apoyó en esa separación porque permitía
pensar en cambiar nuestro destino,
desde hace dos décadas el binomio
sexo/género ha hecho aguas. En
los márgenes del feminismo hay cuerpos
que ponen en cuestión
esa tranquilizadora división
–inter y transexuales,
transgéneros, chicazos,
señoritas con
bigote...–; que no se
conforman con el blanco
o el negro y juegan en
la amplia escala de grises;
que muestran con sus parodias
que feminidad o masculinidad no son
más que una ficción que adquiere vida
cuando la representamos... Entonces,
¿quién es el sujeto político del feminismo?,
¿se puede hablar de ‘mujeres’?
¿Quiénes se pueden/quieren considerar
mujeres? ¿No se corre el riesgo de
diluir ese sujeto político que nos une?
Ésta es una de las encrucijadas que
tomaron cuerpo en Granada.

LA VIOLENCIA DE GÉNERO

La violencia contra las
mujeres, también
llamada de género
o machista, ha
sido y sigue siendo
piedra angular
del debate y la
acción feminista.
Durante décadas las
organizaciones feministas
han luchado por visibilizarla y exigido
al Estado políticas y fondos para
apoyar a las mujeres que la sufren e
impulsar su recuperación. En 1997
se inició el cómputo de asesinadas
por violencia de género, que aún es
incompleto. En 2004, la Ley Integral
contra la Violencia de Género fue la
primera que promulgó el nuevo
gobierno socialista. Sin embargo,
diversos sectores la consideran
insuficiente y poco
ajustada a las necesidades
de las mujeres:
establece la denuncia
como condición para
acreditar la violencia en
un contexto en que sólo el
40% de las maltratadas
denuncia, y excluye a las inmigrantes
sin papeles, así como a las
víctimas de agresiones o abusos
sexuales, delitos que no entran en la
ley. Además, no contempla las agresiones
en relaciones esporádicas
por concebir la violencia de género
como la que infringe un hombre a su
compañera durante una relación de
pareja. Abogan por una lectura no
heterosexista y no victimizadora.


NUEVOS IMAGINARIOS Y OTRAS FORMAS DE PRODUCCIÓN CULTURAL

Videocreación, fotografía, literatura, pintura, cómic… Todas
las prácticas culturales son válidas para desestructurar un discurso
dominante heteropatriarcal. En las mesas redondas
sobre arte y en los trabajos artísticos que se presentaron en
Granada esto quedó patente. También que la performance, la
acción que bebe de las artes escénicas y plásticas para presentar
una situación desde un aquí y un ahora, se perfila en
este siglo como una poderosa expresión artística. Pero falta
permeabilidad entre prácticas culturales y movimientos feministas,
y también una crítica estructurada al propio sistema
del arte y la gestión cultural. ¿Qué diría una postura feminista
sobre los derechos de autor? ¿Sobre la propia idea de autor?

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